Columnistas 6/7/12 - Nº 117                 

El gobierno y su banda suenan mal

 

 

Lic. Verónica Alonso

Pésimo mensaje da el presidente Mujica, que sigue olvidando en la mañana lo que dijo la noche anterior.


Comenzó su gobierno recibiendo empresarios en el Conrad, con el objetivo de dar mayor certeza para atraer inversiones, y en su pintoresca jerga les aseguró “¡Jugála acá!, que no te la van a expropiar, ni te van a doblar el lomo con los impuestos”.

 

La decisión de obligar a una Empresa de Telecomunicaciones instalada en el país a desconectar los servicios de fibra óptica y la ley que prepara el Poder Ejecutivo para darle el monopolio a ANTEL en esa materia, muestran una vez más el camino opuesto y contradictorio.
 

La intención del Gobierno de aprobar por Ley el monopolio de ANTEL sobre banda ancha, no tiene justificación de ningún tipo y evita la competencia en un sector clave, siendo la competencia el único mecanismo para reducir precios y mejorar la calidad.
 

Que la libre competencia es la mejor forma de garantizar el mejor acceso posible a productos y servicios para la población es un dato innegable. Pero no solo desde el punto de vista de la eficiencia es importante evitar los monopolios, la libertad de elección del consumidor es un valor que se debería defender desde el gobierno con la mayor determinación.
 

La libertad es esencial para que el ciudadano pueda optar por los planes y sistemas que más le convengan y pueda cambiar de proveedor si el servicio o la atención son mejores en otro lado. Lo mismo pasa con las empresas, sobre todo las que evalúan invertir en el país, y para las cuáles es un factor de peso la mala perspectiva de quedar atadas a un único proveedor de acceso a internet, y por ende a su discrecionalidad para manejar el servicio.
 

El ejemplo de Nueva Zelanda, que el Gobierno siempre plantea en esta materia, es precisamente un contra ejemplo porque no existe empresa estatal y rige competencia en todos los servicios de telecomunicaciones desde hace 22 años.
 

No solo en el resto del mundo y a lo largo de la historia la evidencia es abrumadora y demuestra lo nocivos que son los monopolios, tanto privados como estatales. En Uruguay tenemos nada más que mirar alrededor para ver gestiones poco serias, pérdidas millonarias y malos servicios con precios de primer mundo. AFE, ANCAP y la propia ANTEL nos han dado varias muestras a lo largo de los años.
 

Los monopolios, aún en telefonía fija tradicional, son muy escasos inclusive en America Latina. En el caso de la telefonía fija en nuestro país, basta mirar los costos donde se paga más que cualquier país sudamericano y algo más del doble del promedio. Por el contrario si observamos la situación de la telefonía móvil en Uruguay, donde existe competencia, vemos que nuestro país esta en el promedio de la región en precios y calidad.
 

Se argumenta por parte del Gobierno que el monopolio es necesario para garantizar el acceso a toda la población, especialmente a sectores más humildes que de otra forma no podrían tener este acceso. Este es un argumento difícil de sostener.
 

Los monopolios han existido solamente donde no existía la posibilidad de competencia, como sucedía con la telefonía fija hace más de 10 años. Pero además la competencia en todas las instancias es lo único que favorece que los servicios de banda ancha lleguen a todos los hogares al menor costo posible.
 

Hoy la empresa de los uruguayos, ANTEL, está desplegando una red de fibra óptica hasta el hogar con características que no se encuentran en ninguna parte del mundo, ya que los costos por ser muy altos, del orden de USS 1500 por hogar, siempre se despliega solamente donde hay demanda de velocidades muy altas.
 

Se prevé una inversión de 500 millones de dólares que salen del bolsillo de todos y de la cual se van a beneficiar primero quienes más tienen, pero que también salen perdiendo porque la opción es ANTEL o nada.
 

Para ver como estamos en esta materia con los precios de la región, vemos por ejemplo que los precios de ANTEL con respecto a Chile y Brasil son de aproximadamente el doble para el servicio de fibra óptica hasta el hogar. Eso sin contar que los servicios de ANTEL tienen mucho menos velocidad de subida (hasta 7 veces menos) que aquellos países.
 

No se trata aquí de abogar por el desmantelamiento de ANTEL ni nada parecido, muy por el contrario, queremos una empresa estatal de comunicaciones jugando un rol importante y con buenos resultados para todos, en primer lugar para los consumidores que en este caso somos, o más bien deberíamos ser, sus dueños.
 

Esa ANTEL no se logra propiciando la burocracia, creándole una comodidad artificial basada en ventajas por la vía legal y aislándola de la obligación de medirse frente a sus competidores. Se logra como se hizo en con la telefonía móvil, dejándola actuar frente a otros proveedores en la obligación de mejorar sus servicios constantemente para mantenerse a la vanguardia.
 

Hay otro aspecto nada trivial que preocupa con estos movimientos, porque se dan paralelamente a la creación de la oscura Ley de Telecomunicaciones y a un creciente e insistente acoso a los medios de comunicación. Bajo la excusa de vigilar los valores que se inculcan desde los medios, se intenta lograr el velado objetivo de contar con medios más dóciles y funcionales al “proyecto” de determinados sectores del gobierno.
 

En columnas anteriores desarrollé más extensamente mi opinión sobre los gobiernos obsesionados con regular medios; aquí me alcanza con hacer notar que se está cerrando un cerco más que peligroso porque se cuestionan los contenidos y a la vez se busca limitar y controlar los canales de acceso a la información.
 

Con esta visión el camino que elige el gobierno es el camino de Cuba o de Irán, donde se limitan las posibilidades y oportunidades de sus ciudadanos, en lugar de elegir caminos como el de Suecia por ejemplo que en el uso de banda ancha ocupa el lugar 9 en el mundo mientras nosotros estamos en el lugar 106.
 

Como un viejo disco de pasta en la era del DVD el gobierno suena mal y se atasca en un mismo surco del que no sabe salir.

 

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