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Columnistas  11/4/14 - Nº 154                                            

Ruben Castelli

 

 

 

El último héroe

 

 

 

Uruguay es el país de las sorpresas y de las cosas imposibles de comprender. Y en esas cosas que no se pueden comprender, encaja quien desde hace cuatro años y monedas fuera ungido por la voluntad ciudadana como Presidente de todos los uruguayos, el señor José Mujica.

Y dentro de este estado nos encontramos quienes un día sí y otro también debemos resignarnos a acatar decisiones, posturas, leyes y decretos que luego son impugnados y declarados inconstitucionales.

Debemos oír hoy, que se está rodando un documental que tendrá por nombre y basándose en la personalidad de Mujica como “el Último Héroe”.

Y uno a esta altura trata de entender el por qué de esa definición, que desde la época de la escuela nos enseñaron que su significado tiene que ver con alguien admirado por sus hazañas y virtudes.

Que los uruguayos sepamos, las hazañas de Mujica se remontan a sus años jóvenes, en los cuales se dedicó a delinquir y atentar contra las instituciones democráticas, no fue un demócrata, no fue un obrero, un trabajador, un líder sindical, fue lo que hoy se le dice en el ambiente periodístico y de las crónicas policiales como un malhechor.

Y no es que le faltemos el respeto, pues estamos analizando la palabra héroe y preguntarnos ¿que tuvo de heroicidad el pasado de nuestro Presidente?

La Historia reciente, de la cual la izquierda vernácula uruguaya quiere que asimilemos, hace a groso modo una mención al accionar del MLN en los 60 y principios de los 70 y ahí no aparece ni un solo héroe que se apellide Mujica, como para que se lo tilde como tal.

Quieren hacerles creer a los más jóvenes que el Uruguay se formó a partir del 2005, momento en que el Frente Amplio asume el gobierno y comienza a descalificar todo lo que aportaron significativas figuras de los partidos tradicionales, forjando el desarrollo de un gran país, al que pretenden con “ideas progresistas”, condenarlo al retroceso.

También en la escuela nos enseñaron a que entendiéramos la palabra virtud, que es otra de las características que encaja en el rol de héroe. Y dice algo así como de buena conducta, comportamiento que se ajusta a las normas o leyes morales.
Volvemos a lo de líneas arriba y el lector sacará sus propias conclusiones para no ser reiterativos.

El soberano que pretendía un cambio apostó a este hombre que hoy con su cuerpo cansado y baleado, no puede controlar a su fuerza política, que a diario amanece sobresaltada por las desalineaciones de dirigentes, que tienen menos votos de los que el alma pronuncia y se la dan de grandes políticos, embretando al mandatario y su entorno.

A eso se le debe sumar la frialdad esgrimida por Tabaré Vázquez, quien se hace el distraído y no opina en el área metropolitana del comportamiento de los ocupantes por estos tiempos de la Torre Ejecutiva.

Alguien, trata de vender fuera de fronteras a un Mujica humilde, bonachón, cuando los de adentro sabemos lo que le ha costado al país sus actitudes y su lenguaje de chamullo canero.

Mujica en cada una de las normas o preceptos de obligado cumplimiento que una autoridad debe establecer para regular, obligar o prohibir una cosa, generalmente en consonancia con la justicia y la ética, ha fallado, ha defraudado al soberano borrando con el codo, lo que con la mano se escribe.

Los últimos acontecimientos, como el perdonarle la deuda al empresario Casal, el golpe de estado en la AUF con la caída de uno de los mejores ejecutivos que ha tenido la casa rectora del fútbol nacional, la postura del Vicepresidente Astori y su pensamiento respecto a estos temas, presagian una pasada permanente de facturas, hasta el último día de gobierno.

Pretendiendo disminuir el impacto negativo, Mujica salió a decir que con el fútbol no se metió, que lo hizo con la tribuna, agitando aún más las aguas.

Tras cartón lo que se preveía llegó en la cresta de la ola. Los procesamientos del ex Ministro Lorenzo y del ex Presidente del BROU, Calloia, por abuso de funciones por el Plunagate.

Mujica será un héroe y en este caso el último, si logra salvar a su fuerza política, que más bien hoy se parece más al sainete del dramaturgo rioplatense Alberto Vacarezza, “el Conventillo de la Paloma” que a un partido gobernante.

Por último tratar a Mujica como el último héroe es faltarle el respeto a quienes dieron sus vidas por la Patria, en defensa de la libertad, las leyes y la democracia. Hoy es el Presidente que eligió una mayoría de los uruguayos y para la cual gobierna, el resto nos sentimos desplazados por la soberbia e indiferencia que demuestra el gobernante ante los grandes temas nacionales.

Mujica debe entender que la democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás.    Ruben Castelli

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