Entrevistas 6/7/12 - Nº 117                                       

 

Diputado Jorge Gandini, candidato a Intendente de Montevideo

 

“Montevideo se puede”
Un desafío crucial

 

“No hay ninguna tarea repleta de idealismo que no esté llena de coraje y no tenga una dosis de locura”, afirmó el diputado Jorge Gandini, resumiendo el espíritu con que inicia una nueva etapa de su trabajo político en Montevideo. “Yo voy a ser candidato a Intendente con balotaje o sin balotaje, con lema accidental o sin él, único o acompañado, como sea”, expresó a La Democracia.
Agregó que “Montevideo no es, no puede ser, un territorio vedado para los blancos, porque para ganar tenemos que crecer acá. No es un problema de los montevideanos, es un tema estratégico para el Partido Nacional. Es territorio difícil para los blancos, pero no es imposible”. En cuanto a su propuesta, Gandini expresó que “a un gobierno de partido único, totalmente ideologizado”, hay que contraponerle un modelo de partido abierto a todos, pragmático, gestionado por los mejores.

 
Por Aníbal Steffen


No es habitual que un dirigente del Partido Nacional anuncie tres años antes de las
elecciones departamentales su determinación de ser candidato a Intendente. ¿Cómo se explica?

No es habitual en Montevideo. En el Interior, hoy, más o menos en todos lados se
sabe quienes son los candidatos blancos y de los otros partidos. Por lo menos, los que inician el camino. Quizás la receta para ganar Montevideo tiene mucho que ver con lo que hacen nuestros compañeros del Interior.
De hecho, el Partido no ha logrado ganar la elección nacional y, sin embargo, ganó doce intendencias en el Interior. Y el Frente Amplio perdió intendencias, a pesar de haber ganado el gobierno nacional y habiendo votado bien en esos departamentos en la nacional.
Entonces algo están haciendo bien nuestros intendentes. Y entre las cosas que hacen bien, empezar mucho tiempo antes, trabajar desde la gente y con la gente durante todo ese tiempo, y donde hay gente con problemas y demandas y actividades sociales, allí están nuestros compañeros. Y lo hacen con los brazos bien abiertos, tratando de representar más allá de la divisa y del color. Porque administrar un departamento, tiene que ver con la gestión, con el pragmatismo, con la ejecutividad, con la confianza de la gente, más que con el color del partido. Entonces, creo que ese es el camino.
Vendrá el tiempo electoral, no hay que confundir. Llegará el tiempo de campaña que es otro. Hoy es un tiempo político, de vincularse con la gente y empezar a construir, de abajo hacia arriba, desde la gente hacia los técnicos, la propuesta y el sueño que vamos a proponer.

¿En que acciones concretas se traduce ese concepto de estar con la gente?

Se traduce también en un camino diferente al habitual. Cuando llegue el tiempo electoral llegará el tiempo de recorrer clubes. En este tiempo que no es electoral y en el que tampoco hay clubes, no se trata de recorrer compañeros. Se trata de acercarse a donde la gente trabaja por sus intereses colectivos o individuales. Está repleto Montevideo de gente que voluntariamente hace tareas.
Están primero aquellos que tienen un lugar institucional, los concejales municipales electos junto con el intendente y los alcaldes; los concejales vecinales, electos en las elecciones del pasado mes de septiembre. Están las organizaciones típicas, desde las ONG de corte social, los clubes juveniles, los Caif, aquellas vinculadas a los niños. Pero también están las instituciones deportivas, sociales…
Hay miles y miles de muchachos y con ellos miles de padres que participan en el fútbol infantil. Y no hay mejor estrategia para sacar a los niños de la calle que el deporte. No hay mejor autopista a la integración social que el deporte.
Hay que apoyar. Pero también hay que conocer. ¿De que se trata? De escuchar. Escuchar, sobre todo, a la gente que está en la gestión de esas actividades. Saben mucho más que nosotros y tiene soluciones mucho más sencillas para resolver, para concretar y para hacer, porque tienen la fuerza del trabajo voluntario y social.

¿Entonces la receta es aprender de la gente?

Es importante, pero no es lo único. Hay que ir con la gente para revincular al partido.
La última elección nacional, no fue la izquierda contra la derecha o el centro contra la izquierda. Fue una elección que se planteó en la semiótica de los de abajo contra los de arriba, lo popular contra lo que no lo es.
Eso es, en la esencia, falso. Pero en la comunicación tuvo arraigo.
Hay que quebrar esos estereotipos que crea la cultura dominante que la izquierda ha desarrollado y maneja muy bien.
El Partido tiene que, primero, demostrar que Montevideo le importa. Y para eso no puede largar seis meses antes, comunicarse con la gente por jingles y en tiempo de campaña.
Segundo, revincularse con la gente en los códigos de comunicación que tienen que ver con la forma de comunicarse pero también con lo gestual. Lo gestual tiene que ser auténtico. Cuando se está en campaña, la gente sospecha que es de plástico, armado y preparado.
Tiene que ser gestual, tiene que ser urbano, tiene que ser auténtico. Eso da legitimidad. Y la legitimidad es el requisito esencial y primero para conseguir confianza. Y la gente solo vota a aquel en quien confía. Eso no tiene tiempo; hay que hacerlo ahora.
No estoy en campaña. Pero empiezo a recorrer el camino, que es lo que anuncié en la Convención.

¿De qué manera el trabajo en los asuntos de la comarca o del barrio contribuye a obtener mayor cantidad de votos en Montevideo para la elección Nacional? Si es que efectivamente hay alguna relación…

La hay. Y de hecho, yo aspiro a que cuando ingresen nuestros candidatos en la campaña previa a las elecciones internas, o cuando ingrese el candidato único del Partido a la campaña por la elección nacional, esté acompañado de aquel o de aquellos que están viendo lo nacional desde lo departamental. Y que incorporen a sus preocupaciones y a sus discursos la visión de lo departamental. Porque, de ese modo, también el candidato nacional incorporará en Montevideo, como lo hacen en el Interior, los temas locales. Porque los temas locales de Montevideo involucran a más del 40% de los votantes de todo el país.
Entonces influye en tanto colabora con las propuestas, con el discurso y con el modo de comunicación urbano que tiene que aplicar el candidato a presidente.
En segundo lugar, colabora muchísimo con a legitimidad de la que hablaba antes. Si el Partido aparece en los barrios cuando estamos en campaña, la gente piensa: éste viene ahora porque necesita mi voto. Y eso genera desconfianza.
Ahora, si el Partido está mucho antes, a través de aquellos que trabajan en el departamento todo el tiempo, los cinco años, y después llega el candidato a presidente, éste va a estar rodeado por aquellos que tienen la legitimidad y la autoridad para llegar nuevamente, ahora a presentar de modo más cercano a su candidato a presidente.
Eso es una herramienta. Dependerá después del candidato y de la propuesta del Partido que eso genere votos. Pero sin eso, es muy difícil generarlos. No alcanza con la televisión; con la sonrisa del candidato en los programas periodísticos de las once de la noche, ni con la salida de 30 segundos a través de un vidrio, en una comunicación unilateral en el informativo. Se requiere el contacto personal.
Todos los medios de comunicación, incluidas las nuevas tecnologías Internet, el Facebook, el twiter, los mensajes de texto, los celulares, todo eso no sustituye el trabajo que hace la infantería, casa a casa, barrio a barrio, ni sustituye la calidez que tiene estrechar la mano, dar un abrazo, conoce a alguien, preguntarle por la familia y entrar a su casa. Esas cosas seguirán siendo así siempre. Aunque estemos conectados en tiempo real por todos lados. Nada sustituye al contacto personal. Eso le da valor agregado a la actividad política.

Por razones de escala, de tamaño, la tarea es más fácil en el Interior. ¿Es posible hacer política así en Montevideo?

Es cierto que aquí hay que conocer y caminar un departamento que cualquiera de sus ocho municipios es más grande que Maldonado, por ejemplo. Viven más de 180 mil personas en cualquiera de los municipios. Sólo en Malvín Norte viven 90 mil personas, mientras que en Durazno –para tomar un punto de comparación- 55 mil.
En esos edificios mucha gente ni siquiera se conoce. Pero tienen sus reglas, sus códigos de comunicación, tiene sus liderazgos locales, tienen su cultura local y tienen sus prioridades.
Bueno, si uno no está allí y no conoce lo que pasa, y no habla a los de allí con los temas de allí, y habla a todos por igual desde la televisión, se pierde algo que genera relación y confianza.
Pero además, yo quisiera que al lado de los candidatos a intendente estuvieran los candidatos a alcalde. Ese no es un tema menor. A mi me gustaría recorrer Montevideo, dentro de poco, con el candidato o los candidatos a alcalde de ese municipio. Que ellos me lleven a mí, como yo voy a llevar al candidato a presidente.
Ellos conocen mejor que yo sus barrios y aspiran a ser gobernantes de cercanía. Eso me gusta mucho y aporta mucho. No tengo dudas de que mirando lo municipal vamos a lograr derramar confianza electoral en la elección nacional.

¿Podrá dejar de ser Montevideo el talón de Aquiles del Partido Nacional?


Montevideo no es, no puede ser, un territorio vedado para los blancos, porque para ganar tenemos que crecer acá. No es un problema de los montevideanos, es un tema estratégico para el Partido Nacional.
Es territorio difícil para los blancos, pero no es imposible.

¿Cómo vas a hacer para ocuparte de los temas domésticos montevideanos sin descuidar tu trabajo en los asuntos nacionales?

Por eso dije que no hay más sábados ni domingos. Unos días hay que trabajar en los temas parlamentarios –que es lo que permite que la gente perciba que hay un referente de temas nacionales que se dedica a lo local y departamental- y los fines de semana y muchas noches hay que estar en los temas departamentales. Tendré que mezclar mi agenda con esas cosas y, por supuesto, no habrá más tiempo libre ni vacaciones.
Si uno quiere agregar una foto a la de Fernández Crespo, que es el único que tenemos, tiene que recorrer ese camino.

Tú lo calificaste de locura en tu discurso a la Convención. Mirado desde afuera, tiene algo de locura, ciertamente…

Por eso es hermoso. No hay ninguna tarea repleta de idealismo que no esté llena de coraje y no tenga una dosis de locura. Cuántos locos han cambiado el mundo, sin querer ser tan pretencioso. Cuántos son hoy referentes en nuestra historia partidaria.
Si Saravia hubiera sido cuerdo y hubiera hecho cálculos, tal vez no tuviéramos voto secreto en el Uruguay.
Es decir, hay en los líderes, a todas las escalas y a todos los niveles de la sociedad, una dosis de osadía que cariñosamente llamamos locura; pero que es esa capacidad de asumir riesgos, más allá de lo común, y de navegar con una vela los políticos tenemos que es la nariz. y ver por dónde hay que ir, por dónde hay que encontrar el camino. Y tiene además esa cosa hermosa de asumir que uno es un representante. Y para representar, tiene que conocer lo que la gente piensa. De ese modo puede liderar.
Y esa locura de querer ponerse al frente de un movimiento departamental que genere un sueño nuevo, una alternativa, otra ilusión, en una ciudad gris y agotada, tiene un atractivo enorme.
Que es un poco loco… Y si, lo es. Pero si no lo fuera no sé si valdría la pena.

En tu discurso afirmaste que el modelo frenteamplista de Montevideo está agotado. ¿Cuál sería tu modelo de gestión para Montevideo?

Frente a un gobierno municipal que ya lleva 22 años, y no creo que mucha gente quiera que lleve 30, que es un gobierno de partido único –en esta gestión, más de partido único que en otras- en la que se gestiona por reparto de chacras sectoriales que confrontan intereses e ideologías y muchas veces se anulan en su impulso, y además totalmente ideologizado y, por lo tanto, atado a compromisos y a concepciones superadas por la realidad, hay que contraponerle un modelo de partido abierto, gestionado por todos aquellos que, vengan de donde vengan, tratemos que sean los mejores, más allá de su origen y pertenencia, incluso, por qué no, gente del Frente Amplio. Un modelo pragmático y desideologizado, porque la gestión de los servicios públicos y de los intereses vecinales es concreta, práctica, no es de izquierda ni es de derecha: hay que levantar la basura, hay que podar los árboles, hay que iluminar las calles, hay que darle seguridad a las plazas, hay que lograr que los espacios públicos no estén confiscado por gente que vive en ellos e impide disfrutarlos a los que pagan; hay que soñar con una ciudad en la que los conflictos naturales de la convivencia, el administrador los pueda resolver pacíficamente, en bien del colectivo. Para eso hay que meterse con los problemas, hay que querer gestionarlos y hay que animarse a resolverlos.
Claro, si se llega con compromisos es muy difícil resolver los problemas. Por eso me imagino un gobierno muy pragmático, desideologizado, con los mejores gestionando y con algunas líneas maestras que, me parece, tiene que conducir esa gestión.

El lanzarte de esta manera implica que no haces ningún tipo de especulación…

No tengo ninguna encuesta…

Me refiero, por ejemplo a las distintas ingenierías electorales, alianzas, reformas legales etc. que se manejan para que toda la oposición acumule en las elecciones departamentales para enfrentar al oficialismo.

Cuando esas cosas se ponen por delante, impiden que haya tiempo de recorrer el camino largo y hacer política con la gente. Porque esas cosas siempre se resuelven al final.
Yo creo que está bien que los partidos exploren las alianzas. Es natural y legítimo. Pero es una tarea que le corresponde a las cúpulas partidarias, en la que yo no voy a intervenir.
Con balotaje o sin balotaje, con el sistema actual o con lema accidental, con uniones y alianzas o sin ellas, el Partido siempre necesita candidato. Y siempre necesita que alguien o que un equipo trabaje el único acuerdo que gana, que es el acuerdo con la gente. Si no hay un acuerdo con la gente, si no hay una sintonía con la gente, si no hay capacidad y legitimidad para representar a la gente que tiene que confiar en alguien para que la gobierne, las ingenierías electorales construidas por las cúpulas partidarias terminan en el fracaso.
Que el Partido recorra ese camino, Yo voy a ser candidato con balotaje o sin balotaje, con lema accidental o sin él, único o acompañado, como sea.
Yo me propongo trabajar el acuerdo con la gente. Si lo logro realizar, me va a ir bien. Y si no, con cualquier sistema me va a ir mal.
No hay que esperar que alguna de esas ideas se concrete, porque cuando nos queramos poner a trabajar, vamos a estar en enero de 2015, a pocos meses de la elección, como siempre nos pasa.

Cruzaste el Rubicón. O sea, ¿esto no tiene retorno?

No tiene retorno. Como dicen los pilotos de avión, pasamos el punto de no retorno, que es aquel en el cual ya el avión no tiene combustible para volver al aeropuerto del cual partió. No tiene más remedio que seguir adelante. Yo pasé mi punto de no retorno.

Una candidatura requiere toda una infraestructura que implica trabajo, tiempo, dinero, etc. ¿Tienes armada una estructura para eso?

Estos últimos meses, te diría que desde finales de año pasado, me he dedicado a eso.
Siempre hay que poner debajo de la tierra el hormigón que no se ve, que es lo que sostiene luego los pilares de cualquier proyecto.
He trabajado mucho en este tema, pensando, diseñando, hasta viajando, tratando de aprender, para empezar el camino.
Ahora viene una etapa que hay que llenarla de gente, de apoyos de distinta naturaleza.
Ese es el primer desafío: lograr la motivación en la gente, el entusiasmo necesario para que la gente colabore y se vincule al proyecto. A la que tampoco se le preguntará de dónde viene. Y ojalá vengan de cuanto más lejos mejor. Es lo que el Partido necesita para ganar, gente que se entusiasme y crea en esto. Gente del Partido Nacional, de los partidos tradicionales y de los que no lo son. O gente que no tiene partido, gente de buena fe con ganas de hacer cosas que vota proyectos, vota personas.
Eso es lo que hay que construir ahora, pero sin duda que hay una plataforma y una infraestructura humana que va a ser el soporte. Que no es necesariamente la lista 250.
Ya hay gente que no pertenece a la lista y que está colaborando en la tarea.

¿Tu discurso, de ahora en adelante, con respecto a la Intendencia frenteamplista, va a ser netamente confrontacional?

Primero tenemos que definirla en colectivo. El Partido tiene compromisos en Montevideo; tiene diputados del departamento, tiene ediles, tiene concejales municipales, y debemos respetar su opinión sobre cómo tenemos que pararnos frente a esta gestión municipal. Los decibeles con que expresemos nuestro rechazo a aquellas cosas que no están bien, creo que es una decisión colectiva.
Pero creo que lo más importante es ser capaces de construir. Yo me voy a esforzar por decir: esto está mal, yo haría esto otro. Creo que hay que confrontar modelos y no alcanza con criticar. Hay que ser mejores. La elección no se gana criticando.
Marcar los errores del que gobierna es un recurso sumamente eficiente de la política y, sobre todo, compararlo con lo que prometió. Pero con eso no alcanza.
Ya vimos como esta intendenta tuvo 14% de votos en blanco. Fueron todos frenteamplistas desconformes. Hicieron una manifestación para castigar la forma en que el Frente Amplio eligió a su candidata. Pero no dieron el paso. No cruzaron la vereda. O sea que no alcanza con que no hagan las cosas bien. Tiene que haber algo mejor como alternativa. Ese es el desafío.
 

Diego Burgueño
  

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