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Editorial 27/08/10 - Nº 76 |
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Buen comienzoEl pasado sábado 21 dio comienzo la tan reclamada instancia de reflexión partidaria, o de autocrítica según guste llamársele, sobre los magros resultados electorales logrados por nuestro Partido Nacional en las elecciones del 2009. Sesenta y dos dirigentes de los setenta y pico invitados se hicieron presentes en el complejo “Los Teros de Melilla” y, en el adecuado ambiente de reserva que imponen las puertas cerradas, expusieron y confrontaron evidencias y conclusiones decantadas en estos largos diez meses transcurridos. No tenemos al momento otra información que las que nos expresaran compañeros presentes y la general brindada a los medios de prensa. Todas han sido contestes en afirmar que se desarrolló en un clima amistoso y de absoluto respeto, evitando personalizaciones y señalamiento de responsabilidades. Que las imprescindibles referencias a hechos del pasado no pretendieron fundamentar acusaciones ni encontrar culpables, sino tan sólo servir de base a posiciones de futuro. Aplaudimos abiertamente la decisión del Honorable Directorio de iniciar este proceso reflexivo o de autocrítica, así como el marco acordado para su desarrollo. Ya lo dijimos en anterior editorial. Pero dijimos también que sólo lo entendíamos como un principio, el comienzo de un amplio debate participativo que deberá darse en todos los foros partidarios. No dudamos de la importancia de un diagnóstico correcto. Sólo bregamos porque la terapia aplicada sea la adecuada para la rápida y definitiva curación del paciente. Seguramente no ha sido difícil ubicar el nudo gordiano, causa eficiente principal de aquel resultado electoral. Todos sabemos que no es otro que la desconexión total del partido con sectores del electorado, muy importantes del punto de vista cuantitativo, cuya ubicación demográfica, nivel socio-económico y cultural están perfectamente definidos. Tampoco habrá sido difícil concordar que las causas principales de esta desconexión se encuentran en como se visualiza la postura del partido en relación a ciertos temas que son de interés prioritario para esos sectores, y en la inadecuada o insuficiente comunicación con los mismos. Y menos aún admitir que sin una acción proselitista efectiva que logre conquistar una buena parte de esa importante masa del electorado será imposible acceder al gobierno de la República. Todo esto es tan sencillo como estar de acuerdo en que dos más dos siempre da cuatro. El problema empieza cuando debemos resolver cual es el remedio adecuado para estos males. Y no alcanza solamente con establecer que debemos acordar objetivos, agendas e instrumentación, ni tampoco proclamar la modificación de nuestros programas de gobierno acercándolos a una línea que priorice la atención social. Nada de eso será visualizado por el sector de electorado al que queremos recuperar si no se logra una renovación integral del partido, de entidad y sustancia tal que se evidencie por sí sola, que permita una comunicación natural, fluida, no forzada. Y no se trata de simplificar el término renovación en un mero recambio de nombres. El Partido necesita de una renovación integral que imponga un cambio sustancial en su relacionamiento con la gente, en la forma de acercarse, y, fundamentalmente, que lo dote de un contenido que lo haga atractivo para la ciudadanía. Especialmente para ese sector al que hoy no logra motivar porque en su imaginario ha edificado una barrera entre lo que el Partido postula y sus reales necesidades e intereses.- Necesita imprescindiblemente renovarse incorporando efectiva y activamente a la juventud, pues sólo ella aportará la savia refrescante y vital, y porque sin ella será muy difícil llevar a la práctica el trabajo personal con la gente, y la integración con todas las fuerzas vivas del país, sean estas institucionalizadas o no. Necesitamos también modificar las actuales estructuras partidarias, demasiado cerradas al punto que impiden les permeen los requerimientos y necesidades de la gente. No nos referimos a las estructuras institucionales sino a las reales, aquellas que construidas en los hechos encierran a los dirigentes en un submundo que les aísla de la realidad. Tampoco debemos caer en la tentación de creer que una importante comunicación a través de medios de expresión masivos podrá resolvernos el problema de desconexión que padecemos. Sin desconocer la relevancia que un marketing político inteligente y adecuado tiene, nunca puede sustituir el contacto personal con el ciudadano. Menos aún en aquellos que por pertenecer a un sector socio-cultural de menor integración, más postergado, no se sienten destinatarios directos del mensaje. La renovación del Partido pasará imprescindiblemente por el contacto directo y permanente con el ciudadano que pretendamos conquistar. La militancia de todos, pero especialmente de los dirigentes no debe conocer tregua en su intensidad, y menos aún en su carácter de acción continuada y permanente. Las elecciones municipales de mayo nos han demostrado que por allí va el camino. Cuando hubo contacto entre el candidato y la gente la respuesta fue muy diferente a las elecciones de octubre. Creemos que la reunión de Los Teros ha sido un buen comienzo en esta etapa de reflexión y, por qué no, un buen principio de renovación. Pero como ya lo dijimos, debe continuar y extenderse a todos los rincones del país. De no ser así corremos el riesgo de que se convierta en un fraude a la masa nacionalista que recordará su nombre más por la alegoría que por la realidad. Habrá sido solo un grito que sirva para esconder el nidal que se esconde en otro lugar. |
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