Editorial 17/8/12 - Nº 120                             

Dr. Jorge T. Bartesaghi

¿Hasta cuándo Catilina?

Cuando Cicerón increpaba al rebelde ante el Senado Romano con su memorable “¿Quosque tandem, Catilina, abutere patientia nostra?”, seguramente no imaginó que su frase perduraría milenios, y quizás tampoco, que hoy seguiría tan vigente como entonces.


Al continuar leyendo el inolvidable discurso también nosotros nos sorprendemos de su vigencia.


“¿Por cuánto tiempo se va a burlar de nosotros ese delirio tuyo? ¿Cuando dejarás de enrostrarnos esa tu desenfrenada audacia?”.


Pensamos entonces: ¿cuántos Catilinas nos presenta nuestro actual entorno nacional e internacional? Sin duda que son varios quienes puedan considerarse destinatarios de los juicios duros, certeros y contundentes que pronunciare Cicerón.


Preferimos no caer en el simplismo de individualizar una persona para responsabilizarla de los sufrimientos que sus actitudes imponen al país. La complejidad de la vida moderna y su organización política hacen que la gestión corresponda a un colectivo, más allá de la importancia y el peso diferencial que algunos actores tengan dentro de él.


En suma, no hay un solo Catilina al que podamos endilgarle el abuso sobre nuestra paciencia. No sería justo que simplificáramos responsabilizando exclusivamente al presidente de los males que por la gestión del gobierno se imponen a la sociedad toda.


Y tampoco considerar al gobierno en su representación actual como el único responsable de una deficiente gestión.


Es mucho más amplio que eso. Nuestro Catilina actual, el que abusa de nuestra paciencia, el que delira, el que nos enrostra una desenfrenada audacia es, ni más ni menos, todo el sustrato político que sostiene el gobierno, el que impone sus postulados y sus ideologías -muchas, diferentes y a veces contradictorias-, en suma, el Frente Amplio.


Es el Frente Amplio quien ha demostrado una absoluta y especial incapacidad para gobernar. Quien no puede resolver los problemas de seguridad porque no puede ponerse de acuerdo ni en sus grandes lineamientos ni en el uso de los instrumentos o los procedimientos adecuados.


Quien tampoco puede llevar adelante las imprescindibles reformas educativas, por todos promovidas y por todos acordadas, porque no puede doblegar un fuerte corporativismo gremial, que además, integra también sus propias estructuras políticas.


Un Frente Amplio que lleva adelante políticas sociales, necesarias y quizás imprescindibles, sin contrapartidas ni exigencias, acostumbrando a la gente al asistencialismo y a la dependencia, en lugar de trasmitir la dignidad que emana del esfuerzo y del trabajo.
Muchas son las carencias que exibe nuestro Catilina de hoy, pero ninguna tan grande ni evidente como su falta de definición de país, y de visión estratégica de nuestro posicionamiento y relacionamiento en el plano internacional.


La improvisación de la que ha hecho gala el gobierno en el manejo de las relaciones internacionales es verdaderamente sorprendente.
Su falta de profesionalidad, sus procedimientos que más se asimilan al que se corresponde con una “amistad de boliche” que a la elemental formalidad y seriedad que requiere el tratamiento de temas entre Estados, los cambios de opinión en plena Cumbre Mercosuriana, (coincidentes con aquello de “como te digo una cosa te digo la otra”), son todos elementos por demás suficientes para evidenciar la falta de capacidad de gestión del gobierno, y por ende del Frente Amplio.


No es menos sorprendente el estilo de comunicación que hoy se utiliza. Baste recordar la reciente, y aparentemente atinada decisión de Presidencia de la República, de evitar todo cotejo mediático en nuestras relaciones con la República Argentina, debiendo manejarse estas exclusivamente por los carriles oficiales formales. Cuando esta decisión días pasados fuere dada a conocimiento público por el Pro-secretario de la Presidencia, increíblemente se incurre en el mismo procedimiento que se busca evitar, señalando que el Canciller Timmerman es una persona a quien no se le otorgaría el premio a la prudencia.


Mas allá de que es cierta tal aseveración, constituye un agravio inútil, realizado en el momento en que se resuelve no incurrir en ellos. Francamente absurdo. Obviamente el pro-secretario tampoco será distinguido con ese premio.


Todas estas ineficiencias, enunciadas solo a vía de ejemplo, evidencian la ya denunciada incapacidad de gestión del gobierno. Y este déficit no puede endilgársele a título personal a quienes puntualmente ejercitan hoy la función. Lamentablemente, pues de ser así todo se resolvería con un simple cambio de personas.
El problema es mayor y más grave. Es estructural. Es el propio Frente Amplio con su concepción dicotómica, múltiple y muchas veces contradictoria, sus ideologías diferentes e intereses encontrados, quien genera esa incapacidad de gestión.


Los legítimos intereses de la nación, e incluso los derechos de las generaciones futuras, no pueden verse afectados por la incapacidad de quienes hoy, transitoriamente, detentan el gobierno del país.


Es imprescindible que se nutra de la experiencia de quienes han forjado nuestra realidad a través de más de siglo y medio.- Seguramente de esa forma todo sería un poco mejor, y evitaríamos se le viere, por su suficiencia, arrogancia, delirio y desenfrenada audacia, como un nuevo Catilina que no cesa de abusar de nuestra paciencia.
    Jorge Bartesaghi

 Jorge Bartesaghi 

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