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¿Un problema europeo?
Entre los juegos olímpicos y el
clásico párate veraniego del agosto europeo la situación en Georgia no ha
recibido quizá la cobertura mediática que debería.
La situación actual al 25 de Agosto que es que Osetia del Sur parece que
será anexado por Rusia y que hay tropas y blindados rusos en Georgia
misma. Rusia promete retirarlos sin que ello se constate en los hechos.
El problema central en este asunto, si bien concierne a Georgia, sin duda
no queda ahí. El problema es la relación de Rusia con lo que ellos llaman
el extranjero cercano. Una curiosa nomenclatura para toda una serie de
países que formaron parte gracias al despótico expansionismo Staliniano,
de la fenecida Unión Soviética. Para ejemplo basta citar los países del
Báltico, Estonia, Lituania y Latvia, Chechenia, Armenia, Georgia y hasta
Ukrania.
Estos países muy en contra de la voluntad de la grandes mayorías de sus
pueblos fueron parte de la Unión Soviética. Hoy con una creciente
asertividad que sólo puede preocupar a Occidente, el gran oso ruso
parecería querer volver a integrarlos a su dominio político y económico.
Cuando la dictadura de Stalin, muchos de estos países fueron receptores de
considerables números de pobladores rusos que pasaron a constituir
porciones significativas de su población sin realmente asimilarse a los
mismos. En una acción de dudosa legalidad Rusia efectivamente ha entregado
pasaportes de su país a pobladores de origen ruso en Osetia. De esta
manera dando verosimilitud a sus declaraciones sobre su voluntad nada más
de proteger a sus ciudadanos de las arbitrariedades georgianas.
Ésta es la misma teoría que sin ambages esbozaba Hitler cuando hablaba de
los Volksdeustcher, alemanes étnicos que habitaban en gran número Ukrania
y cuyos intereses el nazismo decía defender al invadir la Unión Soviética
en el año 1941 Es bueno acordarse de que varias divisiones Ucranianas
lucharon del lado alemán contra el opresor soviético, al igual que
Rumanos, Húngaros, Polacos, Franceses y Españoles.
Rusia desde tiempos inmemoriales ha sido el poco hábil, malhumorado oso
del norte que cada tanto salía de su aislamiento y xenofobia para de un
zarpazo quedarse con algún pedazo de territorio que le interesaba.
Siempre, desde que se ha organizado como país, Rusia ha sido expansionista
por un lado y, muy importante además, nunca ha dejado de buscar un
verdadero puerto de aguas templadas. El problema siempre fue su manifiesta
incapacidad de estar a la altura de las circunstancias como en la guerra
Ruso Japonesa, o de sus adversarios, como lo fue mayormente el imperio
británico.
Rusia históricamente ha sido un carroñero territorial absorbiendo los
despojos que le dejaban sus asociaciones con otros. Ejemplos de esto:
Finlandia luego de la desigual guerra Ruso Finlandesa de 1938 o aún hoy,
que está Rusia en guerra técnica con Japón por las boreales islas Kuriles,
ocupadas por Stalin, en vísperas de la rendición nipona al final de la
segunda guerra mundial.
No hay nada nuevo bajo el sol. Parecería que Rusia está jugando a lo de
siempre, aprovechando la desatención de los demás para deglutir algún
territorio que codicia o entiende necesario para ella.
El liderazgo ruso con sus permanentes y espurios manejos del poder y su
absolutamente increíble nivel de corrupción heredado del régimen
comunista, parecería estar sintiendo su condición de poder regional. El
único poder mundial, de alguna manera distraído, con su mal encarada
‘guerra contra el terrorismo’, manejada por fundamentalistas de derecha
con agendas propias, no le presta demasiada atención al lo que pasa en los
territorios liberados de la ex Unión Soviética. ¿El resultado? El presente
e incipiente desequilibrio de fuerzas en el lejano Cáucaso con todo lo que
esto representa para Europa y la Comunidad Europea.
Sin embargo hay dos aspectos fundamentales que Occidente no puede y no
debe olvidarse en esta coyuntura. La primera es que Rusia es nada más que
un poder regional que hoy está fortalecida por su economía basada en el
petróleo que vende, y segundo, que ese anárquico país tiene un producto
bruto interno menor al de Italia por citar un ejemplo.
Entonces el camino del apaciguamiento intentado por Europa con trágicas
consecuencias antes de la segunda guerra mundial no debe ser una opción.
No debemos olvidarnos nunca que Checoslovakia en ese período tenía un
ejército tan poderoso como el alemán y se le tiró sin más a las fauces
Hitlerianas sin resultado alguno.
Por lo tanto Europa deberá ponerse firme ante una política expansionista
rusa. Deberá como primera medida hacerle ver a ese país que esas políticas
son inaceptables en un mundo interdependiente e interconectado como es el
actual. Occidente deberá en plazos razonables agotar todos los caminos
diplomáticos para poner fin a estos desaguisados. No podrá ni deberá nunca
a priori y por desgracia desechar la opción armada que a veces es la única
que funciona.
Rusia es hoy como un grandulón alcoholizado que en una fiesta quiere
imponerse por la fuerza a una ex novia. Esta si no puede defenderse sola,
deberá ser auxiliado por algún caballero que, propinándole un buen
puñetazo al ebrio belicoso, podrá defender el honor de la dama y
seguramente recoger algún favor libremente concedido en recompensa.
Nunca más apropiadas las palabras de Teodoro Roosevelt que en este caso,
“habla despacio pero lleva un gran palo”.
Es fundamental que mini-guerras locales se controlen rápida y
enérgicamente. De no hacerlo tienen la infeliz condición de convertirse en
maxi-guerras con asombrosa facilidad. Si no, el problema de Rusia con los
ex territorios soviéticos pasará a ser un problema de toda la humanidad.
Esto se evitará con inteligencia y firmeza aplicadas a tiempo. No hay otro
camino.


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