Columnistas  6/7/12 - Nº 117                         

 La historia, otra vez    

Raquel Trobo

La crisis paraguaya y sus consecuencias, ha dejado a unos cuantos connacionales desvestidos y hasta en harapos. Suele ocurrir, cuando se trata de puro ropaje y mera utilería.

Estos apátridas de izquierda (para quienes el país en sí, no tiene valor de Nación, en tanto reniegan de las patrias chicas), acaban de consumar una ignominia a un hermano Latinoamericano, porque otro socio de su laya, más potente, pretende el dominio de la comarca entera. Así nomás.

Es que para ellos, Uruguay o Paraguay, son simples accidentes geográficos; fantasía de soñadores de otrora, cuyas fronteras se pueden ignorar, si es que el gran botín a que aspiran, está a la mano.

Fieles a su consigna de que no importan los medios sino el fin, cumplieron el trámite de arrase de las respectivas voluntades, entregando el trofeo en manos del grandote petrolero. Descartamos la sensación de triunfo de que gozan en estas horas.

¡Un siglo y medio predicando en contra de los imperialismos y las colonizaciones, para esto!

Por eso precisamente, es que desacreditan la historia. De ese modo se evitan respetarla. Es que las figuras de los héroes, operan -para los partiquinos de Castro y Chávez,- como amarras que hay que cortar, a fin de rebautizarnos y volvernos uniformes y mansos, sin recuerdos ni pertenencias.

Tan así de perversa, es la intención que les anima. La misma que les llevó a liquidar todo tipo de legitimidades y derechos humanos, en cuyo nombre paradojalmente tomaron las armas, desbarataron culturas, abortaron sueños.

Eso son, y así a través de esta caricatura de sí mismos, los está mirando todo el planeta. Quiera Dios que la naturaleza del manejo, por lo menos, sea un aporte para demostrar su condición de canallas.

Los guaraníes tenían claro y firme su camino de obstrucción al chavismo, pero la crisis interna les prestó la vulnerabilidad necesaria, para que el agresor cometiera su asalto.

Nosotros, comandados por una entelequia que integra la fanfarria izquierdista, llevados a sucumbir.

Paraguay, pobre y pequeño, ha sido blanco de ultrajes y ha visto incluso diezmar su pueblo, por codicias ajenas. Fue así que redobló una y otra vez la dignidad, que no le podrán arrebatar, tampoco ahora.

En su historia, nosotros también, empujados por personajes luctuosos, le causamos la gran herida de la triple Alianza, que hasta hoy nos viste de vergüenza.

Sin embargo, los pueblos no se transforman por la vileza de sus mandones.

Si será así, que hoy ante este nuevo oprobio que renuevan malos orientales, brasileros y argentinos, se levantó sólo y unánime, el Partido Nacional, para repudiar la maniobra.

Con la firmeza que la razón otorga, pero también con el sentimiento patrio reverente hacia el hermano conculcado, representantes Blancos, se trasladaron a plantar cara al escenario de la agresión, mientras otros  notorios dirigentes nuestros, alzaban aquí su voz de reproche.

Hasta el momento de escribir esta columna –y ya pasaron casi 4 días- - los integrantes de otras filas de oposición, sólo prestaron un par de opiniones de técnicos de Derecho Internacional que, sin desmedro del aporte, no comprometen postura política alguna.

Figuras grandes con trazas de magníficas, prestos a editorializar en medios resonantes sus posturas; candidatos valientes y otras especies, no se han atrevido a salir a luz pública para defender nuestra soberanía y la paraguaya, en la presente hora de compromiso.

Sin embargo, tal vez, se deban conceder cambios a la acción cometida por el gobierno: están llegando noticias que el Canciller Almagro reconoce públicamente que Uruguay no estaba de acuerdo con el ingreso al MERCOSUR del presidente de Venezuela, agregando que “tal vez haya que rever alguna cosa”

Según este ministro, la decisión de marras se tomó a empujones de Dilma, lo que no es ningún mérito y menos disculpa.

Adelantamos por ello, que si se atenúa la contundencia de los hechos por parte del gobierno, no sería de extrañar que aparecieran estos señores de pro, condenando lo que pudo haber sido.

Es que el poder, que es lo único ante lo que se inclinan ellos, se encuentra en manos de quienes cometieron la infamia.

Ante este panorama tan teñido de liviandades, el honor actualizado de sentirnos nacionalistas.   Raquel Trobo

  

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