Columnistas  20/7/12 - Nº 118                      

Novedades en el Norte

 

Michael Castleton

Se realizaron las elecciones generales en Méjico. Triunfó el PRI luego de 10 años de gobierno del PAN.

Es llamativo que los mejicanos vuelvan al partido, en algunas cosas similar a nuestro partido Colorado, luego de que ocupara el poder durante 70 años.

El Partido Revolucionario Institucional fue arquitecto, en el error o en el acierto, del estado mejicano. Por desgracia, muchas veces también institucionalizando la corrupción y el mal manejo de la cosa pública.

Sin embargo, el partido fundado por Plutarco Elías Calles y modernizado por Lázaro Cárdenas llevó a ese gran país de la postración post - revolucionaria a algo parecido a un estado moderno. Lo cual no es, ni fue, poca cosa.

El joven Enrique Peña Nieto tiene una enormidad de temas a enfrentar. Quizás el más serio es cómo manejar la política anti-droga heredada de su predecesor del PAN Felipe Calderón.

Calderón resolvió en su momento enfrentar a los zares de la droga. Entró seguramente sin quererlo en una verdadera guerra interna de inusitado salvajismo que ya lleva más de cincuenta mil muertos. Una verdadera barbaridad.

El problema para el novel presidente mejicano es que no puede de manera alguna dejar de lado la ofensiva contra los carteles de la droga por el sencillo motivo que de hacerlo peligraría el propio estado mejicano y Méjico correría el serio peligro de convertirse en un narco estado.

Esta alternativa está obviamente fuera de toda discusión. Por lo tanto al Sr. Peña Nieto le esperan años difíciles, más, con la absurda política de su vecino del norte con respecto a este tema. Vecino del norte que dice luchar contra las drogas pero provee de armas a los narcos y hace poco y nada contra la raíz del problema de los narcóticos, el consumo dentro de su sociedad.

La otra gran novedad entre los vecinos del norte de nuestro continente son las elecciones casi inminentes en los Estados Unidos.

Por un lado el gran empresario Romney y por el otro el presidente actual Obama.

No es en realidad un enfrentamiento entre el 'establishment' del noreste y los más radicales demócratas como algunos lo pintan. Es en realidad al revés.

Es Romney por su condición de Mormón practicante quien representa lo revulsivo mientras que Obama parecería más la figura tradicional.

Sea como sea, lo complicado en el gran país del norte son las viscerales diferencias entre los dos partidos, Demócrata y Republicano, que dificultan la marcha de ese gran país hasta en las cosas más nimias. Esto deberá cambiar si los yanquis han de salir de los problemas presupuestales que hoy tienen.

Aventurando una opinión todo parecería indicar que el Sr. Obama volvería a la presidencia no tanto por sus propias condiciones sino por la poca confianza que despierta el Sr. Romney entre la gente de la calle que son los que definen las elecciones. Como dicen algunos, 'la gente se tapará la nariz y votarán a Obama'.

Por lo tanto en este año habrá instancias electorales en dos de los países del hemisferio norte de nuestro continente.

Sea quien sea victorioso en Estados Unidos, éste deberá repensar y dinamizar no sólo la cuestión de los narcos sino la integración con su vecino al sur.

Hoy esto no está bien visto por muchos ciudadanos norteamericanos quienes se vuelven cada vez más aislacionistas pero es inevitable. La integración forzosa de raza y cultura que se ve en los estados limítrofes con México se extenderá forzosamente por toda la Unión, más con casi cuarenta millones de latinos ya establecidos en ese país.

Méjico, su nuevo presidente y el presidente Obama deberán buscar los caminos menos traumáticos para integrarse. Demorará más o demorará menos pero tal cual están las cosas es inevitable.

El tema de la droga deberá ser enfrentado y vencido, probablemente con alguna forma de legalización de las drogas sociales.

Se deberá parar el flujo de armas de norte a sur. Se deberán integrar sistemas de transporte e infraestructura. Los yanquis deberán resolver el tema de la inmigración ilegal ya que de no hacerlo se quedarán sin la mano de obra no calificada que en los estratos más bajos de su sociedad permiten que funcione.

Los mejicanos deberán reimponer el principio de la autoridad del estado en todo su territorio y deberán atacar frontalmente el fenómeno tan difundido de la corrupción en su país.

Lo importante es que tanto EE.UU. como Méjico deberán darse cuenta que ninguno de los dos va a desaparecer y que seguirán siendo vecinos y socios por el futuro previsible y como tales deberán convivir y adaptarse el uno al otro.

Sin duda habrá novedades en el hemisferio norte de nuestro continente en el futuro. Esperemos que todas buenas.

No debería ser de otra manera. Es importante para todos los latinoamericanos, hasta aquí, para nosotros, en el sur profundo.  Michael Castleton
 


 

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