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Magos
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Lic. Verónica Alonso |
En 1980 el mago David
Copperfield hizo desaparecer un jet de siete toneladas en lo que fue
considerado el truco más impactante hasta ese momento. Veintidós años
después el gobierno frenteamplista hizo palidecer ese logro, haciendo
desaparecer una aerolínea entera, con 13 aviones de 30 toneladas cada
uno.
La hazaña de Cooperfield tomó 12 años de práctica, pero nuestros
prestidigitadores locales lo hicieron en solamente 7 años de gobierno.
De todas formas hay que reconocer que el mago norteamericano se cargó la
responsabilidad de su acto en solitario, mientras que aquí se necesitó
un gran equipo, que combinó magistralmente desidia e ineptitud (y la
justicia de dirá qué más) para lograr semejante hazaña.
Lo hizo, para deleite de las familias, al comienzo de las vacaciones de
julio; así ninguno de los 70.000 uruguayos que dependían de la aerolínea
se pierden el entretenimiento en toda su magnitud.
Por supuesto el estado no devolverá un peso a nadie, porque como nos
tienen acostumbrados los últimos en la cola para cobrar son los que
realmente lo merecen.
La salida de Leadgate como socio mayoritario no fue el comienzo de la
crisis, sino uno de los últimos capítulos de algo que se viene gestando
desde muy atrás. Sin dudas la agonía y posterior defunción de Pluna
tiene raíces desde la entrada misma del consorcio.
En el año 2007 se le otorgó al señor Campiani y su grupo el control de
la aerolínea.
Las credenciales de los nuevos socios para generar confianza en ese
momento eran sumamente dudosas. Sin embargo el ministro Rossi entregó la
mayoría de la empresa y el control total de su gestión por adjudicación
directa, saltando olímpicamente todo forma abierta de selección que
pudiera dar algo de transparencia al proceso.
Continuando con los disparates, el estado (cuya participación era
solamente del 25%) termina por hacerse cargo de la garantía por la
compra de 7 aviones, valor U$S 180 millones.
Progresivamente los rimbombantes anuncios se incumplían y el plan de
negocios de la empresa se convirtió en algo risible por su distancia con
la realidad.
Se cancelaron los vuelos a España y Montevideo no estuvo ni remotamente
cerca de convertirse en un hub de la región, entre otras iniciativas
nunca concretadas. Nadie desde el gobierno puso los puntos sobre las íes
mientras esto ocurría.
Se configuraba así una situación que anunciaba el fracaso desde el
inicio: el estado asumía riesgos y pérdidas mientras Leadgate cosechaba
lo que pudiese ganar, sin rendir cuentas, medir riesgos ni reparar en
posibles pérdidas. Los nuevos socios aprovecharon ampliamente esta
situación para perjuicio de todos los uruguayos, ante la mirada pasiva
del anterior y el actual gobierno.
Como epílogo de esta triste relación Leadgate abandonaba Pluna dejando
un patrimonio negativo de 11,5 millones de dólares y sale impune, con un
acuerdo firmado con el gobierno que lo exonera de reclamos judiciales a
no ser por delitos penales.
El golpe final lo desata el supuesto éxito de una demanda de antiguos
trabajadores de VARIG, cuya anterior relación con Pluna los hace
merecedores de una compensación cercana al millón de dólares.
Ante esto el gobierno asume que los costos por posteriores reclamos
pueden ascender a U$S 3500 millones y firma el certificado de defunción
de Pluna ipso facto.
Quedan cabos sueltos por todos lados en esta historia, comenzando con la
duda de si no se pudo hacer una gestión más inteligente en los últimos
días para salvar a nuestra aerolínea de bandera, con 75 años de servicio
y un impecable récord en materia de seguridad.
También si las cifras y riesgos que se manejan son tales; el gremio de
funcionarios de aviación civil brasileña aseguró que lo cobrado hasta
ahora y la cifra a la que podrían ascender las demandas son muchísimo
menores de lo que afirma el gobierno.
¿Fue éste el único final
posible o el de menor costo para todos los uruguayos? ¿Se contaba con la
información correcta para decidir o se procedió de forma impulsiva por
otras motivaciones?
Son justamente las responsabilidades penales las que quedarán por verse,
ya demostradas la ineptitud y el manejo irresponsable de los fondos
públicos.
Lamentablemente, y como en tantas otras ocasiones, alertamos a tiempo
desde el parlamento sobre esta situación. Pero con ministros “blindados”
y gobiernos vacunados contra el reconocimiento de errores el camino se
repite: error tras error y negación hasta que el fracaso es
indisimulable y tiene el mayor costo posible.
Bajo la alfombra de la urgencia el gobierno quiere barrer ahora todo
este asunto y apurar un proyecto de ley para la subasta de lo que queda.
Y sin dudas no habrá votos del frente amplio para una comisión
investigadora a pesar de lo escandaloso del tema.
Nosotros no vamos a votar
cualquier cosa que nos pidan y menos a dejar de lado la lógica intención
de que se investigue a fondo y se aclaren responsabilidades, sea en el
ámbito que sea.
Lo que vamos a hacer es el mayor esfuerzo posible por recuperar la
conectividad área, por ayudar a los 900 trabajadores de la empresa y a
todos los perjudicados por su cierre.
A los magos de este gobierno va a haber que vigilarlos de cerca, porque
este no es el mayor truco que tienen entre manos. Están muy cerca de
lograr la desaparición de la educación, la salud y la seguridad,
mientras con su talento de ilusionistas nos venden “el país de primera”
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