Columnistas  9/12/11 - Nº 106

   ¿Por qué creer?     

Raquel Trobo

Esta salida de La Democracia, nos encuentra con acumulación de graves hechos que vemos impostergable analizar. A estar por la cronología, el primero de ellos resulta el “surgimiento” del cuerpo (en un cuartel militar) de un emblemático representante frenteamplista, como lo fue el maestro Julio Castro. Sobre el caso, vamos a aventurarnos a no dar el crédito que el gobierno necesita, amparados en la desconfianza connatural a un pueblo, al que se le cambia la realidad, según convenga al partido de gobierno.
Sobretodo si lo difundido es bastante insólito y sus protagonistas, cada vez menos creíbles.


Decimos entonces, ¡qué acierto para la desgracia ha tenido la izquierda, en hallar en un batallón, los restos óseos de un hombre que muriera fusilado, pero que a la vez fuera connotado ideólogo y maestro de esa fuerza política! justo, cuando recién habían abolido la Ley de Caducidad, (mediante manejo legislativo de sus miembros, con uso de mayorías absolutas), acción que fue censurada por toda la oposición que, como pocas veces, hizo sentir la discrepancia.


El macabro hallazgo, viene como anillo al dedo, para dejar bien parada a esta gente, en instancia que se mira recelosamente sus actuaciones, mientras han quedado por el camino, las decisiones del Soberano en dos oportunidades. El aparente mensaje suena claro: ¿Era o no de recibo anular la ley? O “Véase qué injusticia podía haberse cometido, de no seguir excavando en los cuarteles”. Si es verdad o no lo es, nunca lo sabremos. Esas informaciones están al alcance de pocos.


Otro punto muy oscuro para la mayoría de nosotros, tiene que ver con el dictamen, que libró de sospechas especialmente a Mariano Arana y María Julia Muñoz, declarándoseles incapaces (por lo menos de darse cuenta) del paso de una manada de elefantes rosados. Y si estuvieron tan ausentes, en su misión, (amén de las faltas que por omisión nos hicieron perder 15 millones de dólares), ¿qué otras igualmente graves y dilatadas cometieron? Tampoco hay respuestas.


Sobre la decisión de la juez actuante, muchos cuchicheos, pero ningún argumento de los expresados en secreto. Silencio general, fundamentalmente, porque está la Justicia de por medio y todos somos responsables.


El culebrón, pese su complejidad, no terminó allí. A último momento, dio otro giro más desopilante. El Fiscal que había formulado la acusación pidiendo prisión por varios delitos a los ex ministros de Vázquez, anunció una apelación con “suficientes pruebas de incriminación” según se supo. Pero, sucedió lo más inesperado: el hombre llegó tarde a la presentación del escrito, instancia en la que se jugaba todo su prestigio profesional. Motivo por el cual, la Magistrada decidió el archivo de las actuaciones –sin siquiera verlas- por extemporáneas.
La tercera y también sonora noticia, involucra al Presidente José Mujica.


El mandatario estaba en Venezuela, en ocasión de concretarse allí la reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Habiendo sentido frío, -según el Canciller Almagro- se calzó la chaqueta militar que usa habitualmente el presidente Hugo Chávez y la paseó por todo el foro, al tiempo que conversaba con otros mandatarios. Llegado a este nivel de insidia, tanto del presidente, como su representante diplomático, tenemos derecho a desconfiar de alguna maniobra, que causó la decisión del disfraz cuestionado.

 

Muy probablemente, Chávez le haya pedido al Pepe, que encarnara una demostración fuerte a efectos de evidenciar al “gigante del Norte”, que, en caso de que tome la fuerza requerida el nuevo organismo “patriagrandista” o CELAC, estaremos todos en pie de guerra enfrentados al Imperio. Y Mujica, se habría vestido gustoso para la ocasión.


Es posible también que haya subido al tapete, alguna deuda de las muchas que debemos tener con el Papá Noel sudamericano, ya sea de casas prefabricadas, o parte del botín que recalara en estas tierras, acarreado por Antonini u otro personero del Hugo.
Uno se pregunta si alguno de estos actores, guarda el debido respeto para con sus pueblos y actúa en consecuencia. Por supuesto que no.


De Chávez, ya sabemos, juega a la escondida con el destino de los venezolanos, alterando el diagnóstico de la enfermedad que le aqueja, a la que reconoció como muy grave oportunamente. Ahora dice que está curado.¿Tienen aquellos ciudadanos argumentos para creer en los dichos del presidente?


Salvando el personalismo del caribeño, guardamos gran parecido con el disparatarlo que soportamos. Hay un espacio insondable entre lo que se dice desde el oficialismo y lo que se comprueba. En este tema, la mayor parte de los dirigentes de oposición, acusaron a Mujica de agraviar las armas nacionales, usando el uniforme de un ejército extranjero.


Al preguntar (al único que encontraron los periodistas, el señor Breccia) en torno al motivo que llevó al Presidente al uso de la casaca, respondió que “no hay que Tinellizar” la política uruguaya”. El término se usa -aunque no hubiera sido el indicado- para que un secretario de la Presidencia definiera la actitud, tan de primera plana como errática, del primer ciudadano del país.

 

Lo cierto es que -a tantos días del suceso-.nadie desmintió ni afirmó nada. Por eso, no hay por qué suponer inocencias o culpabilidades decretadas por este régimen. Ni estar a favor o en contra de decisiones, cuyo contexto ignoramos. O dar crédito a la palabra -gestos o actos- de jerarquías del entorno. Estamos en una gran nebulosa.
Es lo único claro.
 Raquel Trobo

  

 

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