Columnistas 27/4/12 - Nº 112                         

Es indispensable y urgente un

gran acuerdo nacional sobre imputabilidadRodolfo Canabal

La cuestión relativa a si es necesario rebajar la edad de la imputabilidad penal que el Código de 1934 fijó a partir de los dieciocho años es necesario que sea nuevamente analizada en esta columna, porque, además de ser algo que con frecuencia se ubica en el primer plano de los comentarios, a su respecto se ha dado en fecha reciente un hecho de verdadera trascendencia: la presentación de más de trescientas sesenta mil firmas en apoyo de la promoción de una consulta plebiscitaria que, en lo sustancial, propone que dicha edad sea rebajada a los 16 años.

Tal es la iniciativa del Partido Colorado, propuesta por el sector Vamos Uruguay, apoyada por el Sector Unidad Nacional del Partido nacional, que sería plebiscitada en las elecciones nacionales de 2014, y que plantea reformar normas de la Constitución.

Se ha de analizar sucintamente dicha iniciativa sobre la base de la nota inserta en esta columna el 11 de noviembre de 2011.

Corresponde en primer término señalar que la norma precitada del Código Penal ya no está en vigencia, porque el Código de la Niñez y la Adolescencia, aprobado por la ley Nº 17.823, de 7 de setiembre de 2004, ya había creado en tal materia una reforma ciertamente importante al disponer (artº 1º) entre otras normas, lo siguiente: que tal Código es aplicable a los menores de dieciocho años, distinguir como niños a quienes no tengan más de trece años y como adolescentes a los mayores de trece y menores de dieciocho años, y finalmente al disponer (artº 65) que los jueces letrados de menores actuarán, en primera instancia, en los casos de infracciones penales cometidas por adolescentes.

Ello significó muy precisamente, para los adolescentes (o sea, se reitera, los menores entre 14 y 17 años) la rebaja de la edad de la imputabilidad. No es por tanto tal rebaja algo pendiente: está en vigor desde 2004; pero las penas que dicho Código establece para los adolescentes son inferiores a las que rigen para quienes incurren en infracciones penales y tienen más de 18 años, pues se redujo su máximo a cinco años de privación de libertad; además se aplican a través de un régimen procesal que no es adecuado para el juzgamiento eficaz de aquellos que incurren en infracciones a la ley penal.

Con respecto a que el límite máximo de las penas no es el pertinente en muchos casos graves, y a que las normas procesales no son las más adecuadas para la eficacia del régimen, existe coincidencia en general entre magistrados y profesionales, lo cual ha dado lugar a que desde hace ya bastante tiempo se reclame mejorar sustancialmente tales disposiciones.

El proyecto de reforma por vía de plebiscito, al cual corresponden las firmas entregadas días atrás a la Asamblea General, actualmente en la Corte Electoral para realizar su revisación y conteo, propone en lo que es sustancial lo siguiente: “las personas mayores de dieciséis y menores de dieciocho años serán penalmente responsables, y serán castigados de conformidad con las disposiciones del Código Penal” “por la comisión intencional de los delitos de homicidio, homicidio especialmente agravado, homicidio muy especialmente agravado, lesiones graves, lesiones gravísimas, rapiña con privación de libertad (copamiento), extorsión, secuestro y violación, así como por los demás delitos que indique la ley”. El inciso siguiente agrega que el Tribunal en procedimientos seguidos a menores de dieciocho años podrá admitir como eximente o atenuante la ausencia de madurez o discernimiento.

Los antecedentes no se destruirán (esto ya fue aprobado ulteriormente por ley) y los delitos con intervención de menores y adolescentes serán especialmente castigados.

Por otra disposición se propone crear un servicio descentralizado exclusivamente dedicado a internación y rehabilitación de delincuentes menores de dieciocho años, lo cual también por ley posterior ya se ha aprobado al crearse el Sirpa.

Lo expuesto, se reitera, quiere decir que tal iniciativa por vía de plebiscito propone fórmulas que en ciertos aspectos ya están en vigor por vía de la ley, pues la imputabilidad hoy rige desde los 14 a los 17 años. Pero las limitaciones que el Código vigente de la Niñez y la Adolescencia creó a través del máximo de la pena, y de normas de índole procesal inadecuadas, no han dado el resultado que se tenía derecho a esperar.

Por tanto, lo que se propone plebiscitar en 2014, si bien en algún aspecto sería mejor que lo vigente, aunque no existe al respecto coincidencia sobre el límite de las edades respectivas, y en parte fue legalmente aprobado según se ha señalado, no es sin duda conveniente que se apruebe por la vía propuesta, vale decir, por reforma de la Constitución, pues en puridad son cuestiones que es preferible que sigan estando reguladas por vía de la ley formal; a ello cabe agregar que las diferencias precitadas  seguramente darían lugar a controversias no ciertamente deseables, a lo que es menester agregar que las deficiencias procesales no se corrigen y que especialistas en la materia consideran que el máximo de las penas que se aplicarían a los menores entre 16 y 17 años debe ser inferior al que corresponde a los infractores mayores a 18 años.

Pero lo más importante al respecto es que tratándose de cuestiones acerca de las cuales lo verdaderamente importante es que se requieren mejoras que son indispensables, lo deseable y urgente es que los partidos políticos al respecto dejen a un lado preocupaciones meramente políticas, al margen de su legitimidad, que no incidan en cuestión tan importante, y busquen grandes y duraderos acuerdos que tengan la finalidad de crear fórmulas adecuadas para dar solución, y por tanto poner fin, a los graves problemas que fórmulas legales inadecuadas contribuyeron a crear.

En lo que estrictamente refiere a nuestra colectividad política, además, una solución por tal vía contribuiría a evitar que la disidencia sobre la reforma propuesta por vía de plebiscito incida en forma desfavorable sobre el buen relacionamiento partidario, aunque ella sea totalmente ajena a la actual excelente relación partidaria.     Rodolfo Canabal
 
 

 

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