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La soberanía no pasa de moda
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Alejo Umpiérrez |
Aunque algunos parezcan no darle demasiada
importancia, existimos quienes pensamos que la independencia y la
soberanía de los pueblos debe ser respetada. Algo que no parece estar
muy a tono con la posición asumida por esta Triple Alianza 2.0.
Se habla que en Paraguay se cometió un golpe de estado parlamentario
(¿?). Ello de por sí es una contradicción absoluta. El parlamento de ese
país -electo por su pueblo en elecciones limpias- por abrumadora mayoría
(solo 5 legisladores apoyaron a Lugo en más de un centenar en ambas
cámaras) votó la destitución de su presidente en aplicación de la
Constitución votada también libremente por el pueblo paraguayo.
Los golpes de estado no se dan de esta manera: todos conocemos las
milicias revolucionarias o lo militares alzados contra las
instituciones. Aquí no hay nada de eso.
Pero sin perjuicio de ello cual nuevos gendarmes barriales Brasil y
Argentina, al igual que en 1865 acompañados por Uruguay, salen prestos a
intervenir en la vida interna de la nación vecina. Hablan de golpe de
estado y cuando se les refuta diciendo que se siguió un procedimiento
constitucional por el poder legislativo, expresan que el juicio fue muy
rápido y no hubo garantías como único argumento.
Cabe consignar para los profanos que el Juicio Político –que así se
llama y existe en la Constitución de Uruguay– es eso: político; no tiene
plazos ni un proceso determinado y se sujeta a la ley de los votos, en
estos casos una mayoría especial que se obtuvo holgadamente.
En el caso de Lugo no cae porque se violen las instituciones sino porque
los propios partidos que lo catapultaron a la presidencia ahora lo
sepultaron políticamente quitándole su apoyo, en un mecanismo más propio
de una democracia parlamentaria que de un presidencialismo. O sea para
que quede claro: Paraguay vive una crisis política pero no
institucional. En breve de acuerdo al calendario electoral de ese país
habrá elecciones y todo seguirá con normalidad.
Puede parecer normal que grandes países en lo regional quieran
constituirse en gendarmes o desarrollar políticas subimperialistas
(Brasil se quedó con territorio de todas las naciones vecinas –Paraguay
inclusive- y Argentina con la cuarta parte de Paraguay); pero lo que no
tiene fundamento es que un país pequeño como el nuestro juegue de ladero
de terceros países en estas aventuras “democratizadoras”.
Por mero instinto de supervivencia no podemos convalidar intervenciones
de terceros países so pena de que en el futuro nos suceda lo mismo y no
podamos quejarnos.
¿Qué tenía que hacer el esperpento de canciller compatriota, el de
gastadas rodillas, sumado al coro de sus pares de Argentina y Brasil en
Asunción?
¿Hubiéramos aprobado a los cancilleres de los países vecinos o de la
Unión Europea aterrizando en Montevideo para intervenir en nuestros
asuntos internos, por ejemplo cuando el Poder Ejecutivo y Legislativo no
acataron dos pronunciamientos populares por el mantenimiento de una ley
como sucedió?
Esta negativa a las intervenciones que sostenemos es derecho positivo,
se halla consagrado en el derecho internacional por convenciones y son
dos principios básicos del relacionamiento entre naciones: “Principio de
no intervención en asuntos internos” y “Principio de libre determinación
de los pueblos”. Nihil novum sub sole. Aunque nuestros gobernantes
participen de un criterio internacionalista que más bien se asemeja a un
resabio de sus viejos lastres ideológicos.
La hipocresía de fondo y de superficie es que se apoya a Lugo no por ser
depuesto arbitrariamente sino porque integra esta suerte de “Club de
Tobi” que tenemos en la sufrida América Latina, ese de las afinidades
ideológicas que poco redundan en beneficio de nuestros países más allá
de altisonantes declaraciones en pos de una siempre lejana Patria
Grande.
Hipocresía también porque jamás hemos visto a iguales cancilleres poner
la voz en cuello por la democracia y el respeto a los derechos humanos,
por ejemplo en Cuba, ni proponer la conformación de delegaciones de
cancilleres a La Habana a clamar por las libertades perdidas por esa
nación.
El colofón de esta hipocresía llega con el arrogado derecho de
“suspender” a un país soberano su participación en un organismo
internacional; ligado ello al mezquino interés de aprovechar tal
resolución para hacer entrar por la puerta de atrás a la poco
democrática Venezuela en el MERCOSUR, hecho hasta ahora obstaculizado
por el parlamento paraguayo. Cartón lleno para la vergüenza.
Dicen que también está latente un tratado de libre comercio con China,
nación con quién no tiene trato diplomático Paraguay; será difícil
porque los tiempos no dan y los intereses son harto complejos.
Mientras tanto hace rato que carecemos de una política de estado y
quedamos así a la deriva como hoja al viento según cambien las
ecuaciones de poder mundiales.
Hoy como nunca tal cual lo enseñaba Herrera –trayendo la vieja frase de
Palmerston– “Los países no tienen amigos permanentes, sino intereses
permanentes”. Mientras arrastramos nuestras miserias como país en el
concierto internacional.
Hay gente que nunca aprende y llegado el momento suele pagarse caro.
Alejo
Umpierrez
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