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¿Y el futuro?
La semana pasada el Senado aprobó, con los
votos en mayoría del oficialismo, el proyecto de ley de la rendición de
cuentas y ampliación presupuestal que entrará a regir a partir del próximo
1º de Enero. La misma consagra un incremento del gasto público de
alrededor de los U$S 540 millones, lo cual constituye, tratándose de un
año electoral, de la consabida maniobra de distribución de caramelos y
regalitos previo a las elecciones, por más que el Ministro de Economía Cr.
Astori diga y repita que los niveles del gasto se mantienen por debajo del
nivel de crecimiento del producto bruto interno y que no habrá generosidad
electoral.
Esta rendición de cuentas se apoya en cuatro elementos que la sustentan:
A) Las mayorías absolutas de que dispone el Frente Amplio en el seno de
ambas Cámaras.
B) Una coyuntura internacional que ha determinado en los últimos años no
solo una gran apertura de mercados a nivel de los países desarrollados o
más poderosos, sino fundamentalmente precios al alza de las materias
primas que producimos y que están determinando que, aunque no aumenten
mayormente los volúmenes de exportación, sí aumenta el monto de lo
exportado con el consiguiente incremento del ingreso de divisas y de la
recaudación del Estado. A ello debe sumarse la caída del dólar a nivel
internacional y la caída de las tasas de interés, que repercute sobre el
monto de lo que debe pagarse por servicios de la deuda externa.
C) Una mejora en los niveles de recaudación en los Organismos
correspondientes como la DGI y el BPS, en parte por mejoras en la gestión
y en parte por el impacto de los buenos precios de las exportaciones sobre
la economía interna del país.
D) La reforma tributaria que ha caído duramente sobre la clase media
uruguaya y que hace que en impuestos como el IRPF se haya recaudado más de
U$S 180 millones respecto de lo que se tenía previsto y en el caso del IVA
una recaudación de más de U$S 150 millones respecto de lo que se había
calculado recaudar.
A todo ello debe sumarse el hecho de que proporcionalmente al incremento
del PBI, motivado por el incremento de los montos en dólares exportados,
ha habido también un notorio deterioro de los niveles de inversión
pública, con respecto a períodos anteriores.
Naturalmente que no estamos de acuerdo tampoco con algunas posiciones
contrarias a cualquier tipo de incremento del gasto público, pues como lo
expusimos en sala estamos de acuerdo con los incrementos establecidos en
las partidas para la educación así como para avances en materia de
investigación, ciencia y tecnología. En la campaña electoral del año 2004
ya habíamos sostenido con el Dr. Larrañaga la necesidad de incrementar las
partidas para educación por tratarse más que de un gasto superfluo, de una
verdadera inversión para el futuro. Así también en materia de Ciencia y
Tecnología compartimos la asignación de mayores recursos, porque el
Uruguay debe apostar fuertemente a agregarle valor y elaboración a las
materias primas que producimos, con miras a mayor estabilidad y
diversificación de mercados de exportación en el futuro
Pero hemos advertido en otros capítulos, como el de Presidencia de la
República, un incremento en gastos de más de U$S 40 millones así como
diversas disposiciones en ese Inciso como en el de varios Ministerios, en
los que se crean multiplicidad de nuevos cargos, se disponen generosas
compensaciones y se establecen diversas transformaciones de cargos y de
funciones que implican claramente incrementos fuertes en los niveles del
gasto público. No se prevén mejoras significativas en los niveles de
inversión pública y lo que es a nuestro entender, particularmente grave,
es que tampoco se toma el camino que han seguido otros países de la región
como Brasil o Chile, que han dispuesto la creación de los llamados Fondos
de Estabilización o Reglas Fiscales a efectos de aprovechar parte de los
incrementos de recaudación del Estado en función de la bonanza de precios
internacionales para prevenir los tiempos de vacas flacas que, como se
sabe, siempre han sido recurrentes y cíclicos para las economías de los
países tomadores de precios y fuertemente dependientes del mercado
internacional, como lo es nuestro país.
La no previsión de estas medidas, el hecho de que en realidad considerando
el período de gobierno en su conjunto el gasto público tendrá un
crecimiento acumulado del 50% mientras que el PBI un acumulado de
crecimiento del 37% y la posibilidad, ojalá lejana pero no regulable de
acuerdo a nuestros intereses en el mercado internacional, de que se
produzcan caídas de precios en los productos de exportación o de que el
dólar comience a recuperar valor y por ende se produzcan incrementos en
las tasas de interés, pueden determinar un futuro incierto y complicado
para futuros gobiernos. Como aquello que a veces pasa en las familias o en
las empresas, en que se gasta a cuenta del futuro y no se prevén los malos
vientos, pueden transformarse en lamentos de no haber sabido aprovechar
los buenos tiempos para generar mejores circunstancias para el futuro.
En fin, el tiempo lo dirá, pero mientras tanto cabe preguntarse si no
ocurrirá una vez más en la historia del Uruguay que los arrebatos
electorales traigan después penurias y tormentas a la economía y a la
sociedad uruguaya e incertidumbre sobre como enfrentarlas, aunque el
gobierno y el Frente Amplio digan hoy que no pasa nada.


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