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Factor
de gobernabilidad
Uno de los ángulos del IRPF que más críticas
concita es el relativo al impacto que el mismo tiene, tanto en lo
estrictamente conceptual como en el propio bolsillo, sobre el sector de la
sociedad que, sin duda, no “tiene más”, pero que trabaja más: la clase
media. Ya los números fríos han puesto de manifiesto que el golpe
económico a esa clase media ha sido mucho mayor que lo pronosticado. Es la
misma clase media que el proyecto oficial parece querer, y no únicamente
desde la trinchera económica, reducir y abatir en un tobogán de tributos y
de descaecimiento de valores que se propone día a día, en un frustrante
“igualar para abajo”, en vez de apuntar, promover y premiar a la
excelencia. El IRPF parece encarnar esta propuesta, aunque sin duda no
está solo, ya que lo acompañan muy dignamente los impuestos para el FONASA
y, en el caso de los dolientes montevideanos, los violentos sablazos de la
Contribución Inmobiliaria, las Patentes y demás tributos, que tienen como
contrapartida cada vez peores e irritantes servicios municipales
Si se desalienta aun más a este sector de la sociedad, el cual ya está
proveyendo parte sustancial de la fuerte emigración que el país sufre,
vamos a estar muy mal. Todos los países donde la clase media es pequeña
sufren serios problemas de exclusión y de polarización social, porque es
también pequeña la oportunidad del ascenso económico y social, y de
realización personal y familiar en un contexto más próspero en lo material
y más pleno en todos los demás órdenes de la existencia. Donde, como en el
nuestro, la clase media es – o era – ancha, la situación es –era-
totalmente distinta.
Estas afirmaciones, que intuitivamente formulan cuantos analizan
criteriosamente nuestra realidad, tienen también su respaldo académico,
que es bueno tener en cuenta para que no se crea que se esboza una crítica
de este calibre simplemente por un determinado sesgo político partidario.
En ese sentido, vale la pena leer el documento "La clase media y el
proceso de desarrollo", de A. Solimano, publicado por CEPAL.
A partir de un estudio de 129 países, concluye que América Latina tiene
una clase media más reducida que el promedio internacional. Esta sería
otra consecuencia del alto nivel de desigualdad de la región y un factor
negativo para el desarrollo, ya que la clase media cumple un rol económico
y político clave. Ella se define como el grupo de personas ni pobres ni
ricas dentro de una sociedad (deciles 3 a 9), en la región este grupo
social recibe en promedio el 57 por ciento del ingreso económico regional,
lo que es inferior al promedio mundial, de 62 por ciento. Solimano
sostiene que las sociedades con estructuras sociales más concentradas
tienen clases medias más débiles y más inestables económicamente. Habría
al menos tres razones por las que la clase media resulta importante para
el desarrollo: es fuente de capacidades productivas, y de poder de compra,
y actúa como elemento estabilizador del sistema político. El documento
sostiene que a medida que los países crecen y aumenta el tamaño absoluto
de la clase media se despierta un mercado más exigente que demanda bienes
y servicios (educación, salud, vivienda, turismo y protección social,
entre otros) de mejor calidad, lo que estimula avanzar hacia su
perfeccionamiento. Un aspecto nos debe interesar muy especialmente, y es
que el desarrollo de la clase media es un fuerte factor generador de
gobernabilidad. En efecto, la experiencia histórica sugiere que este grupo
social sería menos propenso a apoyar sistemas políticos populistas o
autoritarios; es decir, sociedades con clases medias estables y
consolidadas tienen democracias más estables. Esta reflexión sobre el rol
de la clase media es un tema emergente (así como en China, India y otros
países este grupo social crece) que, además, molesta a los radicales de
todo signo. Los elementos indicados implican que la existencia y
desarrollo de la clase media apunta a superar planteos antagónicos que
recibimos de siglos pasados: de un lado, que la clase obrera es el motor
de cambio y transformación social del capitalismo; de otro, la tesis de
que la clase empresarial es el único segmento innovador, visionario y
tomador de riesgos, y por tanto el protagonista central del sistema
económico de mercado. De modo que el rumbo a seguir, sin perjuicio de la
aplicación de herramientas que posibiliten el ejercicio genuino de la
solidaridad y apoyo del conjunto de la sociedad a sectores marginales o
que no logra superar los efectos de las crisis de hace algunos años, no es
el del IRPF y sus primos hermanos.


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