Columnistas 11/05/12 - Nº 113              

           El gobierno está en campaña

Dr. Pablo Abdala

Sin afán de dramatizar, es notorio que el país enfrenta dificultades serias en distintas áreas, especialmente en las más sensibles.

 

A los graves problemas que atraviesan la salud, la educación y la seguridad, se sumó recientemente la crisis del sistema penitenciario, determinada por el hacinamiento que registran las cárceles y, asimismo, por la evidente incapacidad de gestión que el gobierno demuestra en este como en todos los temas.


En ese contexto, resulta de una inusitada irresponsabilidad que el oficialismo se embarque en una campaña electoral interna, distrayendo a los gobernantes del ejercicio de sus cargos y competencias, como si viviéramos en el mejor de los mundos.
No es nuestra costumbre –por tanto, tampoco es ahora nuestra intención– inmiscuirnos en los asuntos internos de las demás colectividades políticas.
 

En principio, es una regla general que cada quien se organiza como le viene en gracia y cumple la actividad partidaria como más le gusta o le conviene. Sin embargo, como todas las cosas reconocen límites, es incontrastable que, en este caso, las elecciones internas del Frente Amplio no sólo afectan a los frenteamplistas, pues están condicionado la marcha del gobierno nacional.
 

A la inercia habitual de esta administración, determinada en gran medida por la impronta de un presidente anárquico y vacilante, deben sumarse las consecuencias de una encarnizada lucha por las posiciones dentro de la fuerza política.
 

En esa competencia, un poco más o menos, y más o menos desembozada o solapadamente, todos toman partido y actúan en consecuencia: ministros, subsecretarios, legisladores, directores de entes autónomos en franca violación a la Constitución.
 

A modo de ejemplo de lo que afirmamos, adviértase que algunos secretarios de Estado integran listas y participan de actos políticos. Mientras eso ocurre, la parálisis parece irse extendiendo. En la Cámara de Diputados, prácticamente no hay proyectos importantes que se estén tramitando e, incluso, la agenda parlamentaria de los últimos meses se conforma a partir de planteos de los partidos de la oposición, especialmente llamados a comisión de diferentes jerarcas o mociones de interpelación por temas de importancia.
 

Tal vez la prueba más elocuente y definitoria haya sido proporcionada por el ministro del Interior. En medio de la convulsión que se vivió en distintos centros de reclusión y cuando todo era confusión –ese mismo día una autoridad carcelaria había lanzado un ataque genérico al sistema político– el señor Bonomi asistió a un acto partidario de su sector político y además hizo uso de la palabra.
 

Se dirá que los ministros están perfectamente habilitados por la Constitución para realizar política partidaria, y es verdad; que el referido acto tenía por finalidad recordar la figura de un muerto y que eso debe respetarse, y eso también es cierto.
 

No obstante, de ahí a que el ministro hable en el acto y se valga de esa circunstancia para fustigar a la oposición y hacer proyecciones políticas sobre las elecciones de 2014, hay un abismo. Es muy difícil separar su comportamiento de la campaña interna de su partido.
 

Cómo le irá al Frente Amplio en su elección, es su problema y a nosotros nos tiene sin cuidado. Lo que nos preocupa es que todo este entrevero de las responsabilidades de gobierno con la militancia partidaria, termine por hacerle daño al país y por perjudicar la credibilidad del sistema.
 

La gente no votó a quienes gobiernan para que organicen elecciones, sino para que se ocupen de los grandes temas nacionales, que no son otros que los que los ciudadanos padecen todos los días. Que, además, se agravan cotidianamente.
Alguien podría sostener y es –al menos– un argumento aparente, que el Partido Nacional también está de elecciones en estos días, con relación a las que realizarán los jóvenes mañana.
 

Sin embargo, esa presunta contradicción se contesta muy fácilmente. En la instancia promovida por nuestra colectividad, los protagonistas son los jóvenes, y ninguno de los candidatos tiene, por ahora, responsabilidad por el ejercicio de un cargo. Pero además, y sobre todo, el Partido Nacional está en la oposición, y no tiene a su cargo la tarea del gobierno.
 

Ya la tendrá, pero, de momento, es a otro que le corresponde la política carcelaria, la de seguridad, educación o salud, e intransferiblemente debe asumirlas. Dedicando para ello todo su tiempo y energía, y no perdiendo uno y otra por el desgaste de una gimnasia que, salvo a los que la practican, a nadie le importa. Pablo Abdala 

 

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