
El diputado Jorge Gandini cree que el
país necesitaba la experiencia de un gobierno frenteamplista. “Ahora todos
hemos gobernado”, dijo a La Democracia. “El debate de la próxima elección
será más sobre los hechos que sobre las ilusiones.” El legislador
considera que el enfrentamiento será entre dos concepciones: “una
concepción inclusiva, tolerante y constructiva y una filosofía
intolerante, discriminatoria, descalificante, como la que la izquierda ha
demostrado”. Afirma que el Frente es un fenómeno más cultural que político
y propone una estrategia a largo plazo cuyo objetivo final es la conquista
de Montevideo.
Por Anibal Steffen

En el reciente lanzamiento de “Ahora Larrañaga”, usted afirmó que la
próxima elección se definirá en Montevideo. ¿Podría ampliar la idea?
Montevideo es obviamente la principal plaza electoral del país.
Hipotéticamente elige 12 senadores y de Montevideo surgen 42 diputados.
Quiere decir que es casi la mitad del país y debe tratársele como lo que
es. Si tomamos las 18 zonas en las que la Intendencia divide al
Departamento, vamos a ver que algunas de ellas, por la cantidad de
habilitados, eligen cinco diputados (tantos como todo el departamento de
Maldonado) o cuatro, o tres. Y el Partido, a un departamento del interior
le dedica muchísimo esfuerzo. Sus candidatos, sus legisladores, sus
dirigentes, van varias veces a ciudades secundarias del departamento y
también recorren sus pueblos. ¿Cuántas veces recorren los barrios de
Montevideo, sus centros comunales, cuántos diputados por Montevideo
conocen a fondo el departamento? ¿A cuántas actividades o convocatorias
sociales concurren? Sin embargo no hay diputado del interior que no esté
en la fiesta de la escuela, que no conozca las autoridades policiales,
militares, al director del BPS del lugar. Temas que en
Montevideo parecen lejanos, parecen no pertenecernos.
Yo creo que en Montevideo tenemos que trabajar diferente y asumir que
efectivamente aquí se define la elección. Si el Partido Nacional saca el
20 o el 25 % en un departamento donde votan un millón de personas, o algo
más, no puede compensar esa diferencia votando más o menos bien en el
interior, sobre todo teniendo en cuenta que el Frente Amplio ya no es un
partido montevideano como lo fue en sus orígenes.
Debemos trazar una estrategia diferente, de largo plazo, no preelectoral,
que incluya, entre otras cosas, la valoración del fenómeno cultural
montevideano.
Siempre sostengo que el Frente Amplio no es un fenómeno político, sino
cultural, que se ha quedado con banderas prestigiosas, que ha ingresado a
los ámbitos que forman opinión en la capital. Desde el movimiento sindical
hasta el carnaval, pasando por las cooperativas de viviendas o los centros
de estudios (es decir, donde se socializan nuestros jóvenes), el Frente ha
desarrollado una subcultura de valores dominantes que terminan haciéndole
fácil el acceso a los electores y generando una barrera cultural distante
con los partidos tradicionales.
Si no entendemos eso y enfrentamos al Frente Amplio desde lo político, no
podremos ganar jamás. Hay que enfrentarlo con otra estrategia y desde
otros ángulos.
¿Y cuál es esa estrategia?
En el largo plazo, ponerse la Intendencia de Montevideo y la victoria en
el departamento en las elecciones nacionales como un objetivo que
requiere, primero, un trabajo permanente, un contacto permanente con la
gente; y recuperar lo esencial del Wilsonismo, que nos enseñó que el
Partido vive los cinco años. Y no vive en los clubes, sino que vive en las
organizaciones que la gente se da para
resolver sus problemas, para hacerse representar, para mejorar su calidad
de vida, que están en la sociedad civil. Si nosotros creemos que esto se
arregla cada cinco años, trabajando unos meses antes, metiendo mucha
televisión y columneras y no vamos a esto otro, nos va a costar mucho
crecer en el departamento.
Y en toda el área metropolitana…
Claro, porque el departamento es contagioso para el área metropolitana.
Mucha gente que vive fuera de Montevideo, se socializa aquí. Y lleva su
forma de ver las cosas a su ciudad, donde duerme y vota.
Así que yo creo que hay un proyecto partidario de largo alcance que debe
irse transitando por metas para llegar lo antes posible al objetivo. Lo
que no quiere decir que no lleguemos en un tiempo electoral por distintas
condiciones: por tener candidatos maravillosos y aprovechar las carencias
de los otros partidos. Pero para llegar y quedarse hay que construir un
proyecto urbano que al partido le cuesta construir. No es un proyecto
montevideano, es un proyecto urbano, es una comunicación más sólida y
cercana con lo urbano; que tiene códigos diferentes a los que el partido
maneja habitualmente.
Eso es para el largo plazo, pero las elecciones están muy cercanas.
En estas elecciones creo que el partido tiene enormes chances de votar
bien en Montevideo. De hecho, tengo la percepción de que hoy ya ha crecido
en relación a la elección nacional pasada. Creo que el Partido Nacional
tiene en Montevideo una intención de voto muy por encima del 25 % que sacó
en octubre de 2004.
¿A qué atribuye esa mejora?
Creo
que eso es porque el partido ha estado mejor, tiene una conducción que lo
ha llevado a mostrarse y actuar unido, porque ha trabajado más en estos
cinco años que en otros. Hemos tenido elecciones abiertas en las que
votaron 17 mil vecinos de Montevideo para elegir los ediles locales por
primera vez por voto directo para los Centros Comunales o las Juntas
Locales. Tuvimos elecciones de jóvenes que movilizaron al partido e
incorporaron muchísima gente. Y además, lo hemos visto al partido mucho
más involucrado.
Tenemos a favor, además, que nuestros adversarios muestran de manera muy
descarnada sus carencias. A la Intendencia de Montevideo se le acabó la
excusa de que el gobierno nacional de otro signo no la acompañaba; hoy son
ambos de la misma ideología. Esto ha generado en la población la
comprobación de que la insatisfacción parte de la ineficiencia del
gobierno nacional o municipal. La gente, en la capital, está insatisfecha
con la intendencia e insatisfecha con los servicios que el Estado brinda
desde Montevideo.
Pensemos en los problemas enormes con la inseguridad, que han llevado a
adoptar comportamientos o actitudes que antes estaban asociadas o
vinculadas al pensamiento de la derecha, entre comillas, porque la gente
pide soluciones para vivir en paz y con tranquilidad. Y eso lo ha generado
lamentablemente un gobierno de izquierda que no ha sabido ejercer la
autoridad ni utilizar eficientemente los recursos que posee.
Hay problemas con la educación; hay situaciones que ponen en conflicto a
la sociedad, como el consumo y venta de drogas y de alcohol, problemas que
el gobierno no sabe cómo resolver y cuando resuelve, resuelve en
conflicto.
A esto se suma la marginalidad, que no es pobreza, es algo más que eso,
que se ha instalado en la capital y que va mostrando una enorme brecha
social entre los que pueden, esforzándose, salir adelante y los que están
condenados a vivir del subsidio público, a los que este gobierno ha
querido atender salarizando la pobreza, a cambio de nada. Todo esto va
creando un estado de insatisfacción muy importante.
El Partido Nacional tiene una enorme posibilidad de construir una
propuesta alternativa en la capital, tanto para octubre como para mayo de
2010. Para octubre con un proyecto nacional que le de a los montevideanos
satisfacción a sus requerimientos. Y en lo municipal, con un buen
candidato y un buen equipo que sean alternativa de una administración muy
gris, muy triste, muy ineficiente y que ya casi con 20 años de gestión ha
demostrado que la revolución que se prometió no llegó a Montevideo y que
las raíces de los árboles siguen tan pasivas como antes.
Usted también dijo que el Frente Amplio confundió el interés del país
con ideología. ¿A qué se refería concretamente?
Me refería a que el gobierno, entre las cosas que no supo, no supo definir
la inserción internacional del Uruguay. Vivió en conflicto consigo mismo y
confundió intereses nacionales con amistades ideológicas. En más de una
ocasión priorizó esas supuestas coincidencias ideológicas por sobre los
intereses nacionales. Una vieja premisa de la política internacional, dice
que los países no tienen amigos permanentes; tienen intereses permanentes.
Y los intereses del Uruguay debieron
ser defendidos con una política de Estado detrás de la cual se alinearan
todos los partidos y mantuviéramos lo principal que se construyó después
de la dictadura, que fue una política internacional. Con matices, pero con
presidentes que salieron fuera del país acompañados por todos los líderes,
con cancilleres que consultaron a los partidos en las medidas importantes,
con debates que buscaron el consenso para tomar medidas de largo alcance,
como fue el ingreso al Mercosur. Todas cosas que este gobierno no ha
hecho. Que además ha tenido su propio adversario adentro. Su conflicto con
el imperialismo visto desde lo ideológico, su percepción acomplejada de la
relación con Estados Unidos, su prejuicio con los tratados de libre
comercio, fueron todas cosas que el gobierno terminó decidiendo por la vía
de los hechos, sin decidir. No pudo hacer nada en la materia, se paralizó.
Y eso fue por su propia interna, por sus divergencias ideológicas, de las
que todos quedamos rehenes.
Es probable que de aquí a las elecciones se acentúe la polarización
entre el Partido Nacional y el Frente Amplio, que representan dos modelos
diferentes. ¿Cómo se hace para marcar las diferencias y al mismo tiempo
mantener tendidos algunos puentes que van a ser necesarios para gobernar,
gane quien gane?
Yo creo que el país tenía que pasar por un gobierno del Frente Amplio.
Tenía que sacarse las dudas de si era posible vivir en un país como el que
se prometía. Y si alguna virtud tiene el que esto haya sucedido es que
ahora todos hemos gobernado. El debate de la próxima elección será más
sobre los hechos que sobre las ilusiones. Antes peleábamos con un
fantasma. Era lo que habíamos hecho contra lo que algunos prometían que se
podía hacer. Era un debate imposible de dilucidar. Ahora, sobre algunas
cosas ya no discutiremos más. Sobre que la inflación es mala, sobre que
hay que combatir el déficit fiscal, sobre que los inversores extranjeros
no son piratas, sobre que las privatizaciones o concesiones son una
herramienta posible siempre que sea para defender la economía y los
intereses nacionales. Y creo que una cantidad de aspectos que teñían el
debate no van a estar más. Ahora todos estaremos emparejados por la
realidad.
Entonces, el debate con el Frente Amplio lo tendremos que dar en relación
con lo que cada uno ha hecho y a los resultados que ha obtenido. Ese es el
principal debate. No sólo sobre las políticas concretas, sino sobre la
filosofía que está detrás de esas políticas.
¿Cómo definiría esas dos filosofías contrapuestas?
El enfrentamiento será entre dos concepciones. Una concepción inclusiva,
tolerante y contractiva, como la que ha construido este país, y una
filosofía intolerante, discriminatoria, descalificante, como la que el
Frente Amplio ha demostrado. Ha demostrado querer gobernar para quienes lo
votaron, descalificando todo lo demás. Pero además se han enfrentado dos
modelos. El Frente Amplio tiene el modelo de emparejar hacia abajo. Porque
la formación ideológica de la izquierda no le permite concebir el éxito y
el progreso personal. Y sigue impregnado de esa filosofía nefasta que dice
“algo habrás hecho para que te vaya bien”.
Han emparejado para abajo en la salud. Y ahora muchos pagan más para que
todos tengan menos, porque ha caído la calidad de la prestación de los
servicios. Ha emparejado para abajo con la reforma tributaria. Los
trabajadores que más se esfuerzan por vivir un poco mejor, más pagan. Y
menos pagan los que más tienen y nada pagan los que reciben el resultado
de algunas políticas sociales.
Se ha salarizado la pobreza y de esa manera, lo que se garantiza, es que
los
pobres sigan siendo pobres. Porque la única forma de que dejen de serlo es
con educación y con trabajo. Y allí, no se ha hecho nada. Es más, creo que
se le ha faltado el respeto al trabajo y se ha erosionado la dignidad que
da el trabajo, con estos planes que el gobierno desarrolla para mantener,
creo que con poco éxito al final, una supuesta clientela electoral.
A ese modelo, que responde a la concepción histórica de la izquierda de
que el que tiene más no es bien visto, se le va a contraponer el modelo
del Partido Nacional que tiene como base emparejar hacia arriba. Es decir,
premiar el éxito, alegrarse por el progreso personal y colectivo
incluyendo y sin dejar a nadie en el camino. Tratando de tirar para arriba
a los que el Estado tiene que ayudar para que se superen, pero dejando
crecer todo lo que quieran y puedan crecer, a partir de su transpiración y
su talento, a quienes quieran hacerlo. Creo que es el tema de esta
elección.
¿No es una discusión demasiado intelectual, filosófica, si se quiere
hasta académica, para que sea el debate que a nivel popular defina las
elecciones?
Lo que ocurre que es que después esto tiene una traducción política que
deben hacer los líderes y comunicadores. No tenemos por qué dar este
debate en los actos. Pero lo que subyace al debate es la confrontación de
los dos modelos y los resultados de la aplicación de los mismos. Y mucha
gente que probó al Frente Amplio porque creyó que había muchas cosas que
iban a cambiar definitivamente, está de vuelta. Muchas de esas personas
están molestas porque se sienten engañadas. Creo que con eso el Partido
Nacional va a ganar la elección. Con los blancos y con todos aquellos que
vuelven a confiar en el Partido Nacional como una alternativa seria para
gobernar el país.
En cuanto a cómo se hace al mismo tiempo para construir puentes. Yo creo
que los puentes no son ideológicos. Los construyen las personas. Para
construir puentes se necesitan liderazgos claros, que sean capaces de
articular, de dialogar, que estén ubicados en un punto del espectro que
les permita reunir a todos los sectores. Pero sobre todo, que el
convocante no sea rechazado por los convocados. Se requieren liderazgos
aptos para cumplir con esa tarea.
¿Cómo se compatibilizan los mensajes y apelaciones destinadas a ganar
las elecciones internas, con la prédica inmediatamente posterior dirigida
a conquistar voluntades con vistas a las elecciones nacionales?
Es un eterno dilema para el Partido Nacional que es el único que tiene
auténticas internas. Por lo tanto, durante muchos meses tiene que poner el
foco en aquellos que se sienten parte de la colectividad, para que decidan
quién va a ser el candidato. Pero esos tienen que elegir un candidato que,
además de dejar contentos a los propios, sea capaz de captar a los ajenos.
Es imprescindible dejar las puertas abiertas para el capítulo que sigue,
que es el que importa: ganar la elección nacional.
Por otra parte, creo que el Partido Nacional tiene una interna dibujada
para el objetivo. Necesitábamos lo que tenemos: una interna competitiva,
entonada, en la
que nadie esté dispuesto a perjudicar la unidad partidaria que es un
patrimonio recuperado en este último tiempo y que los blancos de a pie nos
exigen preservar. Además tenemos una interna en la que todos están
motivados para trabajar. Eso es muy bueno, porque votar bien en la
interna, cada candidato, pero el partido en su conjunto, es una de las
claves para ganar la elección. Junio es el lanzamiento de la campaña
nacional. Y tener un punto de partida exitoso en materia electoral, por la
convocatoria, es muy importante. El partido tiene una interna lindísima en
ese sentido. Se van a confrontar dos liderazgos diferentes, se van a
confrontar legítimamente propuestas e ideas, pero los aparatos y las
organizaciones electorales van a trabajar a tiempo completo. Eso moviliza
al partido, lo dinamiza, lo entusiasma, le da ilusión, alegría. Todo eso
es parte del camino hacia octubre, que tiene que terminar en noviembre con
el balotaje. Creo que estamos en el buen camino. La interna manejada por
dirigentes con experiencia, como tenemos al frente de los movimientos que
hoy disputan las candidaturas, va a ser parte de la victoria en lo
nacional.
¿Mensajes como la reciente reunión del Dr. Larrañaga con el Senador
Mujica cree pueden resultar confusos para el electorado blanco?
Yo no se si confuso. A algunos blancos puede resultarle llamativo y hasta
no simpático reunirse con un adversario del calibre y de la distancia
ideológica que tiene el senador Mujica. Pero al mismo tiempo hemos
recogido muchísimas opiniones favorables, porque si no se logran construir
esos puentes no se va a hacer gobernable el país. Sin mayorías, un país
dividido a la mitad, la gente pagará el pato porque el partido no podrá
hacer lo que se propone. Tiene que haber puentes para concertar acciones
positivas y concretas. Y me parece que Larrañaga está demostrando tener
esa capacidad, de llegar a un líder muy diferente, pero con el que puede
dialogar. Es un mensaje que los uruguayos tenemos que valorar..