40 años de un maridaje secreto que comenzó en el
Batallón Florida
en 1971 y continúa hasta el presente.
El Batallón Florida guarda secretos impenetrables. Militares y tupamaros parecen
dispuestos a llevarse a la tumba los detalles de sus actividades conjuntas, su
coordinación y su extraña y casi incomprensible relación de amor – odio que
comenzó en aquella dependencia del Ejército, por lo menos dos años antes del
golpe de estado de 1973.
Álvaro Alfonso, periodista y escritor que actualmente también se desempeña como
Alcalde de Aguas Corrientes, acaba de publicar “Los dos Demonios” (Editorial
Planeta); 300, páginas de entrevistas y testimonios que al tiempo que arrojan
luz sobre la historia reciente, abren nuevas interrogantes.
Alfonso afirma que “todo esto tenía el aval de los generales Esteban Cristi
(Jefe de la División de Ejército 1) y Gregorio Álvarez (Jefe del Estado Mayor
Conjunto)”. Y agrega datos como que “Raúl Sendic, que en ese momento estaba en
la clandestinidad, entraba y salía del Batallón Florida. Se supone que para
negociar.” Y que “los otros cabecillas que estaban presos en el batallón Florida
salían a la calle con los militares a trabajar” (en tareas de inteligencia).
Por Aníbal Steffen
En febrero de 1973 cuando se produce la primera irrupción
militar en el país, ¿los tupamaros creyeron que se venía un golpe de izquierda
como el de Velasco Alvarado en Perú?
Principalmente
los comunistas. Los tupas estaban presos en ese momento. Pero, el resto de la
izquierda… Seregni, Michelini, Partido Socialista, Vivián Trías, Horacio Terra,
todos compraron esa historia con excepción de Quijano, Herro, Cores, Héctor
Rodríguez, Sassano, Gatti y alguno más.
Una de las afirmaciones más llamativas del libro es que
los tupamaros mantuvieron negociaciones con los militares desde antes del golpe
de Estado, durante la dictadura, y en democracia continuaron coordinando
acciones con las Fuerza Armadas. ¿Cómo se explica eso?
Los contactos, que no son orgánicos, están cumpliendo 40 años. Se iniciaron en
el Batallón Florida.
En aquel momento, los cabecillas tupamaros convencieron a un grupo de capitanes
para investigar eventuales ilícitos económicos que podían involucrar a
dirigentes de los partidos tradicionales o integrantes de los que llamaban la
burguesía nacional.
Trabajaron durante varias semanas y se formaron hasta carpetas…
¿En qué año ocurría eso?
En 1972. Todo esto tenía el aval de los generales Esteban Cristi
(Jefe de la División de Ejército 1) y Gregorio Álvarez (Jefe del Estado Mayor
Conjunto). En ese momento –está incluso en las actas parlamentarias- se hablo de
la famosa tregua.
Fue una tregua entre comillas porque sólo existió en la División de Ejército 1,
con asiento en Montevideo.
¿Y en el resto de las dependencias militares?
Era ignorada. En las otras Divisiones del Ejército, e incluso en unidades
militares de la propia División de Ejército 1, no existía.
Es más, cuando eran detenidos algunos tupamaros que tenían conocimiento de la
tregua y “se la iban a dar”, decían “pará, pará, si estamos en una tregua”.
Y los militares les contestaban “¿de qué tregua me hablás?, cantá todo lo que
sabés”.
La llamada tregua, apuntaba a la investigación de delitos económicos y a la
entrega de las armas por parte de los tupamaros. Incluso se habló, y se
escribió, los principales estarían dos años más presos, la libertad para el
resto y la expropiación de miles de hectáreas de campo, especialmente en Bella
Unión, para que las trabajaran los tupamaros.
¿Y por qué fracasó?
Supuestamente Gregorio Álvarez y Esteban Cristi se apersonan al entonces
presidente Juan María Bordaberry y le dicen que está todo arreglado con los
tupamaros. Y, esto está en el libro contado por el propio Bordaberry, la
respuesta del presidente fue que no habría ningún arreglo y que los tupamaros
debían entregar las armas y marchar todos presos.
Yo creo que todo esto fue una cama de los militares para medirle el aceite a los
tupamaros y ver qué fuerza real tenían.
Hay dos documentos militares del 9 de septiembre de 1971, cuando el sistema
político llama a las Fuerzas Armadas a intervenir contra la guerrilla, que
revela las intenciones.
Allí se habla de tres faces. Primero la destrucción del aparato militar del MLN,
después reestablecer el orden interno, y por último encarar los planes de
desarrollo del país. Es decir, por último convertirse en gobernantes.
Es un poco lo que estuvo denunciando Amílcar Vasconcellos.
¿En esos planes qué papel jugaba la tregua?
Servía
para obtener información. Hay cosas muy difíciles de explicar. El propio Raúl
Sendic, que en ese momento estaba en la clandestinidad, ingresaba al Batallón
Florida. Se supone que para negociar.
Al salir, le decían: “en una hora volvemos a ser enemigos”. Le daban esa hora
para volver a la clandestinidad.
Como ese episodio, hay otros más. Los propios cabecillas que estaban presos en
el batallón Florida salían a la calle con los militares a trabajar.
Entonces, ¿según tus investigaciones, había militares que
ya tenían resuelto dar un golpe de Estado y en su preparación usaron, entre
otros elementos, la información que recogían de los tupamaros?
En ese momento ya era claro que había un avance del militarismo. Después viene
la prisión de Jorge Batlle, quien habla de estas conversaciones en octubre de
1972. Y en febrero de 1973, el sistema político les dejó la cama tendida.
Los militares emitieron los famosos comunicados 4 y 7 que despertaron el
beneplácito, especialmente entre sectores de izquierda, jugados al peruanismo.
Pero el peruanismo, dentro del Frente Amplio, no se manifestó en febrero de
1973. Viene de antes.
En marzo del 72, cuando se debate en el Parlamento la autorización para que el
Presidente Jorge Pacheco Areco viajara al exterior, se habló del tema.
En una acalorada sesión del parlamento que duró más de 20 horas, Jaime Pérez
habló loas de los militares peruanos, tirando un centro por elevación a los
militares uruguayos.
Y cuando terminó la intervención de Jaime Pérez, Zelmar Michelini remarcó que la
dictadura peruana había llevado adelante medidas supuestamente de izquierda “sin
presos políticos”.
¿Realmente había militares peruanistas?
No. Esa es una historia que se comieron los dirigentes del FrenteAmplio; un
verso que les metieron los militares. Incluso los comunistas siguieron hasta
1974 o 1975 hablando loas de Gregorio Álvarez.
Es más, en el exterior, se hablaba hasta 1980, que Álvarez era el hombre para la
salida, cuando se mencionaba la posibilidad de que fuera Presidente de la
República.
Hay un dato muy interesante: Gregorio Álvarez, como Jefe del ESMACO, (1971) se
reunía con dirigentes de izquierda y con miembros de la CNT, en el propio ESMACO.
En el libro relato que le daba la orden a sus ayudantes para que se fueran, para
que no vieran quiénes iban a hablar con él.
Esos mismos dirigentes de izquierda y de la CNT, mantenían reuniones con el
Coronel Trabal en la sede de la Inteligencia del Ejército.
Demos un salto en el tiempo. En 1985 se restablece la
democracia. Los tupamaros que ya debían haberse dado cuenta que fueron
utilizados por los militares y que además le debían su liberación al sistema
político, ¿por qué mantienen el entendimiento con los militares?
Cuando se restablece la democracia había un fundado temor en el sistema político
de que se pudiera reeditar el enfrentamiento armado.
Producto de eso, todos los servicios de inteligencia comenzaron a seguir a los
cabecillas tupamaros, porque éstos no dieron una clara señal de que no volverían
a tomar las armas y se pasaban mensajes subliminales en las mateadas sobre ese
tema.
Toda la inteligencia militar, con o sin el aval político muchas veces, hicieron
un permanente seguimiento de los movimientos de los tupamaros.
En el libro está claramente demostrado que hicieron un relevamiento de todas las
chacras que supuestamente eran propiedad del MLN o de miembros del movimiento.
Esa actividad de contralor o vigilancia de la inteligencia
militar era esperable. Para eso existe en todo el mundo…
Si pero además estaban buscando un aparato armado, porque los militares
sostienen que nunca cayeron todas las armas del MLN.
Entiendo la actividad de la inteligencia militar. Lo que
pregunto es ¿por qué los tupamaros mantuvieron la coordinación con los mismos
militares que los vigilaban?
Tanto
los militares como los tupamaros querían evitar ese eventual enfrentamiento. Po
eso comenzaron a reeditarse las conversaciones que iniciaron en 1972.
Después, con el paso del tiempo, ya los militares apuntaban a otra cosa. Veían
que el MLN era una opción de poder o de gobierno.
Insisto en que la actitud militar es más comprensible.
Pero ¿qué explicación tiene la actitud de los tupamaros?
Yo le llamo en el libro una versión uruguaya del síndrome de Estocolmo. Aquel
episodio en que la secuestrada se enamora del secuestrador y después no quiere
declarar contra él. Esto es algo parecido.
Además tienen pactos ocultos entre ellos, que llaman la atención. Por ejemplo,
nadie cuenta lo que pasó en el Batallón Florida en el año 1972. Creo que allí
está el meollo de toda la situación.
A mi me decían que tenía que tener el aval del tupa y del militar que
participaron de un episodio. Sin el visto bueno de ambos no podía mencionar la
fuente que me contaba la historia. Tenía que tener el aval de los dos.
¿Eso dejó sin respuesta muchas de tus preguntas?
Si.
Por eso en el libro dejo escritas muchas preguntas. Por ejemplo ¿Cómo fue
detenido Mujica? ¿Quién entregó la información para que fuera apresado? ¿Fue
alguien de su entorno? ¿Qué portaba en ese momento en hoy presidente de la
República? ¿Cómo y a donde salían los tupamaros presos al exterior del Batallón
Florida acompañados de oficiales militares y volvían a reingresar luego de
obtener determinada información para las carpetas sobre los llamados ilícitos
económicos? ¿Qué hacía allí Amodio Pérez y su compañera Alicia Rey Morales? ¿Los
cabecillas tupamaros fueron torturados en esa unidad? ¿Conversaban diariamente
como si estuvieran en rueda de café? ¿Salían en vehículos militares y
particulares y paraban en boliches o bares de la capital a tomar un refrigerio?
¿No conseguiste que nadie te respondiera esas preguntas?
Si. Me contaron casi todo pero con la condición de que nadie da el nombre. O
sea, no tengo fuente responsable que se haga cargo de la respuesta, pese a que
los testimonios de las personas que participaron en esos episodios coinciden
milimétricamente.
¿O sea que esas respuestas no las publicas?
No,
sin fuente responsable, imposible. Cualquiera puede desmentirme. Sin embargo los
testimonios coinciden en lo que realmente pasó.
¿Quiénes participaban de los entendimientos que se
registran ya en democracia?
Básicamente por el MLN, participó el actual presidente Mujica, el actual
ministro de defensa Fernández Huidobro, Marenales, Zabalza, y algún otro
dirigente menos conocido.
En cuanto a los militares, fueron decenas los que participaron por una u otra
razón.
Es muy llamativo, por ejemplo, que José “Nino” Gavazzo mantuvo una conversación
con los tupamaros a pedido del mando superior de las fuerzas armadas. Una larga
reunión, cuando ya se estaba hablando del tema de los desaparecidos.
Gavazzo, en el libro, dice que los tupamaros, y hace la salvedad “sólo ellos”,
siempre cumplieron la palabra empeñada.
¿No crees que hay derecho a pensar que toda o parte de la
información que las organizaciones de derechos humanos reclaman a los militares
y que éstos ocultan, los tupamaros la conocen?
Eso es
verdad. Los tupamaros son los que saben más de las Fuerzas Armadas. Fernández
Huidobro debe ser el único Ministro de Defensa que sabe de qué está hablando,
porque conoce a los militares hace 40 años.
Tal vez allí haya una explicación a muchas cosas. Quizás hoy los militares están
consiguiendo muchas más cosas con Fernández Huidobro, que lo que conseguían con
ministros de los partidos tradicionales.
Volviendo a las revelaciones del libro, ¿el teléfono rojo
que existiría entre los militares y los tupamaros es una expresión metafórica?
Es un término que utilizaron ellos. Incluso el propio Ministro de Defensa
Nacional, un par de mese atrás, cuando surgió este tema en los medios de
comunicación, dijo que había un teléfono rojo. Es decir, una línea directa entre
militares y tupamaros.
¿Y para que se usaba o se usa ese teléfono rojo rojo?
Inicialmente tenía carácter preventivo. Para avisarse si había algún problema
interno en cada lado. Que alguien pudiera hacer una barbaridad desde cualquiera
de los lados.
Pero, a partir del 1990 y hasta el 2000 (si bien después sigue) en esos 10 años
hubo coordinación realmente importante, incluso en temas de Estado.
Los tupamaros ayudaron a la policía para la seguridad de Fidel Castro cuando
estuvo en Montevideo en 1995.
Cuando la visita del Rey de España en 1996, hubo una reunión de los servicios
secretos españoles y los militares uruguayos a la que éstos llevaron a los
tupamaros para asegurarles que no iban a atentar contra el Rey Juan Carlos pese
a su amistad y colaboración con la ETA.
Y como producto de que efectivamente no pasó nada, los servicios secretos
españoles le pidieron a los tupamaros que hicieran una mediación entre la ETA y
el reino de España.
Fernández Huidobro viaja a Europa y, durante el mundial de Francia, en 1998, se
concreta una tregua, producto de la gestión de los tupamaros.