Columnistas  3/8/12 - Nº 119                         

 De lo que no se habla  

Raquel Trobo

Es tanta la diferencia que tenemos con nosotros mismos, que ni siquiera captamos cuánto hemos cambiado. Además de tener esta convicción, vamos a decir algo que probablemente a nuestros más altos dirigentes, les suene sacrílego: este país es antiblanco.


Primero que nada, y antes de empezar a conversar .


No importa cuán fuerte suene, porque es tan cierto que rompe los sentidos. Remontémonos a tiempos anteriores para seguir el proceso: los uruguayos todos, aprendimos mucha cosa desde el coloradismo, que gobernó sin interrupciones casi un siglo; hizo un espacio de ocho años y volvió al poder para instalarse por 7 más (luego vino la dictadura, pactos varios y retomó de nuevo), nos dio la oportunidad de 5 y después le pasó la posta a la izquierda en el 2005.


Decimos así, porque no es necesario demostrar que la “siniestra” uruguaya tiene mucho de batllismo y éste, otro tanto de pensamiento izquierdista.


Pero los Blancos somos terruñeros. Suficiente motivo éste para que se nos diga tradicionalistas, conservadores y de derecha. Todas nominaciones embromadamente antojadizas, pero que elaboraron un perfil: aquel que se nos quiso dar.


Que somos de origen campero y no citadino es bien cierto. Pero el coloradismo que transó y transó tantas veces –dentro y fuera de fronteras- tuvo que vérselas con nosotros, aunque su tipo de fuerza le diera variados triunfos. Era el poder, contra la defensa de lo telúrico. Y fuimos Defensores de las Leyes y lo somos también hoy.


Precisamente es ese componente el que nos otorgó el prestigio que nos hace prevalescer; el mismo que hace que toda vez que arde el barco, nos vengan a buscar.
Pero ¿cómo podíamos salir indemnes de tanta tarea siempre en el llano, es decir sin fuerza real suficiente (poder) y al mismo tiempo, dejar en la gente imágenes mejor compuestas?


Desde el Estado se explicaban las revoluciones nuestras, como alzamientos de gauchos brutos, ante la cultura que desplegaba el intelectualizado grupo dominante. Como decimos, un tenaz tratamiento peyorativo. Muy similar al que hoy prodiga la izquierda, hacia todos quienes no estamos con ellos.


Llegada la mitad del siglo pasado, ya cabalgaban las banderas de la izquierda con gran soltura en Montevideo primero y luego en todo el país. Así, las cosas, pasado el segundo gobierno Blanco, surgió radical un frente de izquierdas con alto aporte Colorado y un par de Blancos tibios que le integraban. Es decir, contándolos a todos, avanzaba una Inmensa porción de uruguayos con la que no teníamos afinidades y sí, su rechazo firme.


Para mejor, exhibíamos raíces católicas, algo totalmente falto de recibo por frenteamplistas y colorados. Fue entonces que el “antiblanquismo” se radicalizó: ambos se disputaban –se siguen disputando- el trono por desprestigiarnos.


Tal estado de cosas no nos destruyó, por cierto, aquí estamos, aunque las herramientas que tuvimos, hoy no nos sirven para trabajar para y con la gente. Se nos han vuelto mochas las tijeras; romas las puntas; lisos sus filos.

 

Claro que esta circunstancia no es privativa de los Blancos, el espectro político entero, ha sido descalificado por el “progresismo” De tal modo que aquello no tiene su cuño, es desatendido u observado con vuelo rasante.


Este es el centro neurálgico del tema que queremos abordar ahora. Estamos viendo esfuerzos importantes de altos dirigentes nacionalistas que, de no considerar este asunto, pueden estar yendo hacia un naufragio.


Se trata de considerar que hoy, el pueblo no Blanco, (en la casi totalidad de sus niveles, y en porción importante), antes de escucharnos, nos rotula, como quien ve en un frasco la etiqueta con la calavera, dejándole donde está, sin siquiera saber qué contiene. Por eso, hasta la envoltura del paquete que ponemos en la vidriera, debemos detenernos a considerar. Sepamos que muchas ideas que manejamos, pueden volverse instintivamente repelidas, ante nuestra grifa.


Partamos de la base de que hay firmes mecanismos de defensa, frente a toda oferta que de tiendas blancas provenga. No hay en el planteo que ensayamos alarma gratuita; ni un ápice de exageración.

 

Con el panorama así interpretado, podría ser muy acertado contar con sociólogos, que tomen conocimiento del fenómeno (aunque con la condición que sean libres de pensamiento y no germinados en las universidades locales).


Mejor ello, que terminar en los casilleros que nos dispongan los burócratas para “organizarnos”, ya que desde ese enfoque, se arriesga hasta cambiar nuestra naturaleza y pensamos que no sería lo mejor.


Parecería que el primer paso del encare que proponemos, podría ser intentar hacernos más visibles, para después recién, volvernos bien audibles.


Tampoco se trata de vestirnos de frentistas, como hemos visto a muchos dirigentes así ataviados. Sí, es necesario, aumentar la convivencia con los más; propugnar al aumento de confraternidad en múltiples escenarios, por ejemplo fomentando la ocurrencia de actos culturales en todo el país, encuentros musicales; exposiciones populares de artesanos y artistas.


No es novedad ,que lo cultural fue utilizado para el copamiento nuestro, por lo que sería muy bueno desconstruir ese camino: Bueno, para hacer política partidaria en este caso, y mejor para la gente, que ya ni sabe qué cree, ni en quién, desconociendo qué cultura es nuestra y cuál de penetración, desde el exterior.


Es básico tener claro cómo es el “hombre nuevo” que ha sido creado. Darnos cuenta (sobre todas las cosas) qué necesita el uruguayo actual y cómo ofrecérselo.


No será con cartelería llamativa, ni voces estridentes que hagamos camino hacia la victoria. Es verdad que una parte de la ciudadanía, responde a métodos así; pero esa, es gente que está libre de la campaña de vacunación frenteamplista: y sabemos que se trata de una minoría.


La concientización de que venimos hablando, empezó en los sesenta con los pre-escolares; les acompañó en escuelas, liceos y toda la trayectoria que hicieron. Se trata de cincuenta años de custodia en libros de texto, profesores y programas, dirigidos con persistente afán. Amén de teatro, folklore, ferias, ONG`s poetas y novelistas, etcétera.


Tal situación va a haber que tenerla permanentemente en cuenta, para captar resistencias y soslayos que se nos dediquen, hasta ingenuamente y con la mayor naturalidad.


Llegado a este punto tememos -porque ya nos ha sucedido- que las presentes reflexiones hagan suponer que se está hablando de algo insoportablemente lento, o que de aquí a las elecciones, no hay tiempo para ello. A eso decimos que, vayamos haciendo camino al andar y mantengamos el alerta. Lo dicho: crear consciencia y no distraerse, es la base del acierto.


Siempre habrá un resultado y especialmente, detendremos el largo proceso que, hace más de cien años, se inició en nuestro desmedro.  
 Raquel Trobo

  

Boletín  Electrónico de La Democracia digital

Gratuito

 


 

Síganos en Facebook