Siendo el
problema principal que vivimos la inseguridad creciente e
insoportable, el Gobierno frenteamplista, lanza quince medidas que
no cumplen el principio de frenar la ola delictiva.
Cuando se requieren medidas drásticas de aplicación inmediata que
permitan disponer del tiempo y las personas para discutir y decidir
medidas duraderas y de fondo, el gobierno procede con la premisa de
“simulemos cambiar algo para que no cambie nada".
El día que falleció Wilson Ferreira, encendí la TV a primera hora de
la mañana y observé que el Presidente Sanguinetti declaraba:
“falleció un amigo, un amigo bueno con quien nunca discutimos temas
menores”.
Es que a un Presidente no se le puede estar con vueltas ni asuntos
superficiales cuando con él se dialoga. Y procediendo como Wilson,
lo lógico hubiera sido acordar con el actual Presidente Mujica unas
pocas medidas de rápida ejecutividad y eficacia que detengan la
delincuencia y permitan adoptar las definitivas y profundas.
Considerando entre las medidas anunciadas, aquellas restrictivas de
la libertad de prensa, la peor parte se encuentra en su anexo
explicativo en el cual se desarrollan los criterios de
implementación.
Vázquez, desde su gobierno calificó de “opositores” a los medios que
no se le plegaban, mientras que para el entonces Senador Eleuterio
Fernández Huidobro eran de “derecha”.
En general, los voceros frenteamplistas han criticado la crónica
roja de los informativos enviando el mensaje de que debían inculcar
valores y en ese sentido, el Presidente Mujica había amenazado a los
medios con no colocar más avisos publicitarios del Estado.
Si el delito ha crecido, según han demostrado los informes del
Ministerio del Interior, es razonable que crezca la cobertura de los
medios. ¿O deben ocultar la realidad al pueblo?
¿No llama a la atención que todas estas arremetidas prácticamente no
recibieron respuesta corporativa alguna de los medios con la debida
publicación y contundencia?
Hasta el conocido futbolista de la Selección Nacional Sabastián
Abreu cuando días atrás le robaron de su vehículo una cámara
fotográfica durante uno de los partidos de eliminatorias, luego de
efectuar la denuncia policial, no exteriorizó la queja común de
falta de seguridad existente en nuestro país y en su red social se
limita a comunicar que fue un extravío prometiendo compensar a quien
le efectúe la devolución.
Buen ejemplo de
valores. Claro, ya ha realizado propaganda para ANTEL y el Plan
Ceibal y condujo un Programa Televisivo llamado “Noche de locura”
donde pude ver un culto a Mujica que hablaba como un predicador
increíblemente valorado por los jugadores entrevistados como una
persona con elevados valores morales.
Los anunciantes de los quince mandamientos se muestran desconformes
y víctimas de que no se informen los logros del gobierno, mientras
los actores de prensa resultan funcionales a sus fines y son
protagonistas de bombardeos ideológicos en programas de actualidad y
avisos publicitarios.
Así, resulta fácil y aceptado por la opinión pública, promover la
autorregulación de los medios y proponer reflexionar con éstos, sus
trabajadores y todos los ciudadanos, sobre cómo encontrar un “sano
equilibrio” entre el derecho de los medios de informar sobre asuntos
de interés público con los derechos que tienen las personas ante
esos medios, cuando éstos son funcionales al pensamiento del Poder
Ejecutivo.
Más receptiva aún resultará la propuesta de promocionar la
“participación activa e informada de la población en defensa de sus
derechos”, luego de que aquella fue condicionada a emitir opiniones
o quejas favorables a una monocultura previamente instalada mediante
el abuso de los mismos medios.
Cuando la transmisión de valores corresponde al Ministerio de
Educación y Cultura, se responsabiliza de esa tarea a los medios,
sentencia que también puede ser aceptada después que una y otra vez
tanto el Presidente y sus voceros como comunicadores sociales
afines, lo anuncian a la población en forma reiterada.
“A no comprar” y tratemos que otros tampoco “compren”.
Fernando Patron

