Columnistas 29/08/08 - Nº 32

Ante el mal uso de las potestades sindicales

En anterior comentario se analizó la forma adecuada que, en nuestro régimen constitucional, se estructuró el conjunto de normas orientadas a instaurar un sistema de garantías y derechos de los trabajadores, y también de las entidades que los agrupan, para hacer eficaz la defensa de tales garantías y derechos, algo que ciertamente prestigia nuestro sistema constitucional. Paralelamente se hizo entonces alusión a que, no obstante estar sus garantías, derechos y vías para su amparo debidamente estructurados en dicho régimen, los trabajadores y sus entidades sindicales es frecuente que invoquen potestades que rebasan los límites correspondientes; también que los sindicatos actúen influidos por criterios de índole política que, sin lugar a ninguna duda, están fuera de lo que corresponde, pues al respecto no se suele advertir que si bien el derecho de los trabajadores a actuar, en lo personal, en materia política, existe con plena libertad, ello no es extensible a los sindicatos; consecuentemente, no se guarda la debida distancia y el indispensable respeto entre las actitudes meramente personales y las que corresponde a las entidades sindicales.
En materia de potestades es frecuente, se reitera, que se invoquen potestades que van más allá de lo pertinente, y que se pretenda imponer decisiones que no corresponden sino a quienes tienen las facultades de dirección en cada emprendimiento o empresa; y si bien no son siempre en sí mismos indebidos tales planteamientos, sí lo son al respecto las exigencias desmedidas e intransigentes. También causan problemas aquellos pedidos que no tienen en cuenta que no siempre es posible atenderlos sin previamente aguardar un razonable lapso de adaptación.
En toda negociación, el olvido de que la transacción debe estar siempre presente para el logro de una culminación razonable, que además preserve las buenas relaciones entre las partes, suele tener resultados negativos, porque alarga desmedidamente los conflictos y además afecta desfavorablemente el ambiente de trabajo.
La realidad actual en materia tan importante, por el alto número de conflictos, por la extensión de los sectores abarcados, por los inconvenientes que de ellos se derivan, por el tiempo transcurrido desde que comenzaron, es sin duda muy severa. Téngase presente, por ejemplo, el caso del conflicto de los funcionarios municipales de la capital, o el que ha afectado muy severamente servicios quirúrgicos; y muy especialmente que hasta se ha llegado, nada menos, que a la paralización de servicios policiales, y se podrá apreciar que la realidad presente en esa materia es ciertamente muy alarmante.
Por ello corresponde formular un llamado a la realidad, y por encima de todo a la prudencia, a los trabajadores, a sus entidades sindicales y obviamente a quienes las orientan. Pero además fundamentalmente a las autoridades públicas, pues en medida no despreciable el panorama que se aprecia actualmente no es ajeno a la forma equivocada en que actuaron en materia tan importante.

 

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