Columnistas 29/08/08 - Nº 32

¿Y el futuro?

La semana pasada el Senado aprobó, con los votos en mayoría del oficialismo, el proyecto de ley de la rendición de cuentas y ampliación presupuestal que entrará a regir a partir del próximo 1º de Enero. La misma consagra un incremento del gasto público de alrededor de los U$S 540 millones, lo cual constituye, tratándose de un año electoral, de la consabida maniobra de distribución de caramelos y regalitos previo a las elecciones, por más que el Ministro de Economía Cr. Astori diga y repita que los niveles del gasto se mantienen por debajo del nivel de crecimiento del producto bruto interno y que no habrá generosidad electoral.
Esta rendición de cuentas se apoya en cuatro elementos que la sustentan:
A) Las mayorías absolutas de que dispone el Frente Amplio en el seno de ambas Cámaras.
B) Una coyuntura internacional que ha determinado en los últimos años no solo una gran apertura de mercados a nivel de los países desarrollados o más poderosos, sino fundamentalmente precios al alza de las materias primas que producimos y que están determinando que, aunque no aumenten mayormente los volúmenes de exportación, sí aumenta el monto de lo exportado con el consiguiente incremento del ingreso de divisas y de la recaudación del Estado. A ello debe sumarse la caída del dólar a nivel internacional y la caída de las tasas de interés, que repercute sobre el monto de lo que debe pagarse por servicios de la deuda externa.
C) Una mejora en los niveles de recaudación en los Organismos correspondientes como la DGI y el BPS, en parte por mejoras en la gestión y en parte por el impacto de los buenos precios de las exportaciones sobre la economía interna del país.
D) La reforma tributaria que ha caído duramente sobre la clase media uruguaya y que hace que en impuestos como el IRPF se haya recaudado más de U$S 180 millones respecto de lo que se tenía previsto y en el caso del IVA una recaudación de más de U$S 150 millones respecto de lo que se había calculado recaudar.
A todo ello debe sumarse el hecho de que proporcionalmente al incremento del PBI, motivado por el incremento de los montos en dólares exportados, ha habido también un notorio deterioro de los niveles de inversión pública, con respecto a períodos anteriores.
Naturalmente que no estamos de acuerdo tampoco con algunas posiciones contrarias a cualquier tipo de incremento del gasto público, pues como lo expusimos en sala estamos de acuerdo con los incrementos establecidos en las partidas para la educación así como para avances en materia de investigación, ciencia y tecnología. En la campaña electoral del año 2004 ya habíamos sostenido con el Dr. Larrañaga la necesidad de incrementar las partidas para educación por tratarse más que de un gasto superfluo, de una verdadera inversión para el futuro. Así también en materia de Ciencia y Tecnología compartimos la asignación de mayores recursos, porque el Uruguay debe apostar fuertemente a agregarle valor y elaboración a las materias primas que producimos, con miras a mayor estabilidad y diversificación de mercados de exportación en el futuro
Pero hemos advertido en otros capítulos, como el de Presidencia de la República, un incremento en gastos de más de U$S 40 millones así como diversas disposiciones en ese Inciso como en el de varios Ministerios, en los que se crean multiplicidad de nuevos cargos, se disponen generosas compensaciones y se establecen diversas transformaciones de cargos y de funciones que implican claramente incrementos fuertes en los niveles del gasto público. No se prevén mejoras significativas en los niveles de inversión pública y lo que es a nuestro entender, particularmente grave, es que tampoco se toma el camino que han seguido otros países de la región como Brasil o Chile, que han dispuesto la creación de los llamados Fondos de Estabilización o Reglas Fiscales a efectos de aprovechar parte de los incrementos de recaudación del Estado en función de la bonanza de precios internacionales para prevenir los tiempos de vacas flacas que, como se sabe, siempre han sido recurrentes y cíclicos para las economías de los países tomadores de precios y fuertemente dependientes del mercado internacional, como lo es nuestro país.
La no previsión de estas medidas, el hecho de que en realidad considerando el período de gobierno en su conjunto el gasto público tendrá un crecimiento acumulado del 50% mientras que el PBI un acumulado de crecimiento del 37% y la posibilidad, ojalá lejana pero no regulable de acuerdo a nuestros intereses en el mercado internacional, de que se produzcan caídas de precios en los productos de exportación o de que el dólar comience a recuperar valor y por ende se produzcan incrementos en las tasas de interés, pueden determinar un futuro incierto y complicado para futuros gobiernos. Como aquello que a veces pasa en las familias o en las empresas, en que se gasta a cuenta del futuro y no se prevén los malos vientos, pueden transformarse en lamentos de no haber sabido aprovechar los buenos tiempos para generar mejores circunstancias para el futuro.
En fin, el tiempo lo dirá, pero mientras tanto cabe preguntarse si no ocurrirá una vez más en la historia del Uruguay que los arrebatos electorales traigan después penurias y tormentas a la economía y a la sociedad uruguaya e incertidumbre sobre como enfrentarlas, aunque el gobierno y el Frente Amplio digan hoy que no pasa nada.

 

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