Editorial 9/12/11 - Nº 106                           

Jorge  Bartesaghi

¿Cuánto hemos logrado?

El mes de diciembre siempre es propicio para balances de todo tipo, y en especial para el análisis de nuestra propia gestión, la de aquellos colectivos que nos interesan y muy especialmente la del país entero que, en buena parte, no es otra cosa que el reflejo y la consecuencia de la acción gubernamental.

Y este no puede ser distinto, a pesar de la tentación de crítica que de por sí provocan ciertas actitudes recientes del señor Presidente, como el uso público de la chaqueta militar bolivariana, o las declaraciones inadmisibles del Secretario de la Presidencia justificando pretensiones indebidas del diario “La República”, las que nunca debió haber hecho porque, además de su evidente antijuridicidad, se lo impedían razones éticas atento al grado de involucramiento que tiene.

De todo ello mucho se ha escrito y poco agregaríamos a los serios y unánimes cuestionamientos lanzados desde todos los ángulos del espectro político nacional, incluso desde algunos insertos en la coalición de gobierno.

Por tanto, olvidándonos de algunos hechos políticos recientes, importantes pero circunstanciales, preferimos dedicar este último editorial del año al análisis mas objetivo sobre la situación actual de aquellos temas que la ciudadanía unánimemente ha reconocido como trascendentes.

Nos importa saber cómo se ha comportado el gobierno en relación a los mismos, cuál ha sido el resultado de su gestión, en suma cuánto hay que imputar al debe y al haber en seguridad, salud, relaciones internacionales y, fundamentalmente, en educación.

Lamentablemente es inevitable concluir, aún bajo el manto de paz y esperanza que provocan estas fiestas, que los resultados en general no han sido buenos, que las expectativas y buenos propósitos han sido defraudados, y, en algún caso en especial como la educación éstos han sido directamente catastróficos.

Pacíficamente podemos admitir que en materia de seguridad los resultados no han acompañado lo que entendemos son buenas intenciones del gobierno en general y del ministro en particular.

Los intentos e innovaciones introducidas no resultan suficientes para parar y hacer retroceder una ola incontenible delictiva, con especial agravamiento en los índices de violencia.

Entendemos la multi causalidad del problema, y sus dificultades para resolverlas. Pero ello jamás podrá justificar el fracaso en el cumplimiento de su obligación primera que no es otra que salvaguardar el orden y la paz pública.

El gobierno aceptó solo parcialmente las soluciones propuestas desde el Partido Nacional. Quiso imponer su propio estilo y el resultado ha sido un gran fracaso. Sobre el punto imputamos muy poco al haber, casi todo al debe.

Nada diferente es la salud. Nadie se atrevería a afirmar que ha mejorado la calidad de los servicios que recibe la ciudadanía.

Bajo un rótulo pomposo, Sistema Nacional Integrado de Salud, que presupone o induce a suponer esquemas igualitarios y de equidad, se mezclan, barajan y reparten nuevamente usuarios y prestadores de salud, intentando promocionar el hecho de que se han incorporado al sistema tantos miles de personas que uno imaginaba desprotegidas de toda cobertura. Eso no es ni fue así. Nadie en este país estaba huérfano de protección sanitaria pues todos tenían derecho a ella contra la simple presentación de un carnet que expedía el estado, sin exigencias especiales de ninguna naturaleza.

Lo cierto es que sobre el punto ninguna mejoría se advierte a nivel de calidad, y lo que es peor, sí se nota el desmejoramiento y en algún caso desmantelamiento de servicios que otrora fueron buenos.

En cuanto a relaciones internacionales no hemos visto incorporar profesionalización en el manejo, ni definiciones estratégicas como las que anteriormente hemos reclamado. Continúa el voluntarismo y el equivocado concepto de imaginar que simpatías ideológicas resuelven problemas estructurales de la nación.

Ninguna de las actitudes adoptadas han resultado de prestigio para el país, ni en consonancia con lo que fue su tradición de apego absoluto a principios de no intervención y libre determinación, y su natural consecuencia: el manejo de nuestras relaciones comerciales con total independencia de afinidades ideológicas.

Todo esto, de por sí importante y merecedor de nuestra atención, se opaca frente a la gravedad del déficit que exhibe el gobierno en su gestión de la enseñanza.

Admitido como lo está que este es el tema de mayor importancia que tiene el país, y por ende el gobierno, sus resultados han sido deficientes. Fue necesaria la definida intervención del Partido Nacional, con el especial énfasis, emplazamiento y exigencias que impuso el Dr. Larrañaga, para que el gobierno asumiera la necesidad de enfrentar definiciones que postergaba, seguramente para evitar enfrentamientos con corporativismos gremiales.

Los recientes episodios de desacato flagrante, de oposición al plan aprobado por el Codicen, y de inconcientes amenazas de paralización de cursos promovidos por el gremio de profesores de Enseñanza Secundaria permiten de por sí imaginar el grado de deterioro que exhiben algunos de los pilares de la educación pública, y las tremendas dificultades que deberemos enfrentar para superarlas.

El gobierno no puede con los corporativismos, en especial los gremiales.

Y no puede porque es hijo de los mismos, porque éstos son parte también de su estructura política, y por que en el fondo todo el tema se reduce a una lucha por el poder.

Poco les interesa la enseñanza en sí misma. Importa fundamentalmente por el poder que representa y por las posibilidades de poder que supone.

En suma su gestión en el tema tiene diagnóstico deficiente, terapia inadecuada, y, lamentablemente, un pronóstico más deficiente aún.

De todas formas el espíritu navideño que nos anima impone ser optimistas por naturaleza. Con ese ánimo deseamos fervientemente que pueda el gobierno revertir estos pronósticos, pues sólo la educación nos dará un mejor y más justo futuro para nuestros hijos.

Felices fiestas a todos. 

 Jorge Bartesaghi 

 

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