
Esta salida de
La Democracia, nos encuentra con acumulación de graves hechos que
vemos impostergable analizar. A estar por la cronología, el primero
de ellos resulta el “surgimiento” del cuerpo (en un cuartel militar)
de un emblemático representante frenteamplista, como lo fue el
maestro Julio Castro. Sobre el caso, vamos a aventurarnos a no dar
el crédito que el gobierno necesita, amparados en la desconfianza
connatural a un pueblo, al que se le cambia la realidad, según
convenga al partido de gobierno.
Sobretodo si lo difundido es bastante insólito y sus protagonistas,
cada vez menos creíbles.
Decimos entonces, ¡qué acierto para la desgracia ha tenido la
izquierda, en hallar en un batallón, los restos óseos de un hombre
que muriera fusilado, pero que a la vez fuera connotado ideólogo y
maestro de esa fuerza política! justo, cuando recién habían abolido
la Ley de Caducidad, (mediante manejo legislativo de sus miembros,
con uso de mayorías absolutas), acción que fue censurada por toda la
oposición que, como pocas veces, hizo sentir la discrepancia.
El macabro hallazgo, viene como anillo al dedo, para dejar bien
parada a esta gente, en instancia que se mira recelosamente sus
actuaciones, mientras han quedado por el camino, las decisiones del
Soberano en dos oportunidades. El aparente mensaje suena claro: ¿Era
o no de recibo anular la ley? O “Véase qué injusticia podía haberse
cometido, de no seguir excavando en los cuarteles”. Si es verdad o
no lo es, nunca lo sabremos. Esas informaciones están al alcance de
pocos.
Otro punto muy oscuro para la mayoría de nosotros, tiene que ver con
el dictamen, que libró de sospechas especialmente a Mariano Arana y
María Julia Muñoz, declarándoseles incapaces (por lo menos de darse
cuenta) del paso de una manada de elefantes rosados. Y si estuvieron
tan ausentes, en su misión, (amén de las faltas que por omisión nos
hicieron perder 15 millones de dólares), ¿qué otras igualmente
graves y dilatadas cometieron? Tampoco hay respuestas.
Sobre la decisión de la juez actuante, muchos cuchicheos, pero
ningún argumento de los expresados en secreto. Silencio general,
fundamentalmente, porque está la Justicia de por medio y todos somos
responsables.
El culebrón, pese su complejidad, no terminó allí. A último momento,
dio otro giro más desopilante. El Fiscal que había formulado la
acusación pidiendo prisión por varios delitos a los ex ministros de
Vázquez, anunció una apelación con “suficientes pruebas de
incriminación” según se supo. Pero, sucedió lo más inesperado: el
hombre llegó tarde a la presentación del escrito, instancia en la
que se jugaba todo su prestigio profesional. Motivo por el cual, la
Magistrada decidió el archivo de las actuaciones –sin siquiera
verlas- por extemporáneas.
La tercera y también sonora noticia, involucra al Presidente José
Mujica.
El mandatario estaba en Venezuela, en ocasión de concretarse allí la
reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).
Habiendo sentido frío, -según el Canciller Almagro- se calzó la
chaqueta militar que usa habitualmente el presidente Hugo Chávez y
la paseó por todo el foro, al tiempo que conversaba con otros
mandatarios. Llegado a este nivel de insidia, tanto del presidente,
como su representante diplomático, tenemos derecho a desconfiar de
alguna maniobra, que causó la decisión del disfraz cuestionado.
Muy
probablemente, Chávez le haya pedido al Pepe, que encarnara una
demostración fuerte a efectos de evidenciar al “gigante del Norte”,
que, en caso de que tome la fuerza requerida el nuevo organismo
“patriagrandista” o CELAC, estaremos todos en pie de guerra
enfrentados al Imperio. Y Mujica, se habría vestido gustoso para la
ocasión.
Es posible también que haya subido al tapete, alguna deuda de las
muchas que debemos tener con el Papá Noel sudamericano, ya sea de
casas prefabricadas, o parte del botín que recalara en estas
tierras, acarreado por Antonini u otro personero del Hugo.
Uno se pregunta si alguno de estos actores, guarda el debido respeto
para con sus pueblos y actúa en consecuencia. Por supuesto que no.
De Chávez, ya sabemos, juega a la escondida con el destino de los
venezolanos, alterando el diagnóstico de la enfermedad que le
aqueja, a la que reconoció como muy grave oportunamente. Ahora dice
que está curado.¿Tienen aquellos ciudadanos argumentos para creer en
los dichos del presidente?
Salvando el personalismo del caribeño, guardamos gran parecido con
el disparatarlo que soportamos. Hay un espacio insondable entre lo
que se dice desde el oficialismo y lo que se comprueba. En este
tema, la mayor parte de los dirigentes de oposición, acusaron a
Mujica de agraviar las armas nacionales, usando el uniforme de un
ejército extranjero.
Al preguntar (al único que encontraron los periodistas, el señor
Breccia) en torno al motivo que llevó al Presidente al uso de la
casaca, respondió que “no hay que Tinellizar” la política uruguaya”.
El término se usa -aunque no hubiera sido el indicado- para que un
secretario de la Presidencia definiera la actitud, tan de primera
plana como errática, del primer ciudadano del país.
Lo cierto es que
-a tantos días del suceso-.nadie desmintió ni afirmó nada. Por eso,
no hay por qué suponer inocencias o culpabilidades decretadas por
este régimen. Ni estar a favor o en contra de decisiones, cuyo
contexto ignoramos. O dar crédito a la palabra -gestos o actos- de
jerarquías del entorno. Estamos en una gran nebulosa.
Es lo único claro.
Raquel
Trobo

