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Entrevistas 11/05/12 - Nº 113                                                     

 

Entrevista con Álvaro Alfonso

El contubernio histórico entre

los militares golpistas y los tupamaros

 

40 años de un maridaje secreto que comenzó en el Batallón Florida

en 1971 y continúa hasta el presente.

 

 

El Batallón Florida guarda secretos impenetrables. Militares y tupamaros parecen dispuestos a llevarse a la tumba los detalles de sus actividades conjuntas, su coordinación y su extraña y casi incomprensible relación de amor – odio que comenzó en aquella dependencia del Ejército, por lo menos dos años antes del golpe de estado de 1973.
Álvaro Alfonso, periodista y escritor que actualmente también se desempeña como Alcalde de Aguas Corrientes, acaba de publicar “Los dos Demonios” (Editorial Planeta); 300, páginas de entrevistas y testimonios que al tiempo que arrojan luz sobre la historia reciente, abren nuevas interrogantes.
Alfonso afirma que “todo esto tenía el aval de los generales Esteban Cristi (Jefe de la División de Ejército 1) y Gregorio Álvarez (Jefe del Estado Mayor Conjunto)”. Y agrega datos como que “Raúl Sendic, que en ese momento estaba en la clandestinidad, entraba y salía del Batallón Florida. Se supone que para negociar.” Y que “los otros cabecillas que estaban presos en el batallón Florida salían a la calle con los militares a trabajar” (en tareas de inteligencia).

 
Por Aníbal Steffen


En febrero de 1973 cuando se produce la primera irrupción militar en el país, ¿los tupamaros creyeron que se venía un golpe de izquierda como el de Velasco Alvarado en Perú?

Principalmente los comunistas. Los tupas estaban presos en ese momento. Pero, el resto de la izquierda… Seregni, Michelini, Partido Socialista, Vivián Trías, Horacio Terra, todos compraron esa historia con excepción de Quijano, Herro, Cores, Héctor Rodríguez, Sassano, Gatti y alguno más.

Una de las afirmaciones más llamativas del libro es que los tupamaros mantuvieron negociaciones con los militares desde antes del golpe de Estado, durante la dictadura, y en democracia continuaron coordinando acciones con las Fuerza Armadas. ¿Cómo se explica eso?

Los contactos, que no son orgánicos, están cumpliendo 40 años. Se iniciaron en el Batallón Florida.
En aquel momento, los cabecillas tupamaros convencieron a un grupo de capitanes para investigar eventuales ilícitos económicos que podían involucrar a dirigentes de los partidos tradicionales o integrantes de los que llamaban la burguesía nacional.
Trabajaron durante varias semanas y se formaron hasta carpetas…

¿En qué año ocurría eso?

En 1972. Todo esto tenía el aval de los generales Esteban Cristi (Jefe de la División de Ejército 1) y Gregorio Álvarez (Jefe del Estado Mayor Conjunto). En ese momento –está incluso en las actas parlamentarias- se hablo de la famosa tregua.
Fue una tregua entre comillas porque sólo existió en la División de Ejército 1, con asiento en Montevideo.

¿Y en el resto de las dependencias militares?

Era ignorada. En las otras Divisiones del Ejército, e incluso en unidades militares de la propia División de Ejército 1, no existía.
Es más, cuando eran detenidos algunos tupamaros que tenían conocimiento de la tregua y “se la iban a dar”, decían “pará, pará, si estamos en una tregua”.
Y los militares les contestaban “¿de qué tregua me hablás?, cantá todo lo que sabés”.
La llamada tregua, apuntaba a la investigación de delitos económicos y a la entrega de las armas por parte de los tupamaros. Incluso se habló, y se escribió, los principales estarían dos años más presos, la libertad para el resto y la expropiación de miles de hectáreas de campo, especialmente en Bella Unión, para que las trabajaran los tupamaros.

¿Y por qué fracasó?

Supuestamente Gregorio Álvarez y Esteban Cristi se apersonan al entonces presidente Juan María Bordaberry y le dicen que está todo arreglado con los tupamaros. Y, esto está en el libro contado por el propio Bordaberry, la respuesta del presidente fue que no habría ningún arreglo y que los tupamaros debían entregar las armas y marchar todos presos.
Yo creo que todo esto fue una cama de los militares para medirle el aceite a los tupamaros y ver qué fuerza real tenían.
Hay dos documentos militares del 9 de septiembre de 1971, cuando el sistema político llama a las Fuerzas Armadas a intervenir contra la guerrilla, que revela las intenciones.
Allí se habla de tres faces. Primero la destrucción del aparato militar del MLN, después reestablecer el orden interno, y por último encarar los planes de desarrollo del país. Es decir, por último convertirse en gobernantes.
Es un poco lo que estuvo denunciando Amílcar Vasconcellos.

¿En esos planes qué papel jugaba la tregua?

Servía para obtener información. Hay cosas muy difíciles de explicar. El propio Raúl Sendic, que en ese momento estaba en la clandestinidad, ingresaba al Batallón Florida. Se supone que para negociar.
Al salir, le decían: “en una hora volvemos a ser enemigos”. Le daban esa hora para volver a la clandestinidad.
Como ese episodio, hay otros más. Los propios cabecillas que estaban presos en el batallón Florida salían a la calle con los militares a trabajar.

Entonces, ¿según tus investigaciones, había militares que ya tenían resuelto dar un golpe de Estado y en su preparación usaron, entre otros elementos, la información que recogían de los tupamaros?

En ese momento ya era claro que había un avance del militarismo. Después viene la prisión de Jorge Batlle, quien habla de estas conversaciones en octubre de 1972. Y en febrero de 1973, el sistema político les dejó la cama tendida.
Los militares emitieron los famosos comunicados 4 y 7 que despertaron el beneplácito, especialmente entre sectores de izquierda, jugados al peruanismo.
Pero el peruanismo, dentro del Frente Amplio, no se manifestó en febrero de 1973. Viene de antes.
En marzo del 72, cuando se debate en el Parlamento la autorización para que el Presidente Jorge Pacheco Areco viajara al exterior, se habló del tema.
En una acalorada sesión del parlamento que duró más de 20 horas, Jaime Pérez habló loas de los militares peruanos, tirando un centro por elevación a los militares uruguayos.
Y cuando terminó la intervención de Jaime Pérez, Zelmar Michelini remarcó que la dictadura peruana había llevado adelante medidas supuestamente de izquierda “sin presos políticos”.

¿Realmente había militares peruanistas?

No. Esa es una historia que se comieron los dirigentes del FrenteAmplio; un verso que les metieron los militares. Incluso los comunistas siguieron hasta 1974 o 1975 hablando loas de Gregorio Álvarez.
Es más, en el exterior, se hablaba hasta 1980, que Álvarez era el hombre para la salida, cuando se mencionaba la posibilidad de que fuera Presidente de la República.
Hay un dato muy interesante: Gregorio Álvarez, como Jefe del ESMACO, (1971) se reunía con dirigentes de izquierda y con miembros de la CNT, en el propio ESMACO.
En el libro relato que le daba la orden a sus ayudantes para que se fueran, para que no vieran quiénes iban a hablar con él.
Esos mismos dirigentes de izquierda y de la CNT, mantenían reuniones con el Coronel Trabal en la sede de la Inteligencia del Ejército.

Demos un salto en el tiempo. En 1985 se restablece la democracia. Los tupamaros que ya debían haberse dado cuenta que fueron utilizados por los militares y que además le debían su liberación al sistema político, ¿por qué mantienen el entendimiento con los militares?

Cuando se restablece la democracia había un fundado temor en el sistema político de que se pudiera reeditar el enfrentamiento armado.
Producto de eso, todos los servicios de inteligencia comenzaron a seguir a los cabecillas tupamaros, porque éstos no dieron una clara señal de que no volverían a tomar las armas y se pasaban mensajes subliminales en las mateadas sobre ese tema.
Toda la inteligencia militar, con o sin el aval político muchas veces, hicieron un permanente seguimiento de los movimientos de los tupamaros.
En el libro está claramente demostrado que hicieron un relevamiento de todas las chacras que supuestamente eran propiedad del MLN o de miembros del movimiento.

Esa actividad de contralor o vigilancia de la inteligencia militar era esperable. Para eso existe en todo el mundo…

Si pero además estaban buscando un aparato armado, porque los militares sostienen que nunca cayeron todas las armas del MLN.

Entiendo la actividad de la inteligencia militar. Lo que pregunto es ¿por qué los tupamaros mantuvieron la coordinación con los mismos militares que los vigilaban?

Tanto los militares como los tupamaros querían evitar ese eventual enfrentamiento. Po eso comenzaron a reeditarse las conversaciones que iniciaron en 1972.
Después, con el paso del tiempo, ya los militares apuntaban a otra cosa. Veían que el MLN era una opción de poder o de gobierno.

Insisto en que la actitud militar es más comprensible. Pero ¿qué explicación tiene la actitud de los tupamaros?

Yo le llamo en el libro una versión uruguaya del síndrome de Estocolmo. Aquel episodio en que la secuestrada se enamora del secuestrador y después no quiere declarar contra él. Esto es algo parecido.
Además tienen pactos ocultos entre ellos, que llaman la atención. Por ejemplo, nadie cuenta lo que pasó en el Batallón Florida en el año 1972. Creo que allí está el meollo de toda la situación.
A mi me decían que tenía que tener el aval del tupa y del militar que participaron de un episodio. Sin el visto bueno de ambos no podía mencionar la fuente que me contaba la historia. Tenía que tener el aval de los dos.

¿Eso dejó sin respuesta muchas de tus preguntas?

Si. Por eso en el libro dejo escritas muchas preguntas. Por ejemplo ¿Cómo fue detenido Mujica? ¿Quién entregó la información para que fuera apresado? ¿Fue alguien de su entorno? ¿Qué portaba en ese momento en hoy presidente de la República? ¿Cómo y a donde salían los tupamaros presos al exterior del Batallón Florida acompañados de oficiales militares y volvían a reingresar luego de obtener determinada información para las carpetas sobre los llamados ilícitos económicos? ¿Qué hacía allí Amodio Pérez y su compañera Alicia Rey Morales? ¿Los cabecillas tupamaros fueron torturados en esa unidad? ¿Conversaban diariamente como si estuvieran en rueda de café? ¿Salían en vehículos militares y particulares y paraban en boliches o bares de la capital a tomar un refrigerio?

¿No conseguiste que nadie te respondiera esas preguntas?

Si. Me contaron casi todo pero con la condición de que nadie da el nombre. O sea, no tengo fuente responsable que se haga cargo de la respuesta, pese a que los testimonios de las personas que participaron en esos episodios coinciden milimétricamente.

¿O sea que esas respuestas no las publicas?

No, sin fuente responsable, imposible. Cualquiera puede desmentirme. Sin embargo los testimonios coinciden en lo que realmente pasó.

¿Quiénes participaban de los entendimientos que se registran ya en democracia?

Básicamente por el MLN, participó el actual presidente Mujica, el actual ministro de defensa Fernández Huidobro, Marenales, Zabalza, y algún otro dirigente menos conocido.
En cuanto a los militares, fueron decenas los que participaron por una u otra razón.
Es muy llamativo, por ejemplo, que José “Nino” Gavazzo mantuvo una conversación con los tupamaros a pedido del mando superior de las fuerzas armadas. Una larga reunión, cuando ya se estaba hablando del tema de los desaparecidos.
Gavazzo, en el libro, dice que los tupamaros, y hace la salvedad “sólo ellos”, siempre cumplieron la palabra empeñada.

¿No crees que hay derecho a pensar que toda o parte de la información que las organizaciones de derechos humanos reclaman a los militares y que éstos ocultan, los tupamaros la conocen?

Eso es verdad. Los tupamaros son los que saben más de las Fuerzas Armadas. Fernández Huidobro debe ser el único Ministro de Defensa que sabe de qué está hablando, porque conoce a los militares hace 40 años.
Tal vez allí haya una explicación a muchas cosas. Quizás hoy los militares están consiguiendo muchas más cosas con Fernández Huidobro, que lo que conseguían con ministros de los partidos tradicionales.

Volviendo a las revelaciones del libro, ¿el teléfono rojo que existiría entre los militares y los tupamaros es una expresión metafórica?

Es un término que utilizaron ellos. Incluso el propio Ministro de Defensa Nacional, un par de mese atrás, cuando surgió este tema en los medios de comunicación, dijo que había un teléfono rojo. Es decir, una línea directa entre militares y tupamaros.

¿Y para que se usaba o se usa ese teléfono rojo rojo?

Inicialmente tenía carácter preventivo. Para avisarse si había algún problema interno en cada lado. Que alguien pudiera hacer una barbaridad desde cualquiera de los lados.
Pero, a partir del 1990 y hasta el 2000 (si bien después sigue) en esos 10 años hubo coordinación realmente importante, incluso en temas de Estado.
Los tupamaros ayudaron a la policía para la seguridad de Fidel Castro cuando estuvo en Montevideo en 1995.
Cuando la visita del Rey de España en 1996, hubo una reunión de los servicios secretos españoles y los militares uruguayos a la que éstos llevaron a los tupamaros para asegurarles que no iban a atentar contra el Rey Juan Carlos pese a su amistad y colaboración con la ETA.
Y como producto de que efectivamente no pasó nada, los servicios secretos españoles le pidieron a los tupamaros que hicieran una mediación entre la ETA y el reino de España.
Fernández Huidobro viaja a Europa y, durante el mundial de Francia, en 1998, se concreta una tregua, producto de la gestión de los tupamaros.
 
 

 

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