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Argumentos
serios
Ec. Diego Labat
Es muy común que en sus declaraciones públicas
el Ministro de Economía, y posible candidato oficialista a presidente,
comience aclarando que sus palabras y argumentos son serios y que sus
afirmaciones son fundadas. Yo siempre me pregunto por qué tiene la
necesidad de hacer esa aclaración ya que uno no puede esperar menos de
alguien que tiene tan importantes responsabilidades. Quizás con esto
quiere señalar que lo que dicen u opinan los demás no es serio o es
infundado.
En los años previos a la implantación de la Reforma Tributaria, cuando se
debatía respecto de las bondades y defectos del proyecto, Astori repitió
hasta el cansancio que sus cifras eran sólidas, y que claramente
demostraban que los efectos de la reforma eran los buscados. Luego de un
año de su implementación, es posible empezar a medir sus consecuencias,
analizando cuanto de razón tenia el ministro. Esto además nos ayuda a
evaluar los cambios que se han propuesto en estos días en un proyecto de
ley enviado al Parlamento.
La recaudación es uno de los puntos clave de la reforma. En el proyecto
enviado por el Ministerio de Economía al Parlamento se estimaba recaudar
por concepto de Impuesto a la Renta de las Personas Físicas (IRPF y
también IRNR) 350 millones de dólares por año. Con las cifras conocidas de
recaudación del primer año en junio de 2008 (en realidad 11 meses ya que
en julio de 2007 la recaudación fue casi nula), se llevaban recaudados 511
millones de dólares. Cabe tener en cuenta además que aquí no se incluye lo
que se recaudará por aquellos trabajadores con multiempleo que pagarán el
saldo de 2007 en el segundo semestre de este año. Acá las proyecciones se
quedaron cortas (el exceso de recaudación ya se está repartiendo en la
Rendición de Cuentas).
Algo parecido ocurre con los efectos distributivos. La semana pasada se
conocieron datos oficiales del MEF sobre el impacto del IRPF en los
distintos deciles de la población. Claramente no son los que anunció el
ministro al aprobarse el proyecto. Ni siquiera estuvieron cerca. Por
ejemplo mientras en 2006 se anunciaba que el decil más rico de la
población pagaría el 61% del IRPF, los números reales indican que estas
personas pagaron el 25%. El famoso 20% más pudiente (los malos según el
gobierno) que iba a pagar el 80% del impuesto, terminó pagando el 46%.
Estos números que ahora son oficiales, han sido palpables para la
población, fundamentalmente para la clase media, que en este primer año de
experimento ha sufrido las consecuencias económicas y también las
burocráticas. Desde la oposición se le dieron otras estimaciones, se le
propusieron mejoras, pero ninguna fue escuchada por el gobierno, que se
quedó conforme con aplicar su mayoría en el parlamento.
Pero poco a poco la sensación negativa se ha expandido. Un trabajador que
se creía clase media o media baja, de un día para el otro se encuentra que
ahora lo consideran rico y debe pagar el impuesto a la renta. Y no es sólo
él sino sus compañeros de trabajo, sus familiares y muchos a su alrededor.
Esto entonces ha preocupado a los sindicatos e incluso a algunos sectores
de la propia interna del gobierno que temen por las consecuencias
electorales que les puede causar en franjas del electorado que les eran
muy afines. Como consecuencia, el ministro “candidato” quiere ahora hacer
algunos cambios que le permitan mejorar su popularidad.
El Poder Ejecutivo envió al Parlamento un proyecto de ley con varias
modificaciones impositivas, con el objetivo teórico de introducir mejoras
en la Reforma Tributaria vigente desde julio del año pasado y en
particular al IRPF. En este impuesto los cambios propuestos son
básicamente tres. Se aumenta el tope para la primera franja del impuesto
(o sea el monto que queda exonerado), se aumenta la deducción por salud
por hijos y a partir de 2009 se permite la liquidación por núcleo
familiar. El MEF estima el costo de estos cambios en 100 millones de
dólares.
Aunque las modificaciones son a priori compartibles, el proyecto no está
ofreciendo todo lo que podría esperarse. La primera conclusión es que el
costo estimado por el MEF es bastante menor al exceso de recaudación que
está teniendo el fisco sobre lo proyectado originalmente (100 millones
frente a 161 millones), por lo que estaría existiendo espacio para hacer
algún ajuste adicional.
El aumento de la primera franja beneficiará a los trabajadores con
ingresos por encima de un determinado monto (en el entorno de $ 180.000
por año, variando según la cantidad de hijos que tenga) y es la medida que
implica el mayor costo para el Estado. La deducción por salud por hijos
también favorecerá a una importante cantidad de trabajadores en una medida
que parece compartible.
En cambio la liquidación del impuesto por núcleo familiar, pedida a gritos
desde muchos ámbitos, parece quedar sólo en buenas intenciones. Esta
mejora, imprescindible para que el impuesto empiece a parecerse a un
impuesto a la renta y no uno a los ingresos, tiene una mecánica de cálculo
que hará que pocas personas terminen optando por ella y mantengan su
liquidación en forma individual. Las franjas establecidas en el proyecto
de ley tienen tal estructura que hacen que sólo sea conveniente para un
número muy menor de familias, básicamente aquellos hogares en que uno de
los cónyuges no trabaja o tiene ingresos muy pequeños.
El parlamento aún está a tiempo de hacerle mejoras, introduciendo incluso
otras deducciones importantes como los gastos en educación. No es posible
ser muy optimista ya que el gobierno tiene los votos para aprobar tal como
está el proyecto y todo indica que tomará ese camino. En ese caso en los
próximos años los números reales no permitirán dos interpretaciones y
veremos como nuevamente se caen los argumentos “serios” del ministro.


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