Entrevistas 29/08/08 - Nº 32

Diputado Jorge Gandini

 

Un debate entre dos modelos

y sus resultados concretos

El diputado Jorge Gandini cree que el país necesitaba la experiencia de un gobierno frenteamplista. “Ahora todos hemos gobernado”, dijo a La Democracia. “El debate de la próxima elección será más sobre los hechos que sobre las ilusiones.” El legislador considera que el enfrentamiento será entre dos concepciones: “una concepción inclusiva, tolerante y constructiva y una filosofía intolerante, discriminatoria, descalificante, como la que la izquierda ha demostrado”. Afirma que el Frente es un fenómeno más cultural que político y propone una estrategia a largo plazo cuyo objetivo final es la conquista de Montevideo.

 

Por Anibal Steffen

En el reciente lanzamiento de “Ahora Larrañaga”, usted afirmó que la próxima elección se definirá en Montevideo. ¿Podría ampliar la idea?

Montevideo es obviamente la principal plaza electoral del país. Hipotéticamente elige 12 senadores y de Montevideo surgen 42 diputados. Quiere decir que es casi la mitad del país y debe tratársele como lo que es. Si tomamos las 18 zonas en las que la Intendencia divide al Departamento, vamos a ver que algunas de ellas, por la cantidad de habilitados, eligen cinco diputados (tantos como todo el departamento de Maldonado) o cuatro, o tres. Y el Partido, a un departamento del interior le dedica muchísimo esfuerzo. Sus candidatos, sus legisladores, sus dirigentes, van varias veces a ciudades secundarias del departamento y también recorren sus pueblos. ¿Cuántas veces recorren los barrios de Montevideo, sus centros comunales, cuántos diputados por Montevideo conocen a fondo el departamento? ¿A cuántas actividades o convocatorias sociales concurren? Sin embargo no hay diputado del interior que no esté en la fiesta de la escuela, que no conozca las autoridades policiales, militares, al director del BPS del lugar. Temas que en Montevideo parecen lejanos, parecen no pertenecernos.
Yo creo que en Montevideo tenemos que trabajar diferente y asumir que efectivamente aquí se define la elección. Si el Partido Nacional saca el 20 o el 25 % en un departamento donde votan un millón de personas, o algo más, no puede compensar esa diferencia votando más o menos bien en el interior, sobre todo teniendo en cuenta que el Frente Amplio ya no es un partido montevideano como lo fue en sus orígenes.
Debemos trazar una estrategia diferente, de largo plazo, no preelectoral, que incluya, entre otras cosas, la valoración del fenómeno cultural montevideano.
Siempre sostengo que el Frente Amplio no es un fenómeno político, sino cultural, que se ha quedado con banderas prestigiosas, que ha ingresado a los ámbitos que forman opinión en la capital. Desde el movimiento sindical hasta el carnaval, pasando por las cooperativas de viviendas o los centros de estudios (es decir, donde se socializan nuestros jóvenes), el Frente ha desarrollado una subcultura de valores dominantes que terminan haciéndole fácil el acceso a los electores y generando una barrera cultural distante con los partidos tradicionales.
Si no entendemos eso y enfrentamos al Frente Amplio desde lo político, no podremos ganar jamás. Hay que enfrentarlo con otra estrategia y desde otros ángulos.

¿Y cuál es esa estrategia?

En el largo plazo, ponerse la Intendencia de Montevideo y la victoria en el departamento en las elecciones nacionales como un objetivo que requiere, primero, un trabajo permanente, un contacto permanente con la gente; y recuperar lo esencial del Wilsonismo, que nos enseñó que el Partido vive los cinco años. Y no vive en los clubes, sino que vive en las organizaciones que la gente se da para resolver sus problemas, para hacerse representar, para mejorar su calidad de vida, que están en la sociedad civil. Si nosotros creemos que esto se arregla cada cinco años, trabajando unos meses antes, metiendo mucha televisión y columneras y no vamos a esto otro, nos va a costar mucho crecer en el departamento.

Y en toda el área metropolitana…

Claro, porque el departamento es contagioso para el área metropolitana. Mucha gente que vive fuera de Montevideo, se socializa aquí. Y lleva su forma de ver las cosas a su ciudad, donde duerme y vota.
Así que yo creo que hay un proyecto partidario de largo alcance que debe irse transitando por metas para llegar lo antes posible al objetivo. Lo que no quiere decir que no lleguemos en un tiempo electoral por distintas condiciones: por tener candidatos maravillosos y aprovechar las carencias de los otros partidos. Pero para llegar y quedarse hay que construir un proyecto urbano que al partido le cuesta construir. No es un proyecto montevideano, es un proyecto urbano, es una comunicación más sólida y cercana con lo urbano; que tiene códigos diferentes a los que el partido maneja habitualmente.

Eso es para el largo plazo, pero las elecciones están muy cercanas.

En estas elecciones creo que el partido tiene enormes chances de votar bien en Montevideo. De hecho, tengo la percepción de que hoy ya ha crecido en relación a la elección nacional pasada. Creo que el Partido Nacional tiene en Montevideo una intención de voto muy por encima del 25 % que sacó en octubre de 2004.

¿A qué atribuye esa mejora?

Creo que eso es porque el partido ha estado mejor, tiene una conducción que lo ha llevado a mostrarse y actuar unido, porque ha trabajado más en estos cinco años que en otros. Hemos tenido elecciones abiertas en las que votaron 17 mil vecinos de Montevideo para elegir los ediles locales por primera vez por voto directo para los Centros Comunales o las Juntas Locales. Tuvimos elecciones de jóvenes que movilizaron al partido e incorporaron muchísima gente. Y además, lo hemos visto al partido mucho más involucrado.
Tenemos a favor, además, que nuestros adversarios muestran de manera muy descarnada sus carencias. A la Intendencia de Montevideo se le acabó la excusa de que el gobierno nacional de otro signo no la acompañaba; hoy son ambos de la misma ideología. Esto ha generado en la población la comprobación de que la insatisfacción parte de la ineficiencia del gobierno nacional o municipal. La gente, en la capital, está insatisfecha con la intendencia e insatisfecha con los servicios que el Estado brinda desde Montevideo.
Pensemos en los problemas enormes con la inseguridad, que han llevado a adoptar comportamientos o actitudes que antes estaban asociadas o vinculadas al pensamiento de la derecha, entre comillas, porque la gente pide soluciones para vivir en paz y con tranquilidad. Y eso lo ha generado lamentablemente un gobierno de izquierda que no ha sabido ejercer la autoridad ni utilizar eficientemente los recursos que posee.
Hay problemas con la educación; hay situaciones que ponen en conflicto a la sociedad, como el consumo y venta de drogas y de alcohol, problemas que el gobierno no sabe cómo resolver y cuando resuelve, resuelve en conflicto.
A esto se suma la marginalidad, que no es pobreza, es algo más que eso, que se ha instalado en la capital y que va mostrando una enorme brecha social entre los que pueden, esforzándose, salir adelante y los que están condenados a vivir del subsidio público, a los que este gobierno ha querido atender salarizando la pobreza, a cambio de nada. Todo esto va creando un estado de insatisfacción muy importante.
El Partido Nacional tiene una enorme posibilidad de construir una propuesta alternativa en la capital, tanto para octubre como para mayo de 2010. Para octubre con un proyecto nacional que le de a los montevideanos satisfacción a sus requerimientos. Y en lo municipal, con un buen candidato y un buen equipo que sean alternativa de una administración muy gris, muy triste, muy ineficiente y que ya casi con 20 años de gestión ha demostrado que la revolución que se prometió no llegó a Montevideo y que las raíces de los árboles siguen tan pasivas como antes.

Usted también dijo que el Frente Amplio confundió el interés del país con ideología. ¿A qué se refería concretamente?

Me refería a que el gobierno, entre las cosas que no supo, no supo definir la inserción internacional del Uruguay. Vivió en conflicto consigo mismo y confundió intereses nacionales con amistades ideológicas. En más de una ocasión priorizó esas supuestas coincidencias ideológicas por sobre los intereses nacionales. Una vieja premisa de la política internacional, dice que los países no tienen amigos permanentes; tienen intereses permanentes. Y los intereses del Uruguay debieron ser defendidos con una política de Estado detrás de la cual se alinearan todos los partidos y mantuviéramos lo principal que se construyó después de la dictadura, que fue una política internacional. Con matices, pero con presidentes que salieron fuera del país acompañados por todos los líderes, con cancilleres que consultaron a los partidos en las medidas importantes, con debates que buscaron el consenso para tomar medidas de largo alcance, como fue el ingreso al Mercosur. Todas cosas que este gobierno no ha hecho. Que además ha tenido su propio adversario adentro. Su conflicto con el imperialismo visto desde lo ideológico, su percepción acomplejada de la relación con Estados Unidos, su prejuicio con los tratados de libre comercio, fueron todas cosas que el gobierno terminó decidiendo por la vía de los hechos, sin decidir. No pudo hacer nada en la materia, se paralizó. Y eso fue por su propia interna, por sus divergencias ideológicas, de las que todos quedamos rehenes.

Es probable que de aquí a las elecciones se acentúe la polarización entre el Partido Nacional y el Frente Amplio, que representan dos modelos diferentes. ¿Cómo se hace para marcar las diferencias y al mismo tiempo mantener tendidos algunos puentes que van a ser necesarios para gobernar, gane quien gane?

Yo creo que el país tenía que pasar por un gobierno del Frente Amplio. Tenía que sacarse las dudas de si era posible vivir en un país como el que se prometía. Y si alguna virtud tiene el que esto haya sucedido es que ahora todos hemos gobernado. El debate de la próxima elección será más sobre los hechos que sobre las ilusiones. Antes peleábamos con un fantasma. Era lo que habíamos hecho contra lo que algunos prometían que se podía hacer. Era un debate imposible de dilucidar. Ahora, sobre algunas cosas ya no discutiremos más. Sobre que la inflación es mala, sobre que hay que combatir el déficit fiscal, sobre que los inversores extranjeros no son piratas, sobre que las privatizaciones o concesiones son una herramienta posible siempre que sea para defender la economía y los intereses nacionales. Y creo que una cantidad de aspectos que teñían el debate no van a estar más. Ahora todos estaremos emparejados por la realidad.
Entonces, el debate con el Frente Amplio lo tendremos que dar en relación con lo que cada uno ha hecho y a los resultados que ha obtenido. Ese es el principal debate. No sólo sobre las políticas concretas, sino sobre la filosofía que está detrás de esas políticas.

¿Cómo definiría esas dos filosofías contrapuestas?

El enfrentamiento será entre dos concepciones. Una concepción inclusiva, tolerante y contractiva, como la que ha construido este país, y una filosofía intolerante, discriminatoria, descalificante, como la que el Frente Amplio ha demostrado. Ha demostrado querer gobernar para quienes lo votaron, descalificando todo lo demás. Pero además se han enfrentado dos modelos. El Frente Amplio tiene el modelo de emparejar hacia abajo. Porque la formación ideológica de la izquierda no le permite concebir el éxito y el progreso personal. Y sigue impregnado de esa filosofía nefasta que dice “algo habrás hecho para que te vaya bien”.
Han emparejado para abajo en la salud. Y ahora muchos pagan más para que todos tengan menos, porque ha caído la calidad de la prestación de los servicios. Ha emparejado para abajo con la reforma tributaria. Los trabajadores que más se esfuerzan por vivir un poco mejor, más pagan. Y menos pagan los que más tienen y nada pagan los que reciben el resultado de algunas políticas sociales.
Se ha salarizado la pobreza y de esa manera, lo que se garantiza, es que los pobres sigan siendo pobres. Porque la única forma de que dejen de serlo es con educación y con trabajo. Y allí, no se ha hecho nada. Es más, creo que se le ha faltado el respeto al trabajo y se ha erosionado la dignidad que da el trabajo, con estos planes que el gobierno desarrolla para mantener, creo que con poco éxito al final, una supuesta clientela electoral.
A ese modelo, que responde a la concepción histórica de la izquierda de que el que tiene más no es bien visto, se le va a contraponer el modelo del Partido Nacional que tiene como base emparejar hacia arriba. Es decir, premiar el éxito, alegrarse por el progreso personal y colectivo incluyendo y sin dejar a nadie en el camino. Tratando de tirar para arriba a los que el Estado tiene que ayudar para que se superen, pero dejando crecer todo lo que quieran y puedan crecer, a partir de su transpiración y su talento, a quienes quieran hacerlo. Creo que es el tema de esta elección.

¿No es una discusión demasiado intelectual, filosófica, si se quiere hasta académica, para que sea el debate que a nivel popular defina las elecciones?

Lo que ocurre que es que después esto tiene una traducción política que deben hacer los líderes y comunicadores. No tenemos por qué dar este debate en los actos. Pero lo que subyace al debate es la confrontación de los dos modelos y los resultados de la aplicación de los mismos. Y mucha gente que probó al Frente Amplio porque creyó que había muchas cosas que iban a cambiar definitivamente, está de vuelta. Muchas de esas personas están molestas porque se sienten engañadas. Creo que con eso el Partido Nacional va a ganar la elección. Con los blancos y con todos aquellos que vuelven a confiar en el Partido Nacional como una alternativa seria para gobernar el país.
En cuanto a cómo se hace al mismo tiempo para construir puentes. Yo creo que los puentes no son ideológicos. Los construyen las personas. Para construir puentes se necesitan liderazgos claros, que sean capaces de articular, de dialogar, que estén ubicados en un punto del espectro que les permita reunir a todos los sectores. Pero sobre todo, que el convocante no sea rechazado por los convocados. Se requieren liderazgos aptos para cumplir con esa tarea.

¿Cómo se compatibilizan los mensajes y apelaciones destinadas a ganar las elecciones internas, con la prédica inmediatamente posterior dirigida a conquistar voluntades con vistas a las elecciones nacionales?

Es un eterno dilema para el Partido Nacional que es el único que tiene auténticas internas. Por lo tanto, durante muchos meses tiene que poner el foco en aquellos que se sienten parte de la colectividad, para que decidan quién va a ser el candidato. Pero esos tienen que elegir un candidato que, además de dejar contentos a los propios, sea capaz de captar a los ajenos. Es imprescindible dejar las puertas abiertas para el capítulo que sigue, que es el que importa: ganar la elección nacional.
Por otra parte, creo que el Partido Nacional tiene una interna dibujada para el objetivo. Necesitábamos lo que tenemos: una interna competitiva, entonada, en la que nadie esté dispuesto a perjudicar la unidad partidaria que es un patrimonio recuperado en este último tiempo y que los blancos de a pie nos exigen preservar. Además tenemos una interna en la que todos están motivados para trabajar. Eso es muy bueno, porque votar bien en la interna, cada candidato, pero el partido en su conjunto, es una de las claves para ganar la elección. Junio es el lanzamiento de la campaña nacional. Y tener un punto de partida exitoso en materia electoral, por la convocatoria, es muy importante. El partido tiene una interna lindísima en ese sentido. Se van a confrontar dos liderazgos diferentes, se van a confrontar legítimamente propuestas e ideas, pero los aparatos y las organizaciones electorales van a trabajar a tiempo completo. Eso moviliza al partido, lo dinamiza, lo entusiasma, le da ilusión, alegría. Todo eso es parte del camino hacia octubre, que tiene que terminar en noviembre con el balotaje. Creo que estamos en el buen camino. La interna manejada por dirigentes con experiencia, como tenemos al frente de los movimientos que hoy disputan las candidaturas, va a ser parte de la victoria en lo nacional.

¿Mensajes como la reciente reunión del Dr. Larrañaga con el Senador Mujica cree pueden resultar confusos para el electorado blanco?

Yo no se si confuso. A algunos blancos puede resultarle llamativo y hasta no simpático reunirse con un adversario del calibre y de la distancia ideológica que tiene el senador Mujica. Pero al mismo tiempo hemos recogido muchísimas opiniones favorables, porque si no se logran construir esos puentes no se va a hacer gobernable el país. Sin mayorías, un país dividido a la mitad, la gente pagará el pato porque el partido no podrá hacer lo que se propone. Tiene que haber puentes para concertar acciones positivas y concretas. Y me parece que Larrañaga está demostrando tener esa capacidad, de llegar a un líder muy diferente, pero con el que puede dialogar. Es un mensaje que los uruguayos tenemos que valorar..

 

Boletín  Electrónico de La Democracia digital

Gratuito

 

La Democracia impresa

Consulte condiciones