Diputado Jorge Gandini, candidato a Intendente de Montevideo
“Montevideo
se puede”
Un desafío crucial
“No hay ninguna tarea repleta de idealismo que no
esté llena de coraje y no tenga una dosis de locura”, afirmó el diputado Jorge
Gandini, resumiendo el espíritu con que inicia una nueva etapa de su trabajo
político en Montevideo. “Yo voy a ser candidato a Intendente con balotaje o sin
balotaje, con lema accidental o sin él, único o acompañado, como sea”, expresó a
La Democracia.
Agregó que “Montevideo no es, no puede ser, un territorio vedado para los
blancos, porque para ganar tenemos que crecer acá. No es un problema de los
montevideanos, es un tema estratégico para el Partido Nacional. Es territorio
difícil para los blancos, pero no es imposible”. En cuanto a su propuesta,
Gandini expresó que “a un gobierno de partido único, totalmente ideologizado”,
hay que contraponerle un modelo de partido abierto a todos, pragmático,
gestionado por los mejores.
Por Aníbal Steffen
No es habitual que un dirigente del Partido Nacional
anuncie tres años antes de las
elecciones departamentales su determinación de ser candidato a Intendente. ¿Cómo
se explica?
No es habitual en Montevideo. En el Interior, hoy, más o menos en todos lados se
sabe quienes son los candidatos blancos y de los otros partidos. Por lo menos,
los que inician el camino. Quizás la receta para ganar Montevideo tiene mucho
que ver con lo que hacen nuestros compañeros del Interior.
De hecho, el Partido no ha logrado ganar la elección nacional y, sin embargo,
ganó doce intendencias en el Interior. Y el Frente Amplio perdió intendencias, a
pesar de haber ganado el gobierno nacional y habiendo votado bien en esos
departamentos en la nacional.
Entonces algo están haciendo bien nuestros intendentes. Y entre las cosas que
hacen bien, empezar mucho tiempo antes, trabajar desde la gente y con la gente
durante todo ese tiempo, y donde hay gente con problemas y demandas y
actividades sociales, allí están nuestros compañeros. Y lo hacen con los brazos
bien abiertos, tratando de representar más allá de la divisa y del color. Porque
administrar un departamento, tiene que ver con la gestión, con el pragmatismo,
con la ejecutividad, con la confianza de la gente, más que con el color del
partido. Entonces, creo que ese es el camino.
Vendrá el tiempo electoral, no hay que confundir. Llegará el tiempo de campaña
que es otro. Hoy es un tiempo político, de vincularse con la gente y empezar a
construir, de abajo hacia arriba, desde la gente hacia los técnicos, la
propuesta y el sueño que vamos a proponer.
¿En que acciones concretas se traduce ese concepto de
estar con la gente?
Se
traduce también en un camino diferente al habitual. Cuando llegue el tiempo
electoral llegará el tiempo de recorrer clubes. En este tiempo que no es
electoral y en el que tampoco hay clubes, no se trata de recorrer compañeros. Se
trata de acercarse a donde la gente trabaja por sus intereses colectivos o
individuales. Está repleto Montevideo de gente que voluntariamente hace tareas.
Están primero aquellos que tienen un lugar institucional, los concejales
municipales electos junto con el intendente y los alcaldes; los concejales
vecinales, electos en las elecciones del pasado mes de septiembre. Están las
organizaciones típicas, desde las ONG de corte social, los clubes juveniles, los
Caif, aquellas vinculadas a los niños. Pero también están las instituciones
deportivas, sociales…
Hay miles y miles de muchachos y con ellos miles de padres que participan en el
fútbol infantil. Y no hay mejor estrategia para sacar a los niños de la calle
que el deporte. No hay mejor autopista a la integración social que el deporte.
Hay que apoyar. Pero también hay que conocer. ¿De que se trata? De escuchar.
Escuchar, sobre todo, a la gente que está en la gestión de esas actividades.
Saben mucho más que nosotros y tiene soluciones mucho más sencillas para
resolver, para concretar y para hacer, porque tienen la fuerza del trabajo
voluntario y social.
¿Entonces la receta es aprender de la gente?
Es importante, pero no es lo único. Hay que ir con la gente para revincular al
partido.
La última elección nacional, no fue la izquierda contra la derecha o el centro
contra la izquierda. Fue una elección que se planteó en la semiótica de los de
abajo contra los de arriba, lo popular contra lo que no lo es.
Eso es, en la esencia, falso. Pero en la comunicación tuvo arraigo.
Hay que quebrar esos estereotipos que crea la cultura dominante que la izquierda
ha desarrollado y maneja muy bien. El
Partido tiene que, primero, demostrar que Montevideo le importa. Y para eso no
puede largar seis meses antes, comunicarse con la gente por jingles y en tiempo
de campaña.
Segundo, revincularse con la gente en los códigos de comunicación que tienen que
ver con la forma de comunicarse pero también con lo gestual. Lo gestual tiene
que ser auténtico. Cuando se está en campaña, la gente sospecha que es de
plástico, armado y preparado.
Tiene que ser gestual, tiene que ser urbano, tiene que ser auténtico. Eso da
legitimidad. Y la legitimidad es el requisito esencial y primero para conseguir
confianza. Y la gente solo vota a aquel en quien confía. Eso no tiene tiempo;
hay que hacerlo ahora.
No estoy en campaña. Pero empiezo a recorrer el camino, que es lo que anuncié en
la Convención.
¿De qué manera el trabajo en los asuntos de la comarca o
del barrio contribuye a obtener mayor cantidad de votos en Montevideo para la
elección Nacional? Si es que efectivamente hay alguna relación…
La hay. Y de hecho, yo aspiro a que cuando ingresen nuestros candidatos en la
campaña previa a las elecciones internas, o cuando ingrese el candidato único
del Partido a la campaña por la elección nacional, esté acompañado de aquel o de
aquellos que están viendo lo nacional desde lo departamental. Y que incorporen a
sus preocupaciones y a sus discursos la visión de lo departamental. Porque, de
ese modo, también el candidato nacional incorporará en Montevideo, como lo hacen
en el Interior, los temas locales. Porque los temas locales de Montevideo
involucran a más del 40% de los votantes de todo el país.
Entonces influye en tanto colabora con las propuestas, con el discurso y con el
modo de comunicación urbano que tiene que aplicar el candidato a presidente.
En segundo lugar, colabora muchísimo con a legitimidad de la que hablaba antes.
Si el Partido aparece en los barrios cuando estamos en campaña, la gente piensa:
éste viene ahora porque necesita mi voto. Y eso genera desconfianza.
Ahora, si el Partido está mucho antes, a través de aquellos que trabajan en el
departamento todo el tiempo, los cinco años, y después llega el candidato a
presidente, éste va a estar rodeado por aquellos que tienen la legitimidad y la
autoridad para llegar nuevamente, ahora a presentar de modo más cercano a su
candidato a presidente.
Eso es una herramienta. Dependerá después del candidato y de la propuesta del
Partido que eso genere votos. Pero sin eso, es muy difícil generarlos. No
alcanza con la televisión; con la sonrisa del candidato en los programas
periodísticos de las once de la noche, ni con la salida de 30 segundos a través
de un vidrio, en una comunicación unilateral en el informativo. Se requiere el
contacto personal.
Todos los medios de comunicación, incluidas las nuevas tecnologías Internet, el
Facebook, el twiter, los mensajes de texto, los celulares, todo eso no sustituye
el trabajo que hace la infantería, casa a casa, barrio a barrio, ni sustituye la
calidez que tiene estrechar la mano, dar un abrazo, conoce a alguien,
preguntarle por la familia y entrar a su casa. Esas cosas seguirán siendo así
siempre. Aunque estemos conectados en tiempo real por todos lados. Nada
sustituye al contacto personal. Eso le da valor agregado a la actividad
política.
Por razones de escala, de tamaño, la tarea es más fácil en
el Interior. ¿Es posible hacer política así en Montevideo?
Es
cierto que aquí hay que conocer y caminar un departamento que cualquiera de sus
ocho municipios es más grande que Maldonado, por ejemplo. Viven más de 180 mil
personas en cualquiera de los municipios. Sólo en Malvín Norte viven 90 mil
personas, mientras que en Durazno –para tomar un punto de comparación- 55 mil.
En esos edificios mucha gente ni siquiera se conoce. Pero tienen sus reglas, sus
códigos de comunicación, tiene sus liderazgos locales, tienen su cultura local y
tienen sus prioridades.
Bueno, si uno no está allí y no conoce lo que pasa, y no habla a los de allí con
los temas de allí, y habla a todos por igual desde la televisión, se pierde algo
que genera relación y confianza.
Pero además, yo quisiera que al lado de los candidatos a intendente estuvieran
los candidatos a alcalde. Ese no es un tema menor. A mi me gustaría recorrer
Montevideo, dentro de poco, con el candidato o los candidatos a alcalde de ese
municipio. Que ellos me lleven a mí, como yo voy a llevar al candidato a
presidente.
Ellos conocen mejor que yo sus barrios y aspiran a ser gobernantes de cercanía.
Eso me gusta mucho y aporta mucho. No tengo dudas de que mirando lo municipal
vamos a lograr derramar confianza electoral en la elección nacional.
¿Podrá dejar de ser Montevideo el talón de Aquiles del
Partido Nacional?
Montevideo no es, no puede ser, un territorio vedado para los blancos, porque
para ganar tenemos que crecer acá. No es un problema de los montevideanos, es un
tema estratégico para el Partido Nacional.
Es territorio difícil para los blancos, pero no es imposible.
¿Cómo vas a hacer para ocuparte de los temas domésticos
montevideanos sin descuidar tu trabajo en los asuntos nacionales?
Por eso dije que no hay más sábados ni domingos. Unos días hay que trabajar en
los temas parlamentarios –que es lo que permite que la gente perciba que hay un
referente de temas nacionales que se dedica a lo local y departamental- y los
fines de semana y muchas noches hay que estar en los temas departamentales.
Tendré que mezclar mi agenda con esas cosas y, por supuesto, no habrá más tiempo
libre ni vacaciones.
Si uno quiere agregar una foto a la de Fernández Crespo, que es el único que
tenemos, tiene que recorrer ese camino.
Tú lo calificaste de locura en tu discurso a la
Convención. Mirado desde afuera, tiene algo de locura, ciertamente…
Por
eso es hermoso. No hay ninguna tarea repleta de idealismo que no esté llena de
coraje y no tenga una dosis de locura. Cuántos locos han cambiado el mundo, sin
querer ser tan pretencioso. Cuántos son hoy referentes en nuestra historia
partidaria.
Si Saravia hubiera sido cuerdo y hubiera hecho cálculos, tal vez no tuviéramos
voto secreto en el Uruguay.
Es decir, hay en los líderes, a todas las escalas y a todos los niveles de la
sociedad, una dosis de osadía que cariñosamente llamamos locura; pero que es esa
capacidad de asumir riesgos, más allá de lo común, y de navegar con una vela los
políticos tenemos que es la nariz. y ver por dónde hay que ir, por dónde hay que
encontrar el camino. Y tiene además esa cosa hermosa de asumir que uno es un
representante. Y para representar, tiene que conocer lo que la gente piensa. De
ese modo puede liderar.
Y esa locura de querer ponerse al frente de un movimiento departamental que
genere un sueño nuevo, una alternativa, otra ilusión, en una ciudad gris y
agotada, tiene un atractivo enorme.
Que es un poco loco… Y si, lo es. Pero si no lo fuera no sé si valdría la pena.
En tu discurso afirmaste que el modelo frenteamplista de
Montevideo está agotado. ¿Cuál sería tu modelo de gestión para Montevideo?
Frente a un gobierno municipal que ya lleva 22 años, y no creo que mucha gente
quiera que lleve 30, que es un gobierno de partido único –en esta gestión, más
de partido único que en otras- en la que se gestiona por reparto de chacras
sectoriales que confrontan intereses e ideologías y muchas veces se anulan en su
impulso, y además totalmente ideologizado y, por lo tanto, atado a compromisos y
a concepciones superadas por la realidad, hay que contraponerle un modelo de
partido abierto, gestionado por todos aquellos que, vengan de donde vengan,
tratemos que sean los mejores, más allá de su origen y pertenencia, incluso, por
qué no, gente del Frente Amplio. Un modelo pragmático y desideologizado, porque
la gestión de los servicios públicos y de los intereses vecinales es concreta,
práctica, no es de izquierda ni es de derecha: hay que levantar la basura, hay
que podar los árboles, hay que iluminar las calles, hay que darle seguridad a
las plazas, hay que lograr que los espacios públicos no estén confiscado por
gente que vive en ellos e impide disfrutarlos a los que pagan; hay que soñar con
una ciudad en la que los conflictos naturales de la convivencia, el
administrador los pueda resolver pacíficamente, en bien del colectivo. Para eso
hay que meterse con los problemas, hay que querer gestionarlos y hay que
animarse a resolverlos.
Claro, si se llega con compromisos es muy difícil resolver los problemas. Por
eso me imagino un gobierno muy pragmático, desideologizado, con los mejores
gestionando y con algunas líneas maestras que, me parece, tiene que conducir esa
gestión.
El lanzarte de esta manera implica que no haces ningún
tipo de especulación…
No tengo ninguna encuesta…
Me refiero, por ejemplo a las distintas ingenierías
electorales, alianzas, reformas legales etc. que se manejan para que toda la
oposición acumule en las elecciones departamentales para enfrentar al
oficialismo.
Cuando
esas cosas se ponen por delante, impiden que haya tiempo de recorrer el camino
largo y hacer política con la gente. Porque esas cosas siempre se resuelven al
final.
Yo creo que está bien que los partidos exploren las alianzas. Es natural y
legítimo. Pero es una tarea que le corresponde a las cúpulas partidarias, en la
que yo no voy a intervenir.
Con balotaje o sin balotaje, con el sistema actual o con lema accidental, con
uniones y alianzas o sin ellas, el Partido siempre necesita candidato. Y siempre
necesita que alguien o que un equipo trabaje el único acuerdo que gana, que es
el acuerdo con la gente. Si no hay un acuerdo con la gente, si no hay una
sintonía con la gente, si no hay capacidad y legitimidad para representar a la
gente que tiene que confiar en alguien para que la gobierne, las ingenierías
electorales construidas por las cúpulas partidarias terminan en el fracaso.
Que el Partido recorra ese camino, Yo voy a ser candidato con balotaje o sin
balotaje, con lema accidental o sin él, único o acompañado, como sea.
Yo me propongo trabajar el acuerdo con la gente. Si lo logro realizar, me va a
ir bien. Y si no, con cualquier sistema me va a ir mal.
No hay que esperar que alguna de esas ideas se concrete, porque cuando nos
queramos poner a trabajar, vamos a estar en enero de 2015, a pocos meses de la
elección, como siempre nos pasa.
Cruzaste el Rubicón. O sea, ¿esto no tiene retorno?
No tiene retorno. Como dicen los pilotos de avión, pasamos el punto de no
retorno, que es aquel en el cual ya el avión no tiene combustible para volver al
aeropuerto del cual partió. No tiene más remedio que seguir adelante. Yo pasé mi
punto de no retorno.
Una candidatura requiere toda una infraestructura que
implica trabajo, tiempo, dinero, etc. ¿Tienes armada una estructura para eso?
Estos
últimos meses, te diría que desde finales de año pasado, me he dedicado a eso.
Siempre hay que poner debajo de la tierra el hormigón que no se ve, que es lo
que sostiene luego los pilares de cualquier proyecto.
He trabajado mucho en este tema, pensando, diseñando, hasta viajando, tratando
de aprender, para empezar el camino.
Ahora viene una etapa que hay que llenarla de gente, de apoyos de distinta
naturaleza.
Ese es el primer desafío: lograr la motivación en la gente, el entusiasmo
necesario para que la gente colabore y se vincule al proyecto. A la que tampoco
se le preguntará de dónde viene. Y ojalá vengan de cuanto más lejos mejor. Es lo
que el Partido necesita para ganar, gente que se entusiasme y crea en esto.
Gente del Partido Nacional, de los partidos tradicionales y de los que no lo
son. O gente que no tiene partido, gente de buena fe con ganas de hacer cosas
que vota proyectos, vota personas.
Eso es lo que hay que construir ahora, pero sin duda que hay una plataforma y
una infraestructura humana que va a ser el soporte. Que no es necesariamente la
lista 250.
Ya hay gente que no pertenece a la lista y que está colaborando en la tarea.
¿Tu discurso, de ahora en adelante, con respecto a la
Intendencia frenteamplista, va a ser netamente confrontacional?
Primero tenemos que definirla en colectivo. El Partido tiene compromisos en
Montevideo; tiene diputados del departamento, tiene ediles, tiene concejales
municipales, y debemos respetar su opinión sobre cómo tenemos que pararnos
frente a esta gestión municipal. Los decibeles con que expresemos nuestro
rechazo a aquellas cosas que no están bien, creo que es una decisión colectiva.
Pero creo que lo más importante es ser capaces de construir. Yo me voy a
esforzar por decir: esto está mal, yo haría esto otro. Creo que hay que
confrontar modelos y no alcanza con criticar. Hay que ser mejores. La elección
no se gana criticando.
Marcar los errores del que gobierna es un recurso sumamente eficiente de la
política y, sobre todo, compararlo con lo que prometió. Pero con eso no alcanza.
Ya vimos como esta intendenta tuvo 14% de votos en blanco. Fueron todos
frenteamplistas desconformes. Hicieron una manifestación para castigar la forma
en que el Frente Amplio eligió a su candidata. Pero no dieron el paso. No
cruzaron la vereda. O sea que no alcanza con que no hagan las cosas bien. Tiene
que haber algo mejor como alternativa. Ese es el desafío.