Documentos 12/03/10 - Nº 64

Con el corazón ligero

"Lo difícil, a veces angustioso, es elegir el camino. Pero después de hacerlo,

todo se vuelve fácil, y podemos recorrerlo con el corazón ligero."

El próximo lunes 15 de marzo se cumple un nuevo aniversario de la muerte de Wilson. El momento, las circunstancias, hacen muy oportuno la relectura del un editorial que escribió en La Democracia en momentos particularmente difíciles. Fue un 31 de julio de 1987, conociendo ya la gravedad de su enfermedad y a punto de partir hacia Estados Unidos donde recibiría el diagnóstico definitivo.
Contiene algunas referencias que tal vez no sean de fácil decodificación para los más jóvenes, para quienes no conocen o no vivieron las peripecias del partido en aquellos primeros años pos dictadura.
No obstante, este editorial de Wilson, sigue marcando rumbos y despertando emociones, porque está lleno de vida, de energías positivas, de futuro. Así nos gusta recordarlo.
 

HASTA LUEGO

“En su edición anterior, y nada menos que en la tapa, nuestros lectores recibieron la promesa de que yo escribiría el editorial de hoy. Y voy a cumplirla cuando faltan pocos minutos para emprender un viaje, aunque me cueste un poco más que de costumbre, porque lo había prometido y porque no encuentro mejor modo de asociarme a la alegría de ver como, contra viento y marea y a pesar de todos los pesares, LA DEMOCRACIA inicia su séptimo año de vida.
Se trata, realmente, de un feliz aniversario, porque miramos hacia atrás y sólo encontramos motivos de orgullo: podemos decirlo sin pecar de vanidosos.

Durante los tristes tiempos de la dictadura, no la combatimos con más valor o mayor empeño que los otros uruguayos cabales que la enfrentaron desde todos los sectores de la opinión nacional, pero tampoco nadie nos aventajó en un solo paso. No hay en LA DEMOCRACIA director. Redactor o colaborador alguno que no ostente con orgullo el galardón de la cárcel o la arbitrariedad. Y fue merced a su entrega generosa y a la admirable fidelidad de sus lectores que el semanario superó clausura tras clausura y persecución tras persecución, capeó la ruina económica, y es hoy el semanario con más larga vida en la historia de la República.
Cuando, luego, la historia y la gente señalaron que las horas de la tiranía se habían terminado, fuimos los únicos en expresar –los únicos, si, ¿por qué no decirlo si todos saben que es verdad?, que el país estaba por pagar precio demasiado alto por lo que ya nada valía, y en denunciar los riesgos que para la deseada afirmación institucional suponían las concesiones expresas o tácitas contenidas en los pactos, prepactos, acuerdos y preacuerdos concertados a espaldas de la Nación y –quizás por eso y para eso- prescindiendo deliberadamente de su fuerza política mayor y de más larga historia. Fuimos los únicos, afirmamos, pero no pensando en éste nuestro semanario, sino en el Partido Nacional, portavoz entonces, como siempre, de la conciencia de la nación.
Cuando finalizó el restringido proceso electoral, fuimos también los primeros en ponernos al servicio de la institucionalidad recuperada y comprometernos a su defensa. Pudimos no haberlo hecho, y de haber consultado los agravios que ardían, y ardían muy vivamente, en nuestros corazones, nuestras actitudes hubieran sido muy distintas. Pero no hubieran sido dignas de buenos uruguayos, y por lo tanto tampoco dignas de buenos blancos. En eso estamos y seguiremos estando: colaborando en todo lo que al país le sirva, yb tratando de evitar, si es que podemos, que ocurra o se haga aquello que le cause daños o mate esperanzas.
No siempre ha sido fácil hacerlo comprender. A veces, la tarea llegó a parecer imposible, tanto fuera como dentro de nuestras propias filas. El partido de gobierno, o por lo menos muchos de sus responsables, incurrieron repetidamente en el error de confundir patriotismo con debilidad. Y entre nuestros compañeros, no fueron pocos los que no supieron impedir que una impaciencia muchas veces generosa alterara la serenidad de su juicio.

Lo difícil, a veces angustioso, es elegir el camino. Pero después de hacerlo, todo se vuelve fácil, y podemos recorrerlo con el corazón ligero. Tenemos la seguridad de haber asumido, ¡no las culpas, válgame Dios!, pero si una realidad que otros crearon e impusieron. Y sabemos también, como todos, absolutamente todos, que así ayudamos a la República a salvar un duro trance, impidiendo la posibilidad, que era certeza., de vivir nuevamente horas que no deberán repetirse nunca más. Y si algún día, para juzgar cómo ha incidido LA DEMOCRACIA en la suerte del país, hubiera que elegir un único hecho, un solo episodio para poner en la balanza, no vacilaríamos en elegir esto a que venimos aludiendo, porque fue lo más difícil, lo más generoso y lo menos teñido de pasado y más cargado de futuro.

Nuestra tarea, ahora, es asegurar el indispensable triunfo electoral del Partido Nacional en las próximas elecciones. Para nada serviría obtenerlo en razón de los errores del adversario, y resultaría indecoroso si para lograrlo apuntáramos a la infelicidad de la República y de su gente. La única victoria que vale la pena es la que se consigue embarcando al país entero en una enorme y arrolladora ola de esperanza compartida. No avivando enconos, sino alumbrando alegrías. En todos, aun entre quienes pudieran creer que han sido derrotados.
Quien sepa algo de la tan desconocida historia de esta tierra, sabe también que ésta es y ha sido siempre la tarea del Partido Nacional.
Desde luego, no podrá cumplirla sin una unidad indispensable para obtener la victoria, pero después y sobre todo, para poderla usar. Un partido dividido puede ganar una elección, pero no valdría la pena porque no podría si sabría gobernar.
Afortunadamente, el Partido Nacional es hoy una columna sólidamente unida en sus bases, sus militantes, sus millares y millares de blancos tan anónimos como de ley; lo que a veces afloran sin discrepancias, las más de las veces personales, entre algunos dirigentes de variada significación, pero no hay que exagerar su trascendencia ni su incidencia real en la vida y el funcionamiento de la colectividad.
En las columnas de este semanario no se ha escrito ni se escribirá jamás ataque alguno dirigido directa o indirectamente contra compañeros nacionalistas, cualquiera sea el sector en que militen. Nuestros adversarios andan por otro lado, y no los tenemos ni los queremos tener dentro del Partido Nacional.

LA DEMOCRACIA inicia éste su séptimo año de vida con un nuevo rostro. Trataremos de reflejar también en sus páginas interiores, todo lo que de imaginación, empuje, optimismo y cordialidad los blancos y el país entero están reclamando. Por lo menos, pondremos empeño en conseguirlo.
Y una cosa sí sabemos: que así como en el Uruguay hay blancos desde hace ciento cincuenta años y los seguirá habiendo por mucho más tiempo que ese, serán también innúmeros los aniversarios que celebrará LA DEMOCRACIA, gracias a la multitud de sus lectores.
A ellos, por toda la solidaridad y el cariño que nos han hecho llegar siempre, nuestra gratitud y un abrazo de todo corazón.
Hasta pronto, si Dios quiere.”

W.F.A.

 

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