
La crisis
paraguaya y sus consecuencias, ha dejado a unos cuantos
connacionales desvestidos y hasta en harapos. Suele ocurrir, cuando
se trata de puro ropaje y mera utilería.
Estos apátridas
de izquierda (para quienes el país en sí, no tiene valor de Nación,
en tanto reniegan de las patrias chicas), acaban de consumar una
ignominia a un hermano Latinoamericano, porque otro socio de su
laya, más potente, pretende el dominio de la comarca entera. Así
nomás.
Es que para
ellos, Uruguay o Paraguay, son simples accidentes geográficos;
fantasía de soñadores de otrora, cuyas fronteras se pueden ignorar,
si es que el gran botín a que aspiran, está a la mano.
Fieles a su
consigna de que no importan los medios sino el fin, cumplieron el
trámite de arrase de las respectivas voluntades, entregando el
trofeo en manos del grandote petrolero. Descartamos la sensación de
triunfo de que gozan en estas horas.
¡Un siglo y
medio predicando en contra de los imperialismos y las
colonizaciones, para esto!
Por eso
precisamente, es que desacreditan la historia. De ese modo se evitan
respetarla. Es que las figuras de los héroes, operan -para los
partiquinos de Castro y Chávez,- como amarras que hay que cortar, a
fin de rebautizarnos y volvernos uniformes y mansos, sin recuerdos
ni pertenencias.
Tan así de
perversa, es la intención que les anima. La misma que les llevó a
liquidar todo tipo de legitimidades y derechos humanos, en cuyo
nombre paradojalmente tomaron las armas, desbarataron culturas,
abortaron sueños.
Eso son, y así a
través de esta caricatura de sí mismos, los está mirando todo el
planeta. Quiera Dios que la naturaleza del manejo, por lo menos, sea
un aporte para demostrar su condición de canallas.
Los guaraníes
tenían claro y firme su camino de obstrucción al chavismo, pero la
crisis interna les prestó la vulnerabilidad necesaria, para que el
agresor cometiera su asalto.
Nosotros,
comandados por una entelequia que integra la fanfarria izquierdista,
llevados a sucumbir.
Paraguay, pobre
y pequeño, ha sido blanco de ultrajes y ha visto incluso diezmar su
pueblo, por codicias ajenas. Fue así que redobló una y otra vez la
dignidad, que no le podrán arrebatar, tampoco ahora.
En su historia,
nosotros también, empujados por personajes luctuosos, le causamos la
gran herida de la triple Alianza, que hasta hoy nos viste de
vergüenza.
Sin embargo, los
pueblos no se transforman por la vileza de sus mandones.
Si será así, que
hoy ante este nuevo oprobio que renuevan malos orientales,
brasileros y argentinos, se levantó sólo y unánime, el Partido
Nacional, para repudiar la maniobra.
Con la firmeza
que la razón otorga, pero también con el sentimiento patrio
reverente hacia el hermano conculcado, representantes Blancos, se
trasladaron a plantar cara al escenario de la agresión, mientras
otros notorios dirigentes nuestros, alzaban aquí su voz de
reproche.
Hasta el momento
de escribir esta columna –y ya pasaron casi 4 días- - los
integrantes de otras filas de oposición, sólo prestaron un par de
opiniones de técnicos de Derecho Internacional que, sin desmedro del
aporte, no comprometen postura política alguna.
Figuras grandes
con trazas de magníficas, prestos a editorializar en medios
resonantes sus posturas; candidatos valientes y otras especies, no
se han atrevido a salir a luz pública para defender nuestra
soberanía y la paraguaya, en la presente hora de compromiso.
Sin embargo, tal
vez, se deban conceder cambios a la acción cometida por el gobierno:
están llegando noticias que el Canciller Almagro reconoce
públicamente que Uruguay no estaba de acuerdo con el ingreso al
MERCOSUR del presidente de Venezuela, agregando que “tal vez haya
que rever alguna cosa”
Según este
ministro, la decisión de marras se tomó a empujones de Dilma, lo que
no es ningún mérito y menos disculpa.
Adelantamos por
ello, que si se atenúa la contundencia de los hechos por parte del
gobierno, no sería de extrañar que aparecieran estos señores de pro,
condenando lo que pudo haber sido.
Es que el poder,
que es lo único ante lo que se inclinan ellos, se encuentra en manos
de quienes cometieron la infamia.
Ante este
panorama tan teñido de liviandades, el honor actualizado de
sentirnos nacionalistas. Raquel
Trobo

