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Escenarios abiertos
En
la última columna de este año conviene hacer un balance político del
2011 que termina.
En primer lugar, hacia finales del año, dos fuentes
distintas, al menos, han confirmado una importante evolución electoral.
En efecto, tanto Luis Eduardo González como el estudio de opinión de
Doyenart han dejado planteado que el escenario electoral de 2014 no está
cerrado desde ya. El resultado futuro no es evidente. No es predecible.
El desgaste en el poder del Frente Amplio está haciendo mella. Por
primera vez en mucho tiempo, la izquierda pasa por debajo del umbral del
40% en la intención de voto y sus certezas, con un
Vázquez enigmático, se desvanecen. Está en nosotros pues, formular una
alternativa posible.
En segundo lugar, el Partido Nacional ha ganado en dinamismo. Por
primera vez en décadas, dirigentes relevantes que se habían ido a la
izquierda deciden emprender la vuelta a casa. Serán muchos o pocos: pero
el hecho en sí es un signo relevante y excepcional que hay que destacar.
También, el retiro de Lacalle de
la competencia presidencial abre un escenario novedoso en la interna del
sector mayoritario: lo moviliza, le aporta renovación y competencia.
Todo lo cual favorece, claro está, la perspectiva de apertura de
distintas opciones.
Finalmente, el
esfuerzo por generar una planificación estratégica tuvo cierta
traducción concreta que parece querer profesionalizar la tarea política.
Esto es fundamental y espero que no quede en
esfuerzos aislados. O sea: hay que disponer de medios económicos para
pagar buenos profesionales que se dediquen a estos temas y dejar de
pedir a los compañeros que “den una mano” en temas tan relevantes como
planificación, comunicación,
estrategia, etc. La modernización pasa por ahí: por tomárselo en serio.
En tercer lugar, el desgaste del gobierno ha sorprendido a propios y
extraños. Llama la atención, en efecto, las torpezas e impericias con
las que la izquierda maneja políticas públicas relevantes como
defensa, relaciones internacionales, salud, educación, vivienda,
seguridad, y finalmente también, política tributaria y hasta económica
en estas últimas semanas.
La sensación es que se está llegando al final de la fiesta de gastos y
acomodos. La situación internacional está cambiando, y todavía no queda
claro si eso repercutirá duramente en la economía doméstica ya en 2012 o
en 2013. Lo que sí está claro desde ya,
es que Mujica está cansando con su blablablá sin mayores concreciones:
es una especie de Jorge Batlle del 2000- 2001, pero sin crisis y del
lado izquierdo del espectro político.
Finalmente,
precisamos reflexionar con tranquilidad sobre algunos temas de fondo.
¿Para qué queremos una universidad pública en el interior, llena de
izquierdistas que vehiculizarán sus consignas, en tiempos de internet y
videoconferencias? ¿Qué propuestas hacer para mejorar el salario de los
más sumergidos y dejarnos de insistir con el problema del IRPF que atañe
a una franca minoría del país? ¿Cómo asegurar una lógica nacional de
partido con las tentaciones caudillistas feudales que se multiplican
entre nuestros dirigentes del interior y que nos lleva a complicadas
situaciones como la de la patente única?
Y last but not least: la mayoría relativa de la izquierda se sustenta en
su hegemonía cultural. Hay que apoyar las batallas de largo plazo que
convenzan a nuestra sociedad de que el latinoamericanismo a la Galeano,
la cultura a la Benedetti, el Estado luisbatllista prebendario, y el
regodearse en nuestro encierro de
isla provinciana, nos conducen por un camino que está muy lejos de la
prosperidad y el bienestar colectivos.
Allí en definitiva, en la construcción de nuestra identidad de futuro,
se juega el que valga la pena seguir viviendo en el Uruguay: que
aquellos integrados culturalmente al mundo no terminen prefiriendo irse
del país; y que aquellos que están marginados por una educación pública
de cuarta, logren encontrar caminos de esperanza y superación individual
y familiar.
Hay mucho por hacer en estos años. La tribuna de La Democracia, con su
amplitud y su libertad, colaborará en esa tarea. Y si Dios quiere, aquí
seguiremos estando. Salud y feliz 2012. Francisco Faig
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