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Gobernabilidad y coalición
La gobernabilidad ha adquirido una importante
dimensión. Se utiliza para explicar muchas cosas. Si buscamos quién acuñó
el término, le pertenece a Wilson Ferreira Aldunate, en su forma y
contenido.
En la forma, porque cuando a fines de 1984 en América del Sur estaba
culminando el proceso de reencuentro con la democracia, los gobiernos
legítimos encontraban dificultades para salvar las vallas internas y
especialmente para hallar la forma de relacionarse con los grupos sociales
que habían habilitado, impulsado y consagrado las dictaduras de la década
del '70.
La tarea era gigantesca; había que conciliar ideologías, partidos
políticos, tendencias sociales, terrorismo de Estado, la guerrilla
terrorista. La división de las sociedades encontraba su epicentro en el
tema de los desaparecidos, en el marco de una revalorización de los
derechos humanos.
Al promediar la década de los '80, la mirada amenazadora de los militares
que habían sido los responsables de los golpes de Estado, mantenía todavía
fuerza y no querían que sobre ellos recayera ningún tipo de revisionismo.
Wilson, en la explanada municipal, luego de sufrir la proscripción y la
cárcel sentó el principio de la gobernabilidad. Eso implicó nada menos que
hacer posible el gobierno del presidente electo, Dr. Julio María
Sanguinetti, aprobar el presupuesto y empezar con reformas básicas que
Wilson se comprometió a apoyar con sus votos en el parlamento, aun en el
caso de no compartirlas.
Gobernabilidad no implicaba formar un gobierno de coalición. Establecía
las bases, pero no suponía la necesidad de conformarla.
Wilson consideró que en ese momento sólo había que dar gobernabilidad y no
cogobierno en régimen de coalición. Lo que más le importó fue fortificar
la figura de un presidente y de un partido que habían ganado las
elecciones y en torno al cual había que empezar a edificar una nueva
democracia.
El pacto del Club Naval le impidió a Wilson ser Presidente, cerró el
camino a la revisión de las violaciones de los derechos humanos y
condicionó la institucionalidad nacional.
En cuanto al fondo, Wilson también vio que la gobernabilidad era la tarea
de reconciliar a los orientales. Por esto, a costa de un inmenso costo
político, impulsó la Ley de Caducidad, que no conformaba a sus
sentimientos y a sus principios de defensor insobornable de los derechos
humanos, pero que era imprescindible para lograr la paz de la república.
La gobernabilidad -la de Wilson- no implicó por lo tanto una coalición
pero fue mucho más que ello. Significó un acto de generosidad política no
conocido hasta entonces, que le permitió al gobierno del Partido Colorado
cumplir su mandato con el apoyo desinteresado de los blancos.
A cambio de nada. Una actitud que, por cierto, la historia demuestra que a
la inversa no sucedió. Por la gobernabilidad de fondo -la que constituyó
la reconciliación de los uruguayos y la paz nacional- Wilson entregó hasta
su propia salud y contempló cómo muchos le daban la espalda. Pero gracias
a él, hoy tenemos Ley de Caducidad, que el pueblo refrendó
multitudinariamente en el histórico plebiscito de1989. El Partido Nacional
ha dado pruebas de ser capaz de cogobernar. Así lo hizo entre 1995 y 1999.
Hoy escuchamos que se reclama a los actores políticos el compromiso de
formar gobierno de coalición a partir de marzo del 2010. Nos parece bien.
Y si la coalición es nacional y abarca a todos los partidos y a la
sociedad en su conjunto sin dejar afuera a nadie, mucho mejor. Pero debe
recordarse que, cuando se conforma una coalición y se cogobierna, se deja
por un tiempo la oposición. No se puede ser al mismo tiempo oposición y
gobernar en régimen de coalición. Esto supone estar dispuesto a pagar
costos político - electorales.
El pueblo reclama generalmente unidad a la hora de gobernar. Pero cuando
juzga, lo hace con sentimientos encontrados. A veces vota y a veces no, a
aquél partido que compartió el gobierno. Es decir a aquél partido que hizo
lo que en principio se le reclamaba, lo que era conveniente para el país,
pero que, paradójicamente, con su actitud, generó el rechazo de un sector
de la sociedad.
Sólo reconociendo y aceptando de antemano lo que se puede perder, se le
asegurará al país un gobierno responsable. La llave es demostrar que las
responsabilidades no son con el voto, sino con el interés nacional.
El Partido Nacional se prepara para ganar las elecciones de 2009. El 1º de
marzo de 2010 tendremos un Presidente blanco y cualquiera fuere, llamará a
todos los partidos sin distinciones para formar una gran coalición
nacional: Larrañaga ya se comprometió públicamente. Vidalín y Lacalle, no
tengo dudas, en este aspecto piensan igual porque la historia del Partido
Nacional así lo demanda.
No sabemos qué hará el Frente Amplio que ha gobernado en soledad y no ha
dado pruebas de generosidad política y mucho menos pensado en pagar costos
político - electorales.


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