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Frente a la promoción de la
Marihuana
Frente a la propuesta difundida desde la Presidencia de la República por
la que se pretende –aparentemente- legalizar la producción y
comercialización de la marihuana, que además la realizaría el Estado,
debemos señalar claramente nuestra posición y además recordar algunos
conceptos e informaciones ya expresadas sobre los efectos negativos de
esta sustancia en la salud física, síquica y social.
Violación de Convención de ONU
En primer lugar, cabe señalar que mediante esta iniciativa -en el caso
de prosperar- claramente estaríamos violando la Convención de Naciones
Unidas ratificada en nuestro país por ley 16.579 de 21 de setiembre de
1994 y en cuyo texto claramente señala que Cada una de las Partes
adoptará las medidas que sean necesarias para tipificar como delitos
penales en su derecho interno “La producción, la fabricación, la
extracción, la preparación, la oferta, la oferta para la venta, la
distribución, la venta, la entrega en cualesquiera condiciones, el
corretaje, el envío, el envío en tránsito, el transporte, la importación
o la exportación de cualquier estupefaciente o sustancia sicotrópica en
contra de lo dispuesto en la Convención de 1961, en la Convención de
1961 en su forma enmendada o en el Convenio de 1971; El cultivo de la
adormidera, el arbusto de coca o la planta de cannabis con objeto de
producir estupefacientes en contra de lo dispuesto en la Convención de
1961 y en la Convención de 1961 en su forma enmendada”.
Después de este texto resulta incomprensible e inadmisible que el
subsecretario de Salud Pública expresara ante la prensa que si adopta
ésta medida no estaríamos violando la Convención.
Respecto a la sustancia
Mucho se habla que la marihuana es una droga de las denominadas
“blandas” y por lo tanto sus efectos no son tan perjudiciales para el
ser humano como otro tipo de drogas.
Para mi información resultaron contundentes algunas afirmaciones
vertidas en la Comisión creada en el parlamento para analizar los
impactos de las adicciones en la sociedad uruguaya.
A ese respecto, el Dr. Guillermo Castro Quintela, quien compareció por
la organización Ser Libre pero que además es responsable del
Departamento de Psiquiatría del Hospital Británico, claramente sentenció
que resultaba una “falsedad biológica” afirmar que la marihuana es menos
dañina que la cocaína por ejemplo. Agregando además que “estamos
hablando de una sustancia que es diecisiete veces más cancerígena que el
tabaco” y que “está demostrado que es probable que la marihuana pueda
desarrollar esquizofrenia en pacientes predispuestos”. Nos alertaba
también respecto a que “entre el 70% y el 80% de los fumadores de
marihuana van a desarrollar depresión mayor en un período menor a cinco
años” con un riesgo aún mayor si hay combinación con alcohol, situación
que es muy frecuente.
Por su parte el Doctor Pablo Fieltz, profesor agregado de la Clínica de
Psiquiatría de la Facultad de Medicina nos informaba que vulnerabilidad
biológica para la marihuana es del 40%, es decir que tenemos un 40% de
chance de tornarnos dependientes de esa sustancia si la fumamos más o
menos frecuentemente, cifra que es sustancialmente mayor a la
vulnerabilidad del alcohol que es apenas del 10%.
Respecto a la banalización que existe hoy en nuestra sociedad frente a
este tipo de sustancias el Director del Departamento de Farmacología de
la Facultad de Medicina expresaba que “como sociedad teníamos la idea de
que no pasaba nada con fumarse un porro pero ahora empezamos a tener
idea de que sí pasa, que cuando los gurises y no tan gurises consumen
una o dos dosis esporádicamente de marihuana o alguna línea de cocaína
generan cambios sobre las propiedades psíquicas de la persona”. Nos
agregaba que “el fumarse un porro provoca cambios en nuestro sistema
nervioso central, en el sistema de manejar y modular nuestra psiquis y
lleva el riesgo implícito de toxicidad más adelante”. Arribaba a la
conclusión de que “el uso agudo de una dosis de marihuana genera cambios
y si hacemos algún test a un sujeto, encontraremos que no tiene memoria
en ese momento y que sufre una alteración en la noción espacio tiempo”.
A eso habría que agregarle una no menos alarmante conclusión publicada
en el diario EL Mundo de Madrid, el 30 de marzo de 2011, donde se
anuncian conclusiones preocupantes de resultados sobre efectos
secundarios de la utilización del cannabis en el tratamiento de
esclerosis múltiple. En estudios realizados en la Universidad de Toronto
(Ontario – Canadá) y publicado por la revista “Neurology” el grupo de
pacientes que utilizó cannabis en el tratamiento de la esclerosis
múltiple presentó el doble de probabilidades de ser clasificados como
individuos con deterioro de sus capacidades cognitivas con resultados
significativamente peores en capacidad de atención, velocidad de
pensamiento, percepción espacial y función ejecutiva.
La progresividad
Es una larga discusión si los consumidores de pasta base comenzaron su
experiencia con las drogas a partir de la marihuana y luego suben el
escalón a otra droga más fuerte; o por el contrario terminan consumiendo
pasta base porque los que comercializan manejan el mercado y con la
ausencia de marihuana colocan otras sustancias.
Lo que no parece tener discusión es que los consumidores problemáticos,
que se encuentran en clínicas de recuperación o rehabilitación, la gran
mayoría comenzaron consumiendo marihuana y luego pasaron a otras
sustancias. También es cierto que muchos consumidores de marihuana no
traspasan la barrera de esa sustancia y se contienen allí (con las
también nefastas consecuencias para su propia salud), pero resulta
imposible saber a priori cuales serán unos u otros y como vimos la
vulnerabilidad a la marihuana es de 40%, cuatro veces más que la
vulnerabilidad del alcohol.
Separar los consumidores
Un argumento fuertemente utilizado es que en la actualidad los
consumidores de diferentes sustancias concurren al mismo proveedor tanto
por la marihuana como por la cocaína, pasta base u otras sustancias. En
esa situación y a menudo a la falta de marihuana terminan consumiendo
otra droga mucho más perjudicial.
SI bien puede ser de recibo el argumento, no tenemos garantías de que
muchos consumidores no continúen concurriendo a esos expendios y sigan
sometidos al riesgo, máxime si tenemos en cuenta que estamos frente a
propuestas de autocultivo, que seguramente no resolverán toda la demanda
de cannabis y que – por un tema de costos y practicidad- va a seguir
existiendo el tráfico y comercio de la sustancia en conjunto con las
otras ilegales.
Argumentos que se pueden trasladar
También me pregunto si los argumentos de que muchos consumidores de
marihuana no son problemáticos y no generan perjuicios para terceros, no
pueden trasladarse a consumidores de otras sustancias como cocaína y
entonces también no podríamos considerar la producción doméstica para
consumo personal, legalizándola y en suma promoviéndola.
Hemos escuchado y leído argumentos acerca de que los fumadores de
marihuana no son consumidores problemáticos, que muchos lo hacen con
total privacidad y sin “perjuicio” para terceros; en un artículo
destacado de un matutino se hizo referencia a decenas de uruguayos con
diversas actividades o profesiones que seguramente fuman o fumaron
marihuana y ello no les habría impedido cumplir con sus obligaciones
sociales y familiares, ni con sus responsabilidades ciudadanas y
profesionales.
A esa afirmación me pregunto y ¿cuántos de ellos subieron el escalón
para consumir cocaína o pasta base?, ¿cuántos de ellos, bajo el efecto
de la droga tuvieron sexo sin protección y contrajeron alguna enfermedad
venérea o SIDA?, ¿cuántos de ellos se vieron involucrados en actos de
violencia o accidentes?, ¿cuántos de ellos la mezclaron con alcohol y
tuvieron consecuencias desagradables para ellos mismos o para terceros?,
¿cuántos de ellos vieron potenciada su depresión y se precipitaron al
suicidio?, ¿cuántos de ellos con el consumo despertaron su latente
esquizofrenia?, ¿cuántos de ellos alimentaron su cáncer de pulmón?, en
fin, ¿cuántos de ellos comenzaron a destruir su vida y tornaron un
calvario la vida de su entrono a partir de fumar un aparente inofensivo
e insignificante porro?
Claro que el daño que se infringen los consumidores a sí mismos no es el
fin del problema, hay un daño sumamente importante y es que generan en
su entorno, a sus familias, a la sociedad toda.
La pregunta es ¿si estamos dispuestos como sociedad a permitir que las
nuevas generaciones se autodestruyan y causen un daño grave o en muchos
casos gravísimo a su entorno? ¿Estamos dispuestos a que nuestro prójimo
se auto infrinja un daño, en muchos casos irreversible?
Esa actitud nuestra podremos catalogarla de permisividad a la
autodestrucción del prójimo o de tolerancia ante la opción del otro por
dañarse a sí mismo o de resignación a que algunos promuevan estas
conductas tan placenteras como riesgosas.
Me gustó mucho la respuesta del Dr. Eduardo Casanova refiriéndose al
argumento de que liberando o legalizando la marihuana se desplazaría a
las drogas más nocivas, a ese respecto dijo que “el argumento teórico
aplica el modelo de “ética de mínimos” para elegir “el mal menor”, en
este caso la marihuana. Sin embargo para la salud, definida como bien de
referencia, no existe el “mal necesario” para orientar políticas de
salud. Esto es así porque el mal, aunque sea menor, como carencia de
bien, no existe; y la salud, como “calidad de vida”, es un concepto
cualitativo y no cuantitativo.”
Antes de darnos por vencidos frente a este tema y comenzar a retroceder
frente a las diferentes sustancias creo que tenemos un gran asunto
pendiente: la educación y formación para la prevención. En este sentido
ha habido esfuerzos muy bien intencionados pero aislados y con escasos
resultados; creo que deberíamos adoptar una política de Estado en ese
sentido en función de que tenemos en juego la salud y la calidad de vida
de las actuales, pero sobre todo de las futuras generaciones.
Dr. Gerardo Amarilla
Representante Nacional
Anibal Steffen
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