Columnistas 27/08/10 - Nº 76

El Partido y la Sociedad

 

Resulta un poco desconcertante que el Partido Nacional se interpele a sí mismo por su derrota en las últimas elecciones nacionales, si tomamos en cuenta que, históricamente, los triunfos de la colectividad blanca han sido la excepción a la regla.

Desde principios del siglo pasado, al paternalismo batllista (el de don José Batlle primero y el de Luis Batlle después) no había con qué darle.

Coincidiendo con la implosión del marxismo y otros cambios que sacudieron al mundo entero, en nuestra comarca, la izquierda inauguró la era del neo paternalismo frenteamplista y desplazó de la escena al Partido Colorado que parecía tener el monopolio de la conducción del estado.

Salvo mejor opinión de analistas más calificados, creo que no tiene sentido preguntarse por qué perdimos y tampoco cómo hacemos para ganar; porque corremos el riesgo de terminar pidiendo prestada la receta que tanto éxito le ha dado al Frente Amplio (y antes al Partido Colorado). Receta que el Partido Nacional jamás podrá poner en práctica eficiente y exitosamente sin dejar de reconocerse a sí mismo.

El Partido Nacional representa un conjunto de valores y principios que, reconozcámoslo, al grueso de la sociedad actualmente le preocupan bastante poco. Por ejemplo, la libertad, en todas sus dimensiones, sólo pasa a ser un valor deseable cuando se ha perdido del todo. Y tampoco es así para toda la sociedad.

No olvidemos que el pre golpe militar del 9 de febrero de 1973 fue festejado por mucha gente de “izquierda”.Y antes de eso, gran parte de la sociedad creía que el remedio de nuestros males era “una mano fuerte” e incluso un golpe de Estado.

El hecho de que en 1968 la mayoría de los uruguayos haya optado por un militar (el Gral. Gestido) como presidente, dice mucho. Y no es menos significativo que en 1971 el Frente Amplio se haya aglutinado en torno a la figura de otro militar (el Gral. Seregni), notorio simpatizante de la dictadura peruana del Gral. Velasco Alvarado.

En 1980, el pueblo derrotó a la dictadura en un plebiscito constitucional. Pero no ganamos 10 a 0: apenas 6 a 4. O sea, un 40% de los electores apoyaron a la dictadura que se había instalado en el país siete años atrás. No es poca cosa.

La Libertad, la Ley, la Democracia Representativa, El estado de Derecho, son la histórica razón de ser del Partido Nacional. Pero, lamentablemente, no son los valores que discute la gente. La desconexión del Partido con los valores actuales de nuestra cambiante sociedad parece ser el gran problema.

Entonces, la cuestión sería cómo hacemos para predicar (con éxito) los principios del Partido Nacional a una sociedad preocupada por la seguridad y la supervivencia y cuyos verdaderos valores ni siquiera conocemos bien.

El diálogo con la sociedad es imprescindible. Primero con la dirigencia media. Después con la militancia. Y a través de ella, con la sociedad toda.

Las decisiones recientemente adoptadas por el Partido Nacional parecen estar bien encaminadas en tal sentido. Pero, ¿dialogar con la gente para qué? ¿Para aprender cuáles son los lugares comunes, las promesas facilongas o directamente las mentiras que tenemos que decir para que nos quieran y nos voten?

No. El Partido Nacional tiene que encabezar la gran cruzada por la reivindicación de los valores fundamentales. Y si no consigue implantarlos, entonces no vale la pena ganar. 
  

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