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Columnistas  11/4/14 - Nº 154                                            

     

Raquel Trobo

 

 

Camino al linchamiento

 

 

 

 

 

Nuestra sociedad es más callada que elocuente, para gritar la desaprobación, pero ha comenzado a funcionar su sistema de válvulas de escape. Veamos el proceso: Hace ya mucho tiempo, se nos viene insuflando bronca abstracta.

Las canciones de protesta de los sesenta, eran eso: manija y manija, contra lo que no sucedía…hasta que lo hicieron suceder. La génesis del logro del enfrentamiento, de todos contra todos.
 

Hubo guerrilla gratuita y golpe de estado de yapa, por un puñado de irresponsables que jugaron al “poliladro”. Pero claro, quedó la huella y luego sembraron, en la tierra arada por ellos mismos.


Lo cierto es que toda esa tremendidad de odio, resultó ser el componente más característico de la idiosincrasia nacional de ahora. Al mismo tiempo, magistralmente, el régimen nos quitó la seguridad. Así, el binomio odio-inseguridad viene reinando.


El delito, es justificado desde arriba, por la “compasión” que se tiene por el delincuente, en razón de que se forma en un entorno generador de crímenes.

 
Es muy cierto, pero ¿en 10 años, qué han hecho para evitarlo? No se les da hábitos de convivencia; ni valores humanos, ni esperanzas; hipócritamente se les pasa la mano; muchos reciben apoyo económico, pero cuando caen detenidos, van al infierno más indescriptible, que luego los lanza mil veces peor.


Es así, que aumenta la violencia en las calles y en la familia. Las autoridades que dicen preocuparse por el asunto, aconsejan, que no tengamos armas. Pero la gente –si bien no sale a protestar como debiera- está entre la espada y la pared y apela pues a la defensa propia, algo que es normal en todo ser vivo.

 

Tal cosa, nos ha llevado a un primitivismo, negador de la civilización conquistada por decenas de miles de generaciones, de todo el Planeta.


Hoy, andamos aterrados, mirando si tras los árboles o en los zaguanes, se esconde algún maleante…para –si es posible-pegarle antes.
Un suceso ocurrido en la Plaza Independencia de Montevideo, ilustra el nuevo talante de la población: Un ladrón le arrebató el bolso a una mujer, que iba llegando a la calle Sarandí. Ella gritó tan fuerte que alertó a los muchos que por allí caminaban.

 

Metros delante, iba un sujeto corriendo con su presa; como al unísono, quince o veinte personas corrieron casi cien metros al hombre, que acorralado tiró la cartera y bajó por una lateral.


Es para preguntarse ¿A cuánto se estuvo de un linchamiento? Tal vez venga la inspiración desde la Argentina, donde cada día se registran varios. Un escalón más, hacia el salvajismo. Se destapó la válvula y la gente suspira aliviada: seguro que murmura “uno menos de éstos”.


¿Y lo ocurrido en el fútbol? Otra de las caras de una sociedad envenenada de bronca, que sólo encuentra sosiego en el golpe, la sangre, la caída del circunstancial enemigo, que puede ser cualquiera, que se le cruce en el camino.


Rabia que viene de “arriba” y se adentra, nublando los sentidos. Estamos diciendo que este fenómeno, ha sido construido con la frialdad de “un bufoso”, por energúmenos que ofician de políticos, inspirados por mentes dictatoriales, que con tal de estar siempre en el poder, aplastan a la sociedad, para que ésta les obedezca.


He aquí, la obra solidaria de la izquierda, que gobierna para favorecer a los más necesitados.
  Raquel Trobo

 

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