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Columnistas  11/4/14 - Nº 154                                            

   

Dr. Pablo Abdala

 

 

La nueva 250

 

 

 

 

A menos de 50 días de las elecciones internas del primero de junio es legítimo hablar de cuestiones electorales. Es lógico, además, que los partidos políticos realicen sus aprontes y que, en las internas de los mismos, los grupos se organicen para comparecer a las urnas y se construyan alianzas y entendimientos electorales.

Tales alternativas son siempre legítimas. Después de todo, la historia de la política ha sido la de los acuerdos que posibilitan avanzar y, en paralelo, van construyendo la historia. No obstante, adquieren una legitimidad especial, y particular vigor y fuerza, cuando se asientan en coincidencias referidas a ideas, estilos, contenidos o identidades. Tanto mayor es, además, dicha legitimidad, cuanto más profundas resulten las aludidas coincidencias.

Buen ejemplo de lo descripto es lo que aconteció esta semana con la constitución de la nueva lista 250, conformada a partir de la convergencia de los grupos que representan Jorge Gandini, Ana Lía Piñeyrúa y quien esto escribe. La misma fue anunciada y presentada en una ceremonia que tuvo lugar en las remozadas instalaciones de Kibón, y que estuvo pautada por el entusiasmo y la esperanza.

La nueva 250 nació para trabajar por algunos objetivos bien concretos. Entre ellos, contribuir de mejor manera en Montevideo, y aportar en forma más incisiva, al triunfo del Partido Nacional, a que el senador Jorge Larrañaga asuma en su nombre la presidencia de la república el próximo 1º de marzo, y a la obtención del gobierno de la capital en mayo de 2015, que también está para ser conquistado.

Por cierto, nada de lo señalado, a pesar de constituir metas ambiciosas, representa un fin en sí mismo. Nada de eso sería la culminación de algo sino solo el comienzo, pero la victoria de Jorge Larrañaga y del Partido Nacional resultan absolutamente indispensables para que el país encuentre su rumbo, supere la situación de desorientación y vacío a la que lo ha conducido el Frente Amplio, y esté en condiciones de responder a las necesidades elementales de su gente.

A eso se dirige la sumatoria de esfuerzos y la conjunción de voluntades que cristalizó en Kibón el pasado martes.

No obstante, la actividad política requiere, aún cuando la identidad de propósitos exista, una mínima dosis de alquimia que permita que los hechos acontezcan con natural espontaneidad, lejos de cualquier imposición artificial.

No cabe duda de que la nueva 250 es una realidad porque había una necesidad de que así fuera, y porque el Partido Nacional lo demandaba ante los desafíos del momento.

La responsabilidad que representa para los nacionalistas los comicios que vienen, a los cuales llegamos como opción real de gobierno y alternativa verdadera al Frente Amplio, nos obliga a mirar más alto y a optimizar recursos y fortalezas, sumando, para llegar donde la gente espera que lleguemos. En definitiva, para practicar en los hechos que “la unión nos hará fuerza”, como manda nuestro escudo.

Con Ana Lía y Jorge Gandini no fue difícil concretar esa unidad. Es más, advertíamos e intuíamos, desde hace tiempo, que esto o algo similar habría de ocurrir. Una mirada común de la realidad nacional y de los problemas de Montevideo, un estilo semejante en la forma de hacer política, sensibilidades compartidas, y una vocación inconfundible por ver al Partido en el gobierno del país y del departamento, alimentaron aquella perspectiva.

Obvio es decirlo, esos no son rasgos que nos pertenezcan en exclusividad, entre otras razones porque no pecamos de soberbia. Son atributos que anidan en la colectividad, y en los cuales nos hemos formado dirigentes de todos los sectores – de antes y de ahora – que somos hijos de la unidad y no de la división, y que hacemos del servicio público y de la militancia partidaria la forma de vida que hemos escogido con alegría y con orgullo.

Como decíamos, no estamos solos ni somos los únicos, pero con ello se identifican nuestra generación, la generaciones que nos siguen a nosotros, y todos los que componemos la nueva 250.
Al decir de Jorge Larrañaga, estamos prontos. Para servir al país, con el Partido Nacional en el corazón.
   Pablo Abdala

 

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