Columnistas 6/7/12 - Nº 117  

 

Técnicos y Políticos

                          

Dr.Guillermo Fossati

Entrevistado por En Perspectiva, el secretario de la Presidencia, Alberto Breccia, señalaba: “Hay que trabajar por ensayo y error. El saber científico no es aplicable en política”. En otras palabras, Breccia sugiere probar las medidas que se proponen y si no salen bien cambiar y probar medidas diferentes.

Preocupante la afirmación hecha por el secretario de la Presidencia. No debería acaso haber dicho, es necesario abandonar la improvisación, justificar y defender las medidas que se quieren impulsar con fundamento proveniente de investigaciones técnicamente sólidas, aplicar los conocimientos que aportan distintas disciplinas relevantes para validar lo que se propone, hacer uso inteligente del conocimiento acumulado para concebir la forma más eficiente y efectiva de asignar los recursos disponibles, focalizar en lo que se ha visto funciona (da resultados), y pasar a la formación de consensos basados en la evidencia de base científica. De la investigación a la práctica y el diseño de políticas públicas.

A propósito de la marihuana, ¿de donde se saca la idea de que al legalizar la marihuana se abandonará o reducirá sustancialmente el consumo de la pasta base? ¿Cuál es el fundamento para haber incorporado esta idea entre las ideas que se proponen para combatir la delincuencia y la inseguridad? ¿Existe evidencia sólida que permita asociar esta idea con los resultados deseados en materia de seguridad?

Francamente no se logra ver con claridad desde que marco teórico-conceptual referencial el Gobierno concibe algunas de las medidas que anuncia y en que se apoya para validarlas. Cabe señalar que algunas de las medidas propuestas, son conceptualmente buenas. Hay que llevarlas a lo concreto y hacerlas operativas.

Se necesita además un Gobierno ejecutivo, con capacidad de gestión y gente calificada y comprometida. La capacidad de cualquier gobierno viene dada, entre otras cosas, por la capacidad profesional y técnica del equipo de gobierno. Si bien no es una regla absoluta, suele decirse que un candidato fuerte con un equipo fuerte, ganará. Un candidato débil con un equipo fuerte, puede ganar. Un candidato fuerte con un equipo débil, perderá. Y no me refiero necesariamente a la elección propiamente dicha sino a la acción de Gobierno una vez que se llega al poder. Ganar las elecciones es una cosa, gobernar bien es otra cosa.

Hay distintos tipos de fracaso. Se fracasa en circunstancias en que variables decisivas escapan al control del Gobierno. Se fracasa al diseñar políticas basadas en falsos supuestos y premisas (es decir, políticas conceptualmente equivocadas). Se puede fracasar también a la hora de implementar y gestionar (fracaso por mala ejecución). En otro orden, el fracaso puede venir de la mano de la falta de apoyo político para implementar las ideas. El propósito último, identificar las "mejores prácticas"; es decir, aquellas que pueden conducir a los mejores resultados. Luego implementarlas con éxito.

La implementación es tan importante como las ideas. La meta: superar la inseguridad ciudadana que se vive, prevenir y disminuir la delincuencia y criminalidad en sus múltiples expresiones, bajar sustancialmente la tasa de reincidencia, etc. Si esto no se logra se habrá fracasado.

Si bien no tiene porque existir un único procedimiento válido para tratar este problema, existe todo un saber acumulado que no puede ignorarse. Se conocen los mayores predictores de la “criminalidad” y los correlatos de la delincuencia juvenil y la reincidencia. Existen modelos y procedimientos estandarizados de tratamiento y rehabilitación que han mostrado ser los más efectivos (aún estando lejos del ideal). La pregunta fundamental que uno puede formularse es que podemos hacer con ese conocimiento. Nunca ignorarlo.

El sistema político no está estructurado para una toma de decisiones completamente racional. Si bien la solución de los problemas que se presentan en la sociedad exige generalmente de decisiones racionales, bien diseñadas y pensadas, el Gobierno puede no ser capaz de formular las políticas de manera racional. Por el contrario, el sistema político en su accionar, tiende a reflejar intereses corporativos y sectoriales, preferencias de grupos de presión, fuerzas institucionales, etc.

Siempre debería procurarse una combinación adecuada entre lo político, como factor fundamental de la viabilidad, y lo técnico como componente central para dar fundamento y hacer factibles y operativas las ideas generales impulsadas desde lo político. Deberíamos hablar de técnico-político o político-técnico. En general, el técnico puro no elige participar y actuar en política y el político “puro” reduce todo a voluntarismo político y este proceder conduce inexorablemente al fracaso. Ambos extremos tienen sus riesgos y consecuencias.

Lo que no puede discutirse es la importancia fundamental de estudiar los problemas, hacer un buen uso del conocimiento que ya existe, explorar políticas alternativas, y hasta incluso validar las soluciones que se proponen antes de su implementación masiva.

    Anibal Steffen

Boletín  Electrónico de La Democracia digital

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