Editorial 3/8/12 - Nº 119                               

Dr. Jorge T. Bartesaghi

Al garete

El 12 de marzo de 2010, en nuestro editorial titulado “La Fuerza de la Sencillez” referido al discurso de asunción presidencial de José Mujica, donde nos congratulábamos por el tono y enfoque del mismo, decíamos también:


“Pero no seríamos honestos con nosotros mismos si, además de mostrar nuestra satisfacción por su discurso y por lo que él nos permite imaginar, no hablamos de nuestra preocupación por las reales posibilidades de éxito de su gestión presidencial”.


“No dudamos de sus buenas intenciones, tampoco de su capacidad y menos aún de su habilidad política probada en muchas batallas.


Pero dudamos sí de los voluntarismos a que apela, del simplismo de “ciertas soluciones”, de su temperamento y carácter poco proclives a escuchar ciertas críticas o posiciones discordantes (y lo comprendo perfectamente) sobre todo cuando provienen de grupos o personas no especialmente capacitados para ello”.


“Nos preocupa que pueda no tolerar las inevitables tensiones y presiones generadas por la acción gubernativa, sobre todo las provenientes de parte de su propia fuerza política y también las del sector sindical, con quienes, para cumplir con lo dicho en su discurso tendrá inexorablemente muy duros enfrentamientos”.
“No menor preocupación nos causa que el presidente pretenda continuar con su tradicional audición radial, aunque sea con otra frecuencia e incluso bajo distintas formas”.


“No nos olvidamos aquello de que cuando un presidente bosteza esta gobernando. Por ende cuando José Mujica hable por radio, sus palabras deberán ser necesariamente interpretadas como la posición oficial del gobierno. Y no se necesita ser demasiado creativo para imaginar la peligrosidad que supone, para sí mismo y para el país entero, escuchar, un par de veces a la semana, al presidente Mujica armado de un micrófono con cobertura en todo el territorio nacional”.


“Cierto que ese mismo micrófono fue el arma más efectiva que empuñaron sus manos en su carrera política, la que mayores dividendos le produjo. Pero hoy, como presidente de la república, y teniendo en cuenta su reconocida incontinencia verbal unida a cierta intemperancia y rapidez de respuesta, esa misma arma puede causar estragos incalculables.”


Hoy, trascurrida ya la mitad de su mandato, constatamos que nuestras preocupaciones eran reales, y sus efectos están a la vista.
El país, a pesar de estar blindado (felizmente) por una bonanza de causas exógenas, parece navegar “al garete”, sin rumbo ni destino predecible, al impulso de los diferentes vientos generados por la imprevisión.


En lo interno porque muchas de las preocupaciones que aludíamos en nuestro artículo han hecho eclosión generando una verdadera crispación en el ambiente político, tanto dentro como fuera del gobierno. Así, el frustrante fracaso del acuerdo educativo víctima de un corporativismo gremial que ha doblegado al gobierno, la frase de “lo político por encima de lo jurídico” creando inadmisibles dudas sobre la estabilidad institucional, la pretensión de la senadora Topolansky de ideologizar determinado porcentaje de las fuerzas armadas, o la estruendosa liquidación de Pluna S.A. con imposiciones de secretos y bloqueos de investigaciones parlamentarias son sólo algunos ejemplos, los últimos, de un devenir sin rumbo que mucho nos preocupa.


Pero es en la política exterior donde se evidencia no sólo falta de profesionalidad, sobre la que también hemos advertido, sino un descuido de la imagen y la dignidad nacional que nos humilla y averguenza.


Más allá de realidades geopolíticas que no desconocemos, este gobierno, y en especial el presidente, ha adoptado posturas sumisas en relación a desplantes y veleidades sin fundamento del “gobierno kirchnerista”, que para nada se compadecen con el mas elemental y sano orgullo nacional.


Hemos debido tolerar exabruptos de todo tipo, decisiones unilaterales violatorias de acuerdos comerciales, cierre de puentes internacionales, prohibiciones de divulgar resultados de análisis sobre medio ambiente, obstaculización jurídica y práctica sobre el dragado del Canal Martín García, actitudes y “chantajes” intolerables del Canciller Timerman, y hasta la vergüenza de ver a nuestro presidente ingresar a una Cumbre con determinada postura acordada, e incluso publicitada por la Cancillería, y salir de ella habiendo votado todo lo contrario.


Y a pesar de que el presidente nos diga que su táctica es tragarse “sapos y culebras” para nada admitimos esa actitud. Los “sapos y culebras” los traga el presidente y con él cada uno de los uruguayos que sentimos se nos atraganta nuestra dignidad. Y que además, y por si fuera poco, de nada nos sirve, pues los resultados están a la vista.


El país, geopolíticamente concebido como estratégico para la salida de la producción de una enorme región, gracias a la mezquindad del gobierno kirchnerista no puede beneficiarse de la frustrada hidrovía, ni de los enormes beneficios que generaría el dragado de su canal, y gracias a sus omisiones propias no cuenta hoy con la imprescindible conectividad aérea y tampoco con la prometida red ferroviaria, tema sobre el que mucho ha hablado este gobierno y nada ha podido hacer.


Tampoco avanzamos en el ansiado puerto de aguas profundas por lo que la esperanza de lograr un acelerado desarrollo en función de nuestra ubicación estratégica se diluye, y lo que es más grave, se desaprovechan las condiciones favorables actuales, que quizás no vuelvan a darse en años.


Mientras tanto la nave, todos nosotros, sigue a la espera de un rumbo y un timonel que nos aleje de los riesgos de vientos desfavorables y nos lleve a puerto seguro.
    Jorge Bartesaghi

 Jorge Bartesaghi 

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